2.1.12

Dividamos los proyectos en escalones, para su facilidad

Todo proyecto que tengamos que realizar se debe basar antes en un estudio y una planificación, diseñando una meta que hay que colocar al final para saber hasta donde queremos llegar y dividiendo en una serie de etapas intermedias que haga posible llegar hasta el final con fuerza y ganas suficientes.

Un ejemplo sencillo y práctico sería plantear todo el proyecto como una escalera en donde hayamos dividido el recorrido en pequeños escalones, que sí es posible ir subiendo, mientras vamos acercándonos al objetivo final. Mirar la meta está muy bien, pero el esfuerzo será el del día a día, subiendo escalones de mucho menos dificultad.

Cada escalón de nuestro recorrido debe ser asequible a nuestras fuerzas. Los problemas no se pueden resolver con facilidad si no hemos sabido dividir convenientemente el problema para ser asumible por nosotros. 

Muy posiblemente cada uno deberemos dividir el proyecto de distinta manera, pues cada uno necesitamos un tamaño distinto de divisiones para asumir el proyecto con garantías, según nuestras posibilidades.
Vamos a imaginarnos un problema importante que tenemos que resolver. Daría igual incluso si es un problema personal o un proyecto de emprendedores. 

Hay que analizarlo, dividirlo en etapas en donde hayamos compartimentado cada división del asunto, para que resulte más ordenado y fácil encontrar soluciones. Y hay que dedicar desde el principio un tiempo a cada una de estas divisiones. 

No debemos mezclar tiempos, no es bueno abandonar algunos escalones por su dificultada para subirlos y pasar a los otros escalones sin querer atender a los complicados que estaban antes. Si hemos puesto muy alto el proyecto, hay que dividirlo o subdividirlo otra vez. 

Analizar el asunto desde varios puntos de vista, incluso reclamando la ayuda de compañeros para asuntos ya divididos. Podemos subir los escalones del proyecto en el orden que mejor se acerque a nuestra personalidad, pero hay que recorrer todo el proceso.

Es muy complejo pedirle consejo a un amigo (a un asesor no profesional) sobre la totalidad de un proyecto, si antes no lo hemos compartimentado bien. Pero en cambio es mucho más fácil obtener una opinión o ayuda si la solicitamos para un solo escalón de la empresa. 

Incluso no todas las personas son capaces de opinar o ayudar sobre la totalidad de un proyecto complejo. En cambio sí que lo son para intervenir y apoyar con sus ideas sobre diferentes trozos del proyecto.

Es muy importante buscar variedad de personas a la hora de sumar opiniones o ayudas a nuestras iniciativas. Y para ello nada como haber troceado antes la consulta y el proyecto, para hacerlo digerible y ser analizado con más detenimiento.
Luego, al final, vendrá el trabajo de unir todo el proyecto en uno solo. Pero eso es ya cuestión del que lidera la empresa, la idea, el proyecto. De ti. 

Dividamos los proyectos en escalones, para asumirlos con facilidad

Todo proyecto se basa antes en un estudio y una planificación, en una meta que hay que colocar al final para saber hasta donde queremos llegar y en una serie de divisiones o etapas que haga posible llegar hasta el final con fuerza y ganas suficientes. 

Un ejemplo sencillo y práctico sería plantear todo proyecto como una escalera en donde hayamos dividido el recorrido en pequeños escalones, que sí es posible ir subiendo, mientras vamos acercándonos al objetivo final.

Cada escalón de nuestro recorrido debe ser asequible a nuestras fuerzas. Los problemas no se pueden resolver con facilidad si no hemos sabido dividir convenientemente el problema para ser asumible por nosotros. Muy posiblemente cada uno deberemos dividir el proyecto de distinta manera, pues cada uno necesitamos un tamaño distinto para asumir el proyecto con garantías.

Vamos a imaginarnos un problema importante que tenemos que resolver. Daría igual incluso si es un problema personal o un proyecto de emprendedores. Hay que analizarlo, dividirlo en etapas en donde hayamos compartimentado cada división del asunto, para que resulte más ordenado y fácil encontrar soluciones. Y hay que dedicar un tiempo a cada una de estas divisiones. No debemos mezclar tiempos, no es bueno abandonar algunos escalones por su dificultada para subirlos y pasar a los otros escalones sin querer atender a los complicados. Si hemos puesto muy alto el proyecto, hay que dividirlo otra vez. Analizar el asunto desde varios puntos de vista, incluso reclamando la ayuda de compañeros para asuntos ya divididos. Podemos subir los escalones del proyecto en el orden que mejor se acerque a nuestra personalidad, pero hay que recorrer todo el proceso.

Es muy complejo pedirle consejo a un amigo (a un asesor no profesional) sobre la totalidad de un proyecto, si antes no lo hemos compartimentado. Pero en cambio es mucho más fácil obtener una opinión o ayuda si la solicitamos para un solo escalón de la empresa. Incluso no todas las personas son capaces de opinar o ayudar sobre la totalidad de un proyecto complejo. En cambio sí que lo son para intervenir y apoyar con sus ideas sobre diferentes trozos del proyecto. 

Incluso es bueno buscar variedad de personas a la hora de sumar opiniones o ayudas a nuestras iniciativas. Y para ello nada como haber troceado antes la consulta y el proyecto, para hacerla digerible y ser analizada con más detenimiento. 

Luego, al final, vendrá el trabajo de unir todo el proyecto en uno solo. Pero eso es ya cuestión del que lidera la empresa, la idea, el proyecto.

1.1.12

¿Por qué los políticos comunican tan mal en España?

España y los españoles tenemos la desgracia de unos políticos que sin respeto hacia sus ciudadanos creen que pueden jugar con ellos como muñecos de Lego. Hoy te digo algo, mañana te lo oculto y nunca hablo contigo, por que no me importas un carajo.

Ya desde Felipe González, los Presidentes de España se acostumbraron a no hablar a los españoles mirándoles a los ojos aunque sea a través de una cámara de televisión, algo muy sencillo, os lo juro.

Uno, con cada cambio de Presidente siempre cree que el nuevo será capaz de copiar a los franceses, a los americanos o a los venezolanos. Da igual. Pero lo que no da igual es que el Presidente de España no sepa hablar a los españoles, no sepa utilizar una herramienta básica como la imagen y la comunicación para transmitir decisiones, para acercarse a su sociedad, para trasmitir lo que hace y lo que piensa hacer.

¿Nos creen los Presidentes de Gobierno que somos imbéciles y no entenderemos lo que se nos dice? ¿Acaso creen que cogeremos miedo y nos pondremos histéricos si se nos dice la verdad?

Cuando se toman decisiones uno se arriesga a no ser entendido, a no conseguir la aprobación de todos o incluso de ninguno. Pero si te lo explican, si te lo dicen con sinceridad y mirándote a los ojos cabe la posibilidad de que la pedagogía funcione y se logre empujar entre todos en la dirección correcta. España necesita de todo menos bobos con miedo, que se esconden detrás de sus subordinados. Necesita líderes que sepan liderar, así de sencillo. O tal vez así de complicado pues no parecemos ser capaces de encontrar a políticos que quieran ser líderes.

Cada día se lee menos. Cada día se escribe más

Lo malo de escribir en estos tiempos es que no se lee. Se lee menos de lo que se escribe. Vamos todos a la caz del lector, buscando voluntarios que nos quieran leer sin perderlos como amigos, de buenas gentes que se metan en nuestras historias y se las crean. Son tiempos de consumo fácil, de imágenes, de textos con música, de párrafos cortos y muy medidos.

Es cierto que a cambio, se consumen cada vez más libros sesudos y novelas gordísimas de más de 600 páginas, tal vez para compensar lo que se paga por ellas. Es cierto también que si leer es un lujo, leer poesía que es corta y como una esencia de las palabras, es un milagro. Queremos leer poco pero no tan poco como la poesía. Somos raros y exigentes a partes iguales.

Así que la labor del escritor ahora no es solo la de escribir y corregir, tarea esta última tediosa y compleja, sino saber aguantar que estás escribiendo para que no te lean. Nos queda —siempre nos quedará— el placer de escribir por el placer. El gusto de gustarnos a nosotros mismos. Nadie nos debe quitar el lujo de ver nuestras ideas en forma de palabras, plasmadas en una hoja que luego nadie volverá a leer. Si mientras las hemos escrito hemos gozado nosotros, pues ya hemos cobrado el sueldo necesario para seguir vivos como esritores. Que no es poco.

Necesitamos emprender nuevas ideas para salir de la crisis

Estamos inmersos en dudas importantes, en un momento histórico complejo que nos puede llevar incluso a perder parte de lo conseguido por nuestros padres. Ha llegado el momento de empezar a respondernos: ¿Qué podemos hacer cada uno de nosotros por nuestro país? 

Ni nuestro país —el de cada uno de nosotros—, está en condiciones de darnos mucho, ni nuestra pereza o apacible manera de encarar el futuro le sirve de nada. Nuestro país, sea México, Argentina, España, Brasil o Aragón, necesita de nuestra fuerza, de nuestras ganas, de nuestros empuje. Quien lo consiga como sociedad será quien logre avanzar hacia su futuro, pues estamos en periodo de crisis en donde todo se está poniendo en cuestión. En donde nada es seguro.

Dentro de 20 años seremos lo que hayamos querido o podido ser a partir del hoy mismo. Todos. Tú, yo, nuestros nietos, los hijos, la sociedad, el sistema, dependen de lo que hagamos tú y yo desde hoy mismo. Nada está asegurado, nada es para toda una generación, todo puede empeorar o mejorar. Pero todo también, depende de nosotros. Esta es la gran ventaja.

Quejarnos de los alemanes, de los americanos, de los indios o de los vascos es una bobería que no conduce a las soluciones. Si reaccionamos como sociedad podremos. 

¿Cómo?

Efectivamente cada uno de nosotros tenemos unos planteamientos diferentes para pensar en el “cómo”, pero esto es enriquecedor e inevitable. Lo bueno precisamente es que tengamos diversos planteamientos y no los dejamos aparcados. Lo bueno es la suma de pequeñas ideas, de pequeños proyectos, de los que muchos lograrán crecer hasta convertirse en importantes.

Tal vez es un buen momento para pensar en la creación y puesta en funcionamiento de una actividad productiva o de servicios, esa que muchas veces hemos rondado y que nunca nos hemos atrevido. Tal vez emprender una idea con una pequeña y estudiada inversión es una buena decisión en tiempos de crisis cuando todos se retraen. Tal vez estudiar algo que nos puede servir para el futuro nuestro y de todos es una buena decisión. Tal vez, por qué no, ayudar a los demás, a alguien en concreto es un acto que nos complace y puede servir para sumar granos de arena. Incluso ser exigentes contra quien se ha vuelto incívico, ser reveladores para no ser cómplice del delincuente que odia a la sociedad, implicarse en un proyecto que sirva para emprender y para apoyar, incluso tal vez dejar de ser voluntario gratuito y a veces manipulado puede ser una buena ocasión para fijar puestos de trabajo remunerados en tiempos en los que el desempleo es una lacra.

Cada uno y una de nosotras tenemos una idea en concreto sobre las soluciones para estos momentos de inquietud. Pero muy pocos los saben —o se atreven— a ponerlas en funcionamiento. A intentarlo siquiera. Tal vez un empujón personal a la idea, tal vez un pequeño estudio para saber si es viable, para analizar si sirve para lo que pretendemos, si puede tener futuro, nos sirva para animarnos.

Lo que podemos hacer por Perú, Chile, México o Aragón, por nuestro país, es mucho y depende de nosotros. No somos importantes, pero podemos ser parte de la suma de esos muchos que decidan mejorar nuestra sociedad. Si esperamos a que otros decidan por nosotros, a que otros mejoren lo que está mal, lo mejorarán, seguro. Pero a su gusto y no al nuestro. A la medida de sus necesidades y no de las nuestras. Pensando en sus beneficios y no en los nuestros.

¿Qué podemos hacer ahora por nuestro país?

Ha llegado el momento de empezar a respondernos: ¿Qué podemos hacer cada uno de nosotros por nuestro país? 

Ni nuestro país, el de cada uno de nosotros, está en condiciones de darnos mucho, ni nuestra pereza o apacible manera de encarar el futuro le sirve de nada. Nuestro país, sea Chile, Argentina. España, EEUU o Aragón, necesita de nuestra fuerza, de nuestras ganas, de nuestros empuje. Quien lo consiga como sociedad será quien logre avanzar, pues estamos en periodo de crisis en donde todo se está poniendo en cuestión.

Dentro de 20 años seremos lo que hayamos querido o podido ser a partir de hoy mismo. Todos. Tú, yo, nuestros nietos, los hijos, la sociedad, el sistema. Nada está asegurado, nada es para toda una generación, todo puede empeorar o mejorar. Pero todo depende de nosotros. Esta es la gran ventaja.

Quejarnos de los alemanes, de los chinos, de los indios o de los vascos es una bobería que no conduce a las soluciones. Si reaccionamos podremos. ¿Cómo?

Efectivamente cada uno de nosotros tenemos unos planteamientos diferentes para pensar el “cómo”, pero esto es enriquecedor e inevitable. Lo bueno precisamente es que tengamos diversos planteamientos y no los dejamos aparcados.

Tal vez es un buen momento para pensar en crear una actividad productiva o de servicios. Tal vez emprender una idea con una pequeñas y estudiada inversión es una buena decisión en tiempos de crisis cuando todos se retraen. Tal vez estudiar algo que nos puede servir para el futuro nuestro y de todos es una buena decisión. Tal vez, por qué no, ayudar a los demás, a alguien en concreto es un acto que nos complace y puede servir para sumar granos de arena. Incluso ser exigentes contra quien se ha vuelto incívico, ser reveladores para no ser cómplice del delincuente que odia a la sociedad, implicarse en un proyecto que sirva para emprender y para apoyar, incluso tal vez dejar de ser voluntario gratuito y a veces manipulado puede ser una buena ocasión para fijar puestos de trabajo remunerados en tiempos en los que el desempleo es una lacra.

Cada uno y una de nosotros tenemos una idea en concreto sobre las soluciones a estos momentos de inquietud. Pero muy pocos los saben —o se atreven— a ponerlas en funcionamiento. A intentarlo siquiera. Tal vez un empujón personal a la idea, tal vez un pequeño estudio para saber si es viable, para analizar si sirve para lo que pretendemos, si puede tener futuro, nos sirva para animarnos.

Lo que podemos hacer por nuestro país es mucho, depende de nosotros. No somos importantes, pero podemos ser parte de la suma de muchos que decidan mejorar nuestra sociedad. Si esperamos a que otros decidan por nosotros, a que otros mejoren lo que está mal, lo mejorarán, seguro. Pero a su gusto y no al nuestro. A la medida de sus necesidades y no de las nuestras.

La importancia de la motivación en la gestión de equipos humanos

La motivación, del latín “motivus”, causa o motivo por el que las personas o animales se mueven en aras de conseguir “algo” —una necesidad o una solicitud, una orden o un objetivo—, es una de las causas por las que los equipos y las personas individuales de estos equipos, logran acercarse a la excelencia en sus obras, en sus trabajos, en sus ideas.

Es por ello que todo gerente de equipo, todo entrenador o jefe de grupo aspira a crecer en motivación hacia su grupo o equipo, pues sabe que es la manera de lograr mejores objetivos, mayores metas, más potentes uniones de trabajo en equipo.

Pero la motivación no solo se debe basar en activar las energías de cada persona de un equipo. Esta motivación sería la más sencilla. Lo más importante es conseguir mantener en el tiempo esta motivación. La durabilidad de la motivación es lo más necesario y lo más complejo de lograr. Hay que lograr motivar, pero más todavía que quien se motive sepa asumir su mandato y su nueva actividad más fuerte, y además logre mantener en el tiempo este nuevo estado, en aras de ser capaz de encontrar el nuevo objetivo.

Hay pues dos objetivos internos que debe asumir cada persona de un equipo para que logre motivarse.
 Tener claro el objetivo a alcanzar.
 Tener cada persona un interés personal en conseguirlo.

Esto quiere decir que debe ser motivado y dirigido con claridad y contundencia y además debe saber que tras la motivación habrá una recompensa. Dos pasos muy importantes pero muy complejos.

Hay que saber motivar y a la vez hay que saber dar recompensas, que se mantengan y que no se olviden. Los incentivos para lograr la motivación pueden ser muy variados y casi nunca los más fáciles son los mejores. En una organización laboral, el sueldo no es una motivación importante, lo es primaria y por ello muy susceptible de perderse enseguida. Las personas olvidan enseguida las recompensas en dinero que simplemente —si, simplemente— aumentan lo ya cobrado. Aumentar el “sueldo” no es una recompensa en sí misma, sino una consideración, un reconocimiento. Una lógica paga de justicia. Para recompensar hay que buscar otros mecanismos más complejos, que entren más en la psicología de la persona.

Un equipo deportivo no gana más sueldo —o casi— por ganar partidos, pero en cambio obtienen recompensas personales muy importantes si el equipo funciona muy bien.

Reconocimiento del grupo, más libertad, mejor trato, más seguridad, más reconocimiento exterior.

O por qué no, más reconocimiento hacia las personas que rodean al protagonista, en su vida personal.

Para motivar hay que explicar muy bien cual es el objetivo que se aspira alcanzar con la motivación.

Los integrantes del equipo deben saber cual es la meta a conseguir.

Da igual si es una meta grupal, individual, de lujo, económica, de cultura, deportiva, de placer.

El caso es tenerlo muy claro, visualizar el objetivo alcanzado; la meta.

En todo acto vital hay un impulso que nos lleva a disfrutar de una libertad en nuestros actos. Por eso la motivación es también y sobre todo entregar responsabilidad individual a las personas que integran el equipo. Debe haber también un acto de reconocimiento a la labor realizada, como un avance hacia un lugar mejor, hacia la excelencia.

Y por último debe estar muy claro que en todo acto de motivación hay una necesidad de conseguir como equipo algo que es muy complejo conseguir individualmente. La motivación de cada uno de nosotros no sirve de mucho si no va acompañada de la motivación de cada uno de los integrantes del equipo, para así ayudarnos los unos a los otros en beneficio del equipo, del objetivo común.

Si en el equipo y en cada una de las personas que integran el equipo, hemos conseguido que interioricen la necesidad de que cada uno entregue lo mejor de sí mismo en aras al objetivo y a la suma del equipo, estaremos acercándonos a la excelencia posible, que a veces es suficiente o a veces no, eso ya depende de cada grupo de trabajo.