La vieja política ha contagiado a la nueva política

Las formas de la vieja política se ha ido apoderando poco a poco de la nueva política que solo sabe adoptar sistemas y procesos rígidos y viejos de edad, en cuanto alcanza una estructura amplia y de poder. 

Sistemas como las jerarquías rígidas y claras, las Primarias que son un drama para todos los partidos políticos, las desafecciones internas, las constantes salidas de militantes que han alcanzado ciertos espacios de responsabilidad al no verse representados en el trabajo diario, las divisiones internas en Grupos empaquetados, rediseñar los organigramas de las organizaciones políticas adaptándolos al siglo XXI, etc.

Quien obtiene la responsabilidad en un partido político, sea del grado que sea, la guarda como algo suyo, celoso de perderla por zancadillas y se convierte en un pequeño tirano dentro de un proceso democrático y horizontal. 

La verticalidad estructural de la vieja organización se ha ido convirtiendo como algo nuevo en muchas pequeñas verticalidades que dependen de cada puesto de responsabilidad. Con casi ningún escalón y sin saber trabajar en equipos.

No parece lógico que alrededor de órganos de poder orgánico en los partidos políticos no se conformen equipos de personas que en horizontal sean capaces al menos de reflexionar. 

Si nos imaginamos una sección política de Economía o Sanidad dentro de un partido político formando una parte del mismo, solo es capaz de rodearse de un equipo muy fiel y nunca plural y sus contactos con el resto de la organización son desde los que se producen en horizontal pero por arriba con otros responsables de otras áreas.

Se buscan integrantes fieles, que no aspiran más que a obedecer, no vayan a movernos la silla. No se busca la excelencia, la pluralidad, el dar movimiento lógico de crear alternativas y sobre todo de crear equipos de relevo. 

Así que cuando alguien cae, todos los equipos se hunden, todo cambia totalmente para no cambiar nada y partiendo de la nada. No existe intercambio de experiencia pues el cambio supone siempre “todo desde cero, todo nuevo”. Ejemplos tenemos en todos los partidos políticos y en todas las ideologías.

Las Primarias son una batalla democrática que sirve para herirse pocos meses o semanas antes de someterse al examen de los votantes. 

De las Primarias siempre sale el Partido Político herido, dividido y con candidatos que hay que dar a conocer de forma rápida. Parece absurdo. Pero es real. 

Como organización política no se crean equipos con suficiente anticipación para que sean capaces de relacionarse con toda la sociedad y se intercambien información y conocimiento de la realidad. 

Con la juventud sucede algo curioso en algunos partidos políticos. Nos cuesta mucho admitirlos, dejarles entrar a puestos de responsabilidad y de trabajo, para luego querer auparlos casi de forma urgente a las instancias altas, mientras cercenamos a las personas mayores de 60 años por obsoletos cuando no por viejunos. 

Deberíamos fijarnos en otros países o en sociedades pasadas con muchos siglos de historia. Y no hablo de que los máximos cargos políticos tengan que tener 70 años, sino de que tal vez, solo tal vez, estas personas puedan transmitir “algo” a las organizaciones desde el trabajo básico y de reflexión. 

Convertir en “jarrón chino” a los mayores de 60 años es tirar a la basura su experiencia. No dejar entrar a puestos de trabajo organizativo a los jóvenes para aprender, supone quemarlos por inacción.