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10.6.19

¿Con Podemos o sin Podemos? Todos lo tienen muy claro

La única posibilidad de que en España haya una reforma en profundidad de nuestro sistema económico, social, laboral, de reparto, de modernidad, de territorialidad asentada y de respeto en Europa es la que configura en estos momentos el poder y contrapoder de un PSOE y un Podemos trabajando en la misma dirección. Pero nadie quiere esa posibilidad.

Poner adjetivos distintos a esta confluencia de labores compartidas por España es un ejemplo torticero de que si no interesa a una parte enorme de los poderes económicos es por algo que sin duda beneficia a la otra parte.

Ni las luchas bélicas, ni las de Clase o las religiosas son en el siglo XXI iguales a las que se daban en el siglo XX, por eso y por la capacidad de preparar trampas dialécticas y manipuladoras, el sistema de defensa de la izquierda debe ser diferente. 

Y por eso mismo también, que haya organizaciones políticas que se crean las dueñas de una parte ideológica de la sociedad es un claro error temporal que se convierte en peligroso por lo que deja de realizar por el bien de nuestra sociedad, que necesita soluciones de futuro.

España necesita salir de “su” crisis perenne y abrazar la modernidad europea. Somos diferentes pero no somos inválidos. Aunque ni es fácil cambiar ni nos van a dejar hacerlo con facilidad. Sobre todo desde postulados progresistas.

Es cierto que Podemos —y sus dirigentes sobre todo— han cometido errores casi siempre de gran tamaño que ha destrozado primero las esperanzas y luego sus propias posibilidades. Y que esto, unido a una excelente propaganda contra ellos —y digo excelente por haber fructificado— ha logrado no solo sembrar de dudas su apoyo a un futuro necesario, sino a un presente lógico. Dudas que el propio PSOE sabe amplificar.

Pero España con un Gobierno en 2019 muy débil, muy minoritario, sujetado a esos apoyos puntuales que le puedan prestar los que aspiran a seguir creciendo a costa de todos los demás, es como poco peligroso. 

Y no es tanto que con 123 Diputados no se pueda gobernar, sino que al existir tan variado número de opositores, las zancadillas pueden venir desde diferentes colores y siempre golpes tácticos, que no buscarán los mejor para España sino lo mejor para sus posibilidades de tener poder.

Si en la legislatura que se inicia no se cuenta con un número cercano al de 175 Diputados afines al Gobierno, no podrá acabar la Legislatura y eso supone debilidad para España.