La única solución es lograr mejores políticos

En la misma medida en que todos nos quejamos de lo mal considerada que está la política, podemos observar como los políticos hacen muy poco para mejorarla o al menos para modificar actitudes, aptitudes e incluso modos y formas para que cambiando algo, pensemos que algo se modifica. Pero vamos a centrarnos en España, que es la que más conocemos.

Lo más habitual es que el político español sea profesional de la política. Una persona que viniendo del mundo funcionarial, de la universidad o del mundo técnico accede por diversos motivos al mundo de la política desde la base y por méritos de sus estudios y de sus apoyos a diversas causas.

Hay muy pocos político que vengan del mundo laboral como lo entendemos todos nosotros, lo que no resta nada a que sean trabajadores intensos, pero en muchos de sus casos sus méritos y crecimiento profesional no tiene nada que ver con el trabajo bien hecho para tener que ascender, con la innovación y el aprendizaje constante. Ni tampoco con las crisis de las empresas, con los despidos o las contrataciones.

Esta origen no les resta nada para ser excelentes profesionales. pero algo distintos. Su procedencia es la que es.

A partir de allí he observado ciertas dificultades para formar equipos de trabajo por los mismos motivos. Se rodean de los fieles, de los “muy” fieles, y crean diversos “grupos de trabajo” que son algo distinto a los “equipos de trabajo” con personas de las que fiarse. La principal diferencia estriba en la calidad profesional y en los deseos de crecer por encima de…

La fidelidad es un concepto que se sujeta muchas veces en el deseo claro de no querer ser más de lo que ya se es. El líder reparte y recoge. Pero no acepta NUNCA nada que no sea lo que él mismo ha ordenado, por el temor a la salida por la tangente.

El mundo de la empresa tiene herramientas muy válidas para motivar y lograr objetivos, que muy poco a poco están entrando en el mundo de la política, lo cual es muy positivo, aunque sea de forma lenta y tal vez tarde.

En la política los objetivos se miden con el rédito electoral. Los votantes son los clientes que compran el producto. Pero esto no siempre lo entienden bien desde la izquierda que a veces se preguntan los motivos de haber perdido, estando convencidos de haberlo hecho muy bien. ¿Qué es hacerlo bien? O si le damos la vuelta a la pregunta: ¿Saben tus clientes que lo has hecho bien y que tus productos son buenos y además únicos y siempre son mejores que los de tu competencia?

Los primeros que no saben respetar la política y a los políticos son los propios políticos. Y ese es un problema añadido. En la lucha política interna y externa siempre hay que batallar por ganar. De eso no hay duda. Pero mantener el respeto es básico. Los médicos no se destrozan delante de los clientes (pacientes) por demostrar que “los otros” son imbéciles y tontos. En la política retransmitida en directo para intentar tener razón se intenta destruir las razones del otro, dejando que la sociedad tenga el mensaje ya masticado y casi digerido.

La sociedad curiosamente no es tonta aunque lo cómodo y fácil es serlo y vamos creciendo los que queremos serlo. Pero de la política dependen nuestros trabajos, pensiones, la sanidad o la seguridad y sobre todo el futuro social. 

Todavía nadie en miles de años ha sido capaz de inventar algo que haga funcionar bien los países sin recurrir a la política, aunque a veces nos hagan creer que algunos gobiernos no son políticos. Así que la ÚNICA solución es intentar lograr mejores políticos.