7.10.24
Sobre historias y deseos de ser como dioses
¿Podemos pensar en algún momento en el Fin de la civilización?
Hablar del fin de la civilización suena a Ciencia Ficción, aunque a veces nos suenen trompetas muy violentas, negativas y con teorías llenas de dudas y de miedos. O incluso mucho mejor deberíamos decirnos a nosotros mismos que todas estas teorías son directamente de Ficción. Pero también es cierto, que si seguimos jugando a ser cada día más tontos, al final sonarán las Trompetas.
Creo que somos muy resilientes y aunque a veces como sociedad global parecemos tontos y torpes, si las cosas se vieran muy mal, creo que todavía seríamos capaces de buscar cambios profundos que resultasen en soluciones, al menos parciales, para no desaparecer como sociedad animal. Yo personalmente no creo tanto en el Fin de la Civilización, como en cambios profundos en nuestra forma de vida.
Descarto totalmente el Fin del Mundo por simple iniciativa idiota del animal hombre, pues en eso no tengo dudas: el mundo como planeta es mucho más resistente que las idioteces de los animales humanos. Podríamos desaparecer o extinguirnos como animales, como ya ha sucedido con otras especies o plantas, pero no desaparecería el continente, la Tierra.
Desde una perspectiva sociológica, la civilización humana es un fenómeno muy complejo y dinámico en sus propias capacidades de hacer el mal o de recapacitar y cambiar; somos resultado de muchas interacciones sociales, culturales y tecnológicas. Nuestro fin podría ser concebido como un colapso total de todas las estructuras sociales, económicas y políticas que nos sustentan. Sin embargo, esto no necesariamente implicaría la extinción de toda la especie humana y mucho menos la destrucción total del planeta.
Hay argumentos que apuntan a que el fin de la civilización no es el fin del mundo. La historia de la humanidad está marcada por crisis y catástrofes que han puesto a prueba nuestra capacidad de adaptación y supervivencia. La vida en la Tierra es extremadamente diversa, y la extinción de una especie, por compleja que sea esa especie, no necesariamente implica el fin de todas las formas de vida.
El planeta Tierra ha experimentado numerosos cambios a lo largo de su historia, muchos de ellos de gran magnitud, sin que ello haya supuesto su destrucción total como planeta Tierra, llena de vidas muy diferentes.
¿Quien se cree el Ser Humano para pensar que acabado él, se acabaría todo?
Es verdad que nuestra civilización actual depende en gran medida de sistemas tecnológicos complejos y frágiles en constante evolución y muy mal repartidos aunque nos suena a globalización todo. Un colapso de estos sistemas podría tener consecuencias catastróficas para la supervivencia humana. Sobre todo si colapsan los realmente importantes para modelar decisiones catastróficas. Tontos capaces de intentar destrozarnos hay. Pero también tenemos que creer que hay diseñados mecanismos que en el último momento lo podrían impedir. Mecanismos de seguridad si nos falla la seguridad básica del tonto puntual.
Es cierto que la actividad humana está provocando cambios climáticos y ambientales a escala global que podrían tener consecuencias irreversibles para la habitabilidad del planeta. Existen también riesgos como la guerra nuclear escalable, la ingeniería genética sin poderla controlar desde organismos supranacionales, la contaminación creciente por el mal uso de las energías o la inteligencia artificial descontrolada que podrían poner en peligro la existencia de la especie humana. Esta última creo que no es nada peligrosa, pero tengo que nombrarla pues está de moda.
Es posible imaginar escenarios en los que el colapso de la civilización tendría consecuencias catastróficas para la humanidad, pero también es posible pensar con la misma o más fuerza, que la especie humana pueda ser capaz de adaptarse y sobrevivir a estos cambios.
No hay que recurrir al Cine, sino más bien al Sentido Común de la necesidad global de cambiar hábitos de forma rotunda. El ejemplo más cercano lo tuvimos en 2020 con la pandemia de COVID. Pero e fundamental analizar los factores que contribuyen a la vulnerabilidad de nuestras sociedades y promover acciones que promuevan la sostenibilidad, la justicia social y la cooperación global.
Hay varios procesos que, si llegan todos a la vez y descontrolados, además de interconectados, podrían influir significativamente en el eventual fin de la civilización actual, o al menos en una posible sociedad que ya no sería tal como la conocemos en la actualidad. Estos procesos son complejos y están en constante evolución, pero algunos de los más destacados y problemáticos para el futuro de la sociedad actual, y sobre los que tendríamos que tener más cuidado son:
Desigualdad económica: La creciente desigualdad entre ricos y pobres puede generar tensiones sociales y políticas, erosionar la confianza en las instituciones y fomentar el populismo y el extremismo. Una sociedad profundamente dividida es más vulnerable a conflictos y crisis. Y aquí me quiero referir tanto en desigualdades internas en el mismo país, a diversidades entre territorios más alejados. La inmigración sin poderla gestionar bien es un problema que viene precisamente por esas desigualdades.
Pandemias: Las pandemias globales, como la reciente COVID-19, pueden revelar las fragilidades de nuestros sistemas de salud y economía, y exponer las desigualdades sociales existentes. Eventos de esta naturaleza pueden desencadenar crisis económicas, sociales y políticas de largo alcance. A veces tenemos crisis de Salud Pública en donde se mezclan problemas de enfermedades que pueden pasar de animales a personas, y eso sí es más incontrolable y peligroso.
Es importante señalar que el futuro nunca está escrito y que, entre todos, aún tenemos la capacidad de influir en el curso de los acontecimientos que puedan irse produciendo. La construcción de sociedades más justas, equitativas y sostenibles es fundamental para hacer frente a estos desafíos y asegurar un futuro más próspero para las generaciones venideras.
¿Debemos formarnos para las próximas décadas?
¿Cómo será la formación y educación necesaria en las próximas décadas?
Tanto empleados como directivos debemos olvidarnos de mostrarnos reacios a adoptar nuevas herramientas y métodos de aprendizaje.
Diez ideas para intentar ser más feliz esta misma tarde
El mundo tiene un vacío de poder y de gobierno
Un vacío de poder no es que no haya nadie mandando, gestionando o gobernando, es que quien hay para esos menesteres no está a la altura de lo que se espera, por muy diversos motivos.
Un vacío de poder no se da solo cuando quien gobierna no está a la altura de lo que e necesita, sino cuando no hay alternativa, ni nadie está a la altura responsable que se necesita.
Responsables somos muchos, torpes en silencio hay excesivos, bobos que solo saben insultar estamos casi todos, en ese vacío incluso mundial que no puede llevar a donde nadie quiere.
El vacío de poder se produce cuando no existen modelos de líderes respetados que emanan ideas novedosas, posibles, válidas, pacíficas y que sirvan para que cada vez más personas se sientan mejor que sin sus gestiones.
España, Europa, pero también el mundo tiene en la actualidad un claro vacío de poder. Se ve sin duda en las pobres gestiones que es capaz de hacer la ONU para mediar incluso en procesos que frenen matar civiles inocentes.
El 7 de octubre de 2023 unos 2.000 palestinos de Hamás casi todos, entraron en Israel para matar a 1.195 personas y secuestran a 251 israelitas casi todos civiles. Desde entonces ya irán más de 50.000 muertos por efectos de la guerra, y se cree que unos 20.000 desaparecidos, contándose por cientos de miles los que han perdido todo. En Gaza vivían unos 2.300.000 palestinos. Cerca de dos millones se han visto desplazados de sus viviendas.
El vacío de poder es no haber detectado lo que se estaba produciendo.
El vacío de poder es alentar a que aquello se multiplicara.
El vacío de poder es no ser capaz en ningún lugar del mundo, a parar estas masacres de civiles inocentes.
Sí, es verdad, hubo unos 2.000 palestinos entre 2.300.000 ciudadanos que salieron a matar y a secuestrar. ¿Y el resto? ¿Nadie quiere acordarse del resto de palestinos de Gaza?
4.10.24
Un emérito con pocos méritos históricos
Un emérito es alguien que sin perder los méritos se ha retirado pero sigue conservando esos previsibles méritos anteriores. Y no, no es el caso del anterior Rey de España que pasará a la historia por sus cositas sin explicar. Es Ley de Vida.
Estos días ha explotado lo que ya todos intuíamos y muchos sabían con todos los detalles. Posiblemente todavía sea más lo que se callan que lo que nos van diciendo como en un serial televisivo.
Así que asistiremos a un destape de informaciones, o a un freno informativo por miedo. Ya iremos viendo.
A mi lo que hiciera una vedette me la trae al pairo. Pero lo que hizo un Rey me preocupa. Sobre todo sabiendo que era el que más mandaba en España, incluidas sus Fuerzas Armadas.
Y también me preocupa los silencios orquestados de excesivos altos mandatarios de España, que han demostrando saber mentirnos. Y que todavía quieren justificarse añadiendo silencios sobre sus silencios.
Somos lo que entre todos los que mandan en los poderes del Estado quieren que seamos. Y también incluyo aquí a muchos periodistas.
Los silencios cuando explotan dejan a muchas personas fuera de sitio, sí, y también sin méritos.
Hablamos de 600 millones como si no fuera nada. Pero tampoco son los que a mi más me importan. Nunca es posible saber lo que realmente cuesta tener a un torpe al mando de las empresas, en vez de tener a una persona válida.
Alguien que premia más comer arroz con cosas y chupar las cabezas de las gambas que cuidar su propia institución, puede cometer errores de gran valor que no se pueden cuantificar.
Su esposa y sus hijos tienen que estar asombrados. No porque se estén enterando ahora de nada que no supieran, sino por lo que representan estas paellas para la historia y el futuro.
¿Y a partir de ahora todavía queda alguien que crea en las verdades que nos cuentan, en los que aparentan mandar y gobernar?
3.10.24
El Mundo guarda silencio ante presiones bélicas muy peligrosas
Muchos ciudadanos del mundo nos estamos planteando la duda, de si estamos entrando en una III Guerra Mundial —por la locura de unos pocos dirigentes de gran peso bélico o terrorista— o si esto que vemos en estas semanas son simplemente pasos inevitables de un conflicto bélico local, con un siglo a sus espaldas.
En realidad lo grave no es lo que hace Israel, Hamás, Hezbolá, Yemen o Irán. Lo más grave es lo que NO es capaz de hacer el resto del mundo. Ese silencio cómplice, ese silencio que se esconde en su propia incapacidad, es lo que nos debería preocupar.
Fuimos —como sociedad política y como Europa— muy torpes a la hora de valorar el conflicto que se estaba fraguando en Ucrania con Rusia. No fuimos capaces de evitarlo. Y ahora sucede algo similar con Oriente Medio.
Si nos fijamos en la zona en conflicto en Oriente Medio, tenemos a un Israel muy crecido, a una Palestina troceada y ya casi destrozada totalmente en su zona de Gaza, a un Líbano que no es un Estado, ni libre ni ocupado pero en donde viven casi los mismos habitantes que en Cataluña. ¿Quien manda en Líbano?
Pero además tenemos ya dentro del conflicto a Yemen con 34 millones de habitantes y a Irán con casi 90 millones de personas. Siria con 22 millones o Irak con otros 45 millones podrían ser los próximos contagiosos conflictos por vecindad. Hablamos ya de más de 200 millones de personas en una zona muy caliente y en guerra o preguerra.
Y ante tal tamaño de conflicto la ONU o el resto de países potentes del mundo, no es capaz de articular nada que sea respetado.
El conflicto puede quedar en nada o puede explotar tremendamente, no se sabe. pero el resto del mundo no es capaz de articular un proceso de enfriamiento, de freno, de presión para poder parar estas barbaries en donde mueren miles de ciudadanos sin poderse contar.
En esta guerra de Oriente Medio ni puede perder Israel ni puede perder Irán. Y esto es peligrosísimo. No tenemos a ninguna de las dos cabezas del conflicto con capacidad real de soportar la pérdida de la guerra. Antes de perder, optarían por el suicidio.






