13.10.26

El futuro también mueve la economía


¿Qué harías si recibieras 200 euros adicionales? La respuesta probablemente cambiaría si fueran una paga extraordinaria, un aumento permanente del sueldo o una ayuda que esperas devolver mediante impuestos futuros. Esa diferencia resume una idea fundamental: para entender el consumo, la inflación o una recesión, necesitamos comprender cómo toman sus decisiones las personas y las empresas. 

El Nobel de Economía de 2026 reconoce a Robert E. Hall y Michael Woodford por sus aportaciones a los fundamentos microeconómicos de la estabilización macroeconómica. Sus trabajos ayudan a explicar cómo las expectativas y las decisiones individuales se convierten en movimientos del conjunto de la economía, y qué pueden hacer las autoridades para reducir sus fluctuaciones.

Consumir hoy depende de lo que esperamos mañana

El gasto de una persona es ingreso para otra. Cuando esta última consume una parte de lo que recibe, genera nuevos ingresos y nuevas rondas de gasto. Es la intuición del multiplicador: un impulso inicial puede producir un aumento mayor de la actividad. Pero su magnitud depende de cómo reaccionen los hogares, las empresas y las autoridades.

Aquí aparece una dificultad señalada por Robert Lucas: una relación observada en el pasado puede cambiar cuando cambia la política económica. Si una ayuda se considera temporal, permanente o preludio de mayores impuestos, su efecto será diferente. Las personas interpretan las medidas, revisan sus expectativas y ajustan sus planes. Por eso resulta insuficiente suponer que cada euro adicional de renta produce siempre el mismo gasto.

Hall convirtió esta preocupación en una predicción que podía contrastarse con datos. Las teorías de la renta permanente y del ciclo vital ya sugerían que las familias intentan mantener un consumo relativamente estable a lo largo del tiempo. Para ello, ahorran cuando sus ingresos son elevados y utilizan sus ahorros, o el crédito, cuando disminuyen.

Su artículo de 1978 mostró que, bajo ciertos supuestos, los cambios del consumo deberían responder a información nueva. Si alguien sabe hoy que cobrará más dentro de tres meses, puede empezar a gastar más ahora. Cuando llegue la subida, no habrá una nueva sorpresa que justifique otro ajuste. Una noticia inesperada sobre sus ingresos futuros, en cambio, puede modificar su consumo inmediatamente.

Esto no significa que consumamos al azar. Significa que los planes incorporan la información disponible: las sorpresas futuras no deberían poder anticiparse sistemáticamente con lo que ya sabemos. El resultado ofrece una referencia para comprobar dónde falla el modelo y qué mecanismos faltan.

Uno de ellos es la liquidez. Quien apenas llega a fin de mes puede gastar buena parte de una ayuda, mientras que quien dispone de ahorros puede reservarla. Incluso una familia propietaria de su vivienda puede tener dificultades para conseguir dinero de inmediato. La distribución de una medida fiscal importa tanto como su importe total.

Los tipos de interés actúan sobre decisiones y expectativas

Woodford integró las decisiones de gasto, la fijación de precios y la actuación del banco central en un marco desarrollado junto con muchos otros economistas: el modelo nuevo keynesiano. Su libro Interest and Prices, publicado en 2003, reúne sus fundamentos y permite analizar cómo se transmite la política monetaria.

Un primer elemento es el tipo de interés real esperado: el interés nominal menos la inflación que se espera durante el mismo plazo. Con un interés del 4 % y una inflación esperada del 2 %, el tipo real es aproximadamente del 2 %. Si la inflación esperada sube al 3 % y el interés nominal permanece igual, el tipo real baja al 1 %. Esa diferencia afecta al incentivo a ahorrar y al coste real de financiarse.

Un segundo elemento es que los precios no se ajustan todos de inmediato. Cambiarlos puede resultar costoso por los contratos, la organización o la relación con los clientes.

Si una empresa vende menos y mantiene su precio, puede reducir la producción y el empleo. Además, al revisar un precio considera los costes y la demanda que espera mientras siga vigente. Así, las expectativas sobre el futuro influyen en la inflación actual.

El banco central puede modificar esas decisiones tanto con los tipos de hoy como con sus anuncios sobre los de mañana. Una comunicación creíble de que mantendrá tipos bajos durante más tiempo puede reducir el coste de financiar proyectos a largo plazo y estimular el gasto presente. Su eficacia depende de cómo se interprete y de que las autoridades resulten creíbles.

Una caída del PIB puede requerir respuestas distintas

Imaginemos dos economías cuya producción cae de 100 a 95. En una, las familias recortan el gasto, aunque sigue siendo posible producir 100. En la otra, una perturbación encarece o dificulta la producción y reduce a 90 el nivel que correspondería con precios flexibles: el llamado PIB natural.

Las dos muestran la misma caída, pero afrontan problemas distintos. En la primera hay recursos infrautilizados y estimular la demanda puede ayudar. En la segunda, producir 95 ya supone ejercer presión sobre una oferta deteriorada. Intentar recuperar inmediatamente 100 aumentando el gasto podría intensificar la inflación. La respuesta exige identificar la causa y valorar el posible conflicto entre estabilizar los precios y sostener la actividad.

Las políticas fiscal y monetaria también interactúan. Una transferencia puede elevar el consumo, pero, si aumenta la presión sobre los precios, el banco central puede subir los tipos y compensar parte del estímulo. En la zona del euro, además, una misma política monetaria convive con situaciones económicas nacionales diferentes.

Los modelos de Hall y Woodford permiten ordenar estas relaciones y comparar respuestas bajo supuestos explícitos. Su utilidad depende de contrastarlos con los datos y reconocer sus límites: los hogares son diferentes, las expectativas pueden cambiar y las crisis pueden alterar los mecanismos habituales. La lección del Nobel es que una política económica debe anticipar cómo responderán quienes ahorran, gastan, producen y fijan precios. Sus decisiones sobre el futuro ya están moviendo la economía de hoy....

Miguel Puente

11.10.26

Manda quien sabe fabricar billetes de cien

Europa tiene principalmente dos problemas que se pueden convertir en media docena a poco que no entendamos bien su camino de futuro.

Por una parte es impensable una Europa de futuro sin el Reino Unido. Y por otra parte es impensable una Europa con Alemania mirando a Rusia a través de su extrema derecha.

Curiosamente la extrema derecha europea mira a Rusia, a los que llaman comunistas. Eso explicado a un joven de los años 70 le resulta cuando menos sonrojante. En poco tiempo la extrema derecha se volverá maoísta, una vez que ya es casi de Bakunin. 

Todo son ciclos teóricos pero muy poco prácticos, excepto las medidas que cada ideología toma. Lo que importa en realidad no son tantos los apellidos, como las decisiones. 

Que Trump ceda ante Putin es un detalle del caos de los actuales EEUU, que es el Jefe. China observa y trabaja. De momento solo eso.

Que nos olvidemos de Gaza en su globalidad incluidos a los terroristas que hicieron lo de octubre es otro detalle complejo. Que hoy entendamos menos la guerra de Ucrania que cuando empezó en los inicios de 2022 y estamos casi a cinco años vista, es de premio.

En España nos sucede lo mismo. Pasamos de un marco mental al siguiente sin cambiar ni de madera ni de tamaño del marco. 

Simplemente nos movemos como nos dicen los que realmente mandan, que son los que nunca elegimos para que nos gobiernen. Y nos lo dicen sin darnos cuenta de que nos lo dicen, nos lo ordenan sin mandar.

Por cierto, gobierne el flojo Feijóo o el seco Sánchez, el listo (muy listo) de Abascal o alguien escondido entre siglas inciertas, la verdad es que las políticas las seguirá marcando Europa, excepto que nos salgamos de ella. 

Manda quien puede fabricar dineros de los gordos. Y siendo así de sencillo, no siempre lo detectamos. Para bien o para mal.