4.2.12

Entre Rubalcaba y Chacón, me quedo en la sala de espera

No me gusta el punto de cocción al que ha llegado el PSOE en la entrada de su Congreso de Sevilla. Esperaba un tercer candidato más ilusionante, más de futuro, más socialista y líder. Con Chacón y Rubalcaba la sensación mía para un futuro del PSOE en su travesía del desierto, es la de cuatro años perdidos en busca de otro momento más idóneo para hacer el recambio necesario.

No me entra en la cabeza que Rubalcaba pueda liderar el futuro, aun sabiendo que podría ser una buena persona. Pero para el futuro se necesitan ganadores y no perdedores. Su momento pasó y ahora debería tocar el descanso y si acaso el asesoramiento, nunca la gestión.

No me gusta Chacón pues la veo floja a nivel estatal, algo que tiene todavía un gran peso en un PSOE todavía muy "madrileño y andaluz". La veo una excelente segundona que le rompieron la ilusión y futuro hace unos meses. Joven pero no con ideas nuevas.

Pero no ha surgido el tercero en discordia tal vez por la falta de un camino despejado, tal vez por no ser diputado electo quien podría surgir, tal vez por ser mejor que ahora pasen tres años antes de dar el paso definitivo y con más garantías. 

En política no existen mirlos blancos que aparezcan raudos en cuando el aire torna cambiante.

Las damas y torres en ajedrez, atacan cuando el camino ya está abierto, para que sus movimientos sean más eficaces. Quien gobernará España en 2020 tal vez no esté ni en Sevilla haciéndose la foto. Tras Andalucía y el País Vasco, tal vez tengan que hacer más reformas los socialistas, depende del equipo que forme el ganador de Sevilla. 

Y no, no me atrevo a apostar por nadie. Los dos me parecen complejos para un futuro nuevo, pero si tuviera que elegir lo haría por Chacón pues creo que su grupo de apoyo es algo más ilusionante.

3.2.12

Primeros síntomas de enfermedades mentales leves


El estrés y la prisa mental, favorece y amplía la aparición de enfermedades mentales leves y nos hace envejecer antes por la destrucción de los telómeros que son las terminaciones de los cromosomas y que es según los últimos avances lo que nos convierten en viejos prematuros.

Hablo de la prisa mental, del estrés mental y no de tener una actividad física amplia y ágil. No debemos apurarnos más allá de nuestras posibilidades, que por cierto en cada persona son unas distintas. Hay que hacer silencios, reflexionar, ser críticos con nuestra forma de actuar y de ser, pero desde el positivismo y el compromiso por mejorar lo que entendemos que nos apura. Debemos sobre todo sentir, gozar, respirar, para la velocidad y mirar a tu alrededor.

Si no te puedes concentrar como antes, si ya no tienes la misma capacidad de memoria, si no prestas la misma atención, si la emociones ya no son como antes por exceso o por defecto, algo está fallando dentro de ti y hay que parar y consultar, antes de que se conviertan en un problema más serio. Son los primeros síntomas de un problema que hay que resolver.

España necesita menos especuladores y más empresarios

Estamos apagados, pesimistas, miedosos, expectantes ante un futuro que no podemos prever. Pero el futuro llegará y lo hará mal, si no somos capaces de trabajar este presente.

Solo podemos actuar sobre el actual presente y a veces damos la sensación de que el miedo a equivocarnos nos congela las ideas y las actuaciones. Debe ser el recuerdo de los errores de estos años anteriores, que nos ha convencido que casi es mejor no hacer nada.

La situación en España es casi surrealista. No podemos mantener por más tiempo la actual situación de desempleo. No tanto por las cifras, que siendo muy altas ya las hemos padecido en otras épocas, como por la duración de la crisis y la poca perspectiva de salida que vemos.

España tiene poca capacidad de maniobra al estar pendiente de Europa, pero debemos recordar que fuera de Europa en estos momentos, la situación sería peor. Tal vez parte de la solución surja cuando en Francia y Alemania cambien de dirigentes. Pero ni es rigurosamente cierto y además colocamos gran parte de nuestra posible solución en manos de otros países, lo que nos deja en una muy mala situación como independientes.

Se dice que hay debe circular más el crédito hacia las empresas, pero a veces se nos olvida que en estos momentos el principal problema de las empresas es su endeudamiento, y que de circular crédito lo emplearán primero para pagar y respirar y no para crear empleo. 

Si lo importante es crear cotizantes, empleo y sensación de futuro, consumo y producción nueva que sea capaz de ser exportable, hay que analizar muy bien qué ayudamos, qué nos interesa como país proteger y apoyar. No puede servir un “todo para todos” pues como sucedió con otro tipo de medidas en años anteriores, globalizar las soluciones las difumina y las vuelve incapaces de servir a los objetivos de crear empleo. Tal vez sea incluso un buen momento para replantear nuestro sistema productivo, dejar caer las empresas que están llenas de defectos y procurar ayudar los nuevos proyectos, emprender un nuevo camino productivo mas profesional y productivo. Menos especuladores y más empresarios.

1.2.12

Reformamos otra vez la educación en España


Se vuelve a reformar la educación en España y deseemos al menos, que sea la última en una ddads hay una cierta constumbre en modificar sin genio lo que todos admitimos que funina mal, pero que apañamos sin genio ni caliécada pues hay una cierta costumbre en modificar sin genio lo que todos admitimos que funciona mal, pero que apañamos sin genio ni calidad. Me importa muy poco y por ello no voy a opinar al respecto, el cambio de la asignatura de “Educación para la ciudadanía” por otra materia con nombre parecido y contenidos flojos. No van por este lugar los problemas de la formación. Hay que poner en valor las materias realmente importantes para intentar ser alumno excelente. 

Las matemáticas, la lengua, segundo idioma, geografía o historia —se llamen como se llamen— deben contar con más horas importantes y totales. Algunas materias siendo importantes para el conjunto de la formación personal, no son imprescindibles cuando de lo que se trata es de preparar a buenas personas que sean capaces de defenderse bien en un mundo globalizado. No apunto a suprimir materias, sino a reordenarlas.

Pero la reforma más importante, la de suprimir un año de ESO y subir un año el Bachiller y la FP de Grado Medio, mientras que se obliga de esta manera a tener que optar por Formación Profesional o Bachiller un año antes —asegurando otra vez que se va a intentar potenciar la FP—, es un gran acierto; al menos en las declaraciones. Algunos alumnos no llegan al 4º de ESO con garantías de implicación y su presencia en las aulas es un problema y además para ellos un año perdido. Las repeticiones hacen que lleguen con una edad compleja para integrarse y lograr que con menos años entren en la FP de Grado Medio es una buena opción. E intentar que 3º de la nueva ESO no sea un año dedicado a la Selectividad exclusivamente, pues sería un año perdido (como ahora en gran medida 4º) que en un Ciclo de 3 años tendría mucho peso. ¿Qué tal una Selectividad diferente para cada tipo de carrera universitaria?

El primer año de Bachiller o de FP Media será obligatorio para mantener la obligatoriedad hasta los 16 años, lo que dicho así de sencillo me parece una decisión algo coja, si no contempla soluciones para los alumnos totalmente incapaces de seguir el sistema escolar, para los que hay que buscar alternativas, que les sirvan de entrada al sistema laboral y de puente con otra edad al sistema reglado básico. Se deberían potenciar para ello los Ciclos Formativos de Integración Laboral y Social.

Es cierto que la figura del profesor ha perdido peso e importancia y que hay que ponerla otra vez en valor y respeto. Pero también la del director gerente sobre el resto de profesores y la de la representación social y de padres sobre el Consejo Escolar. Es decir, hay que volver a potenciar como hace algunas décadas ya, los sistemas de respeto entre las partes y los de colaboración buscando la mejora de la educación. Los alumnos son la parte débil, pues incluso son atacados por otros alumnos, y esta parte débil hay que cuidarla en todo el proceso educativo para que sea efectiva la educación. Pero hay que poner en valor más, los finales de etapa que son cuando los alumnos deben tomar decisiones importantes y de donde deben salir con unos conocimientos básicos.

Es incomprensible que los alumnos (como mayoría) salgan del sistema escolar sin saberse expresar bien en un segundo idioma, excepto algunos de los que han recurrido a sistemas privados de formación añadida. Hay que insistir en la importancia del inglés, nos guste o no nos guste esta decisión. Pero hoy es imprescindible como lo es la informática como usuario. Tal vez sea necesario replantear las actividades extraescolares dentro de los colegios obligatorios, para engranarlos mejor con el conjunto de formación de cada centro, con ayuda de las AMPAS, del Consejo Escolar y del Colegio. Habría que potenciar actividades formativas complementarias y más lúdicas pero dentro del sistema escolar o al menos del edificio escolar, que perfeccionen y concluyan la formación integral del alumno.

Sobre la mejora de la Formación Profesional, son tantas las veces que he escuchado estos deseos y tan pocas la que se han tomado en serio modificar hábitos complejos de renovar, que no sé si lograrán hacer algo serio. Hay que cambiar el concepto del profesorado de la FP, sobre todo en la FP Grado Medio, buscando más profesores técnicos laborales, excelentes en sus profesiones y que en muchos casos y tal vez por edad ahora están en el desempleo. Hay que motivar a los alumnos y la integración entre estos, sus profesores y la importancia de la formación que se recibe es fundamental. Complejo de lograr si los profesores NUNCA han trabajado en talleres. Hay que cambiar la idea de “colegio” para acercarla más a la de “taller”. Y hay que aumentar las horas prácticas del total de los 3 años de formación, teniendo la opción de estar en al menos dos empresas distintas en este periodo para que conozcan diversas maneras de funcionar de diferentes empresas. Para ello hay que integrarse más con las empresas que colaboran, dando a cambio alguna ayuda como formación para el resto de trabajadores o ayudas para bibliotecas técnicas, por apuntar dos posibilidades posibles. Y poner más presupuesto sobre las mesas de las reformas.

La Universidad ni se está poniendo (casi) sobre la mesa de la “calidad” sabiendo que nuestras Universidades no gozan de un reconocimiento alto. Son el contenedor de las mejores personas de nuestra sociedad. O lo debería ser. Y los recortes son tan altos, la participación de la empresa tan escasa, incluso apoyando a becarios con las carreras terminadas que sin salir del sistema educativo fueran ayudados a realizar experiencias investigadoras, que lo que hay que hacer es mucho y pocas las ideas. No hay derecho social a que sean tan brutales el número de alumnos que comienzan una carrera y el número que la termina como no lo es los años de media que emplean muchos de ellos en terminarla y el coste que entre todos pagamos por esta disfunción. A la Universidad todos los alumnos deben ir a trabajar desde el primer día, como muchos, pero no como la mayoría. Y cambiar el sistema de entrada en carreras “marías” que soportan a alumnos que simplemente no quieren realizar esos estudios universitarios, pero sí quieren estar dentro de la Universidad.

Otra reforma educativa ¿servirá para mejorar?

Se va a reforma (otra vez, demasiadas veces) la educación en España, pues lo prometió el PP en su programa y parece que lo va a intentar, que va a cumplir al máximo. Me importa muy poco y por ello no voy a opinar, el cambio de la asignatura de “Educación para la ciudadanía” por otra materia con nombre parecido y contenidos flojos. No van por este lugar los problemas. Hay que poner en valor las materias realmente importantes para ser alumno excelente. 

Las matemáticas, la lengua, sociales o historia deben contar con más horas importantes y totales. Algunas materias siendo importantes para el conjunto de la formación personal, no son imprescindibles cuando de lo que se trata es de preparar a buenas personas que sean capaces de defenderse bien en un mundo globalizado. No apunto a suprimir materias, sino a reordenarlas.

Pero la reforma más importante, la de suprimir un año de ESO y subir un año el Bachiller y la FP de Grado Medio, mientras que se obliga de esta manera a tener que optar por Formación Profesional o Bachiller un año antes —asegurando otra vez que se va a intentar potenciar la FP—, es un gran acierto; al menos en las declaraciones. El primer año de Bachiller o de FP Media será obligatorio para mantener la obligatoriedad hasta los 16 años, lo que dicho así de sencillo me parece una decisión algo coja, si no contempla soluciones para los alumnos totalmente incapaces de seguir el sistema escolar y que si no se buscan alternativas, simplemente servirá para “estropear” el primer año de la FP Media. Se deberían potenciar también Ciclos Formativos de Integración Laboral y Social.

Es cierto que la figura del profesor ha perdido peso e importancia y que hay que ponerla otra vez en valor y respeto. Pero también la del director sobre el resto de profesores y la de la representación social y de padres sobre el Consejo Escolar. Es decir, hay que volver a potenciar como hace muchas décadas ya, los sistemas de respeto entre las partes y los de colaboración buscando la mejora de la educación. Los alumnos son la parte débil pues incluso son atacados por otros alumnos, y esta parte débil hay que cuidarla para que sea efectiva la educación.

Es incomprensible que los alumnos (como mayoría) salgan del sistema escolar sin saber expresarse bien en un segundo idioma, excepto los que han recurrido a sistemas privados de formación añadida. Hay que insistir en la importancia del inglés, nos guste o no nos guste esta decisión. Pero hoy es imprescindible como lo es la informática como usuario. Tal vez sea necesario replantear las actividades extraescolares dentro de los colegios obligatorios, para engranarlos mejor con el conjunto de formación de cada centro, con ayuda de las AMPAS, del Consejo Escolar y del Colegio. Habría que potenciar actividades formativas complementarias y más lúdicas pero dentro del sistema escolar o al menos del edificio escolar, que perfeccionen y concluyan la formación integral del alumno.
Sobre la mejora de la Formación Profesional, son tantas las veces que he escuchado estos deseos y tan pocas la que se han tomado en serio modificar hábitos complejos de renovar, que no sé si lograrán hacer algo serio. Hay que cambiar el concepto del profesorado de la FP, sobre todo en la F. P. Media, buscando más profesores técnicos laborales, excelentes en sus profesiones y que en muchos casos y tal vez por edad ahora están en el desempleo. Hay que motivar a los alumnos y la integración entre estos, sus profesores y la importancia de la formación que se recibe es fundamental. Complejo de lograr si los profesores NUNCA han trabajado en talleres. Hay que cambiar la idea de “colegio” para acercarla más a la de “taller”. Y hay que aumentar las horas prácticas del total de los 3 años de formación, teniendo la opción de estar en al menos dos empresas distintas en este periodo para que conozcan diversas maneras de funcionar de diferentes empresas. Para ello hay que integrarse más con las empresas que colaboran, dando a cambio alguna ayuda como formación para el resto de trabajadores o ayudas para bibliotecas técnicas, por apuntar dos posibilidades posibles.

La Universidad ni se está poniendo (casi) sobre la mesa de la “calidad” sabiendo que nuestras Universidades no gozan de un reconocimiento alto. Son el contenedor de las mejores personas de nuestra sociedad. O lo debería ser. Y los recortes son tan altos, la participación de la empresa tan escasa, incluso apoyando a becarios con las carreras terminadas que sin salir del sistema educativo fueran ayudados a realizar experiencias investigadoras, que lo que hay que hacer es mucho y pocas las ideas. No hay derecho social a que sean tan brutales el número de alumnos que comienzan una carrera y el número que la termina como no lo es los años de media que emplean muchos de ellos en terminarla y el coste que entre todos pagamos por esta disfunción. A la Universidad todos los alumnos deben ir a trabajar desde el primer día, como muchos, pero no como la mayoría. Y cambiar el sistema de entrada en carreras “marías” que soportan a alumnos que simplemente no quieren realizar esas profesiones, pero quieren estar dentro de la Universidad.

La reforma de la educación apunta bien, con matices

Se va a reforma la educación, pues lo prometió el PP en su programa y parece que esta vez sí, va a cumplir al máximo. Me importa muy poco el cambio de la asignatura de “Educación para la ciudadanía” por otra materia con nombre parecido y contenidos flojos. No van por este lugar los problemas. Hay que poner en valor las materias realmente importantes para ser alumno excelente. 

Las matemáticas, la lengua, sociales o historia deben contar con más horas importantes y totales. Algunas materias siendo importantes para el conjunto de la formación personal, no son imprescindibles cuando de lo que se trata es de preparar a buenas personas que sean capaces de defenderse bien en un mundo globalizado. No apunto a suprimir materias, sino a reordenarlas.

Pero la reforma más importante, la de suprimir un año de ESO y subir un año el Bachiller y la FP de Grado Medio, mientras que se obliga de esta manera a tener que optar por Formación Profesional o Bachiller un año antes —asegurando otra vez que se va a intentar potenciar la FP—, es un gran acierto; al menos en las declaraciones. El primer año de Bachiller o de FP Media será obligatorio para mantener la obligatoriedad hasta los 16 años, lo que dicho así de sencillo me parece una decisión algo coja, si no contempla soluciones para los alumnos totalmente incapaces de seguir el sistema escolar y que si no se buscan alternativas, simplemente servirá para “estropear” el primer año de la FP Media. Se deberían potenciar también Ciclos Formativos de Integración Laboral y Social.

Es cierto que la figura del profesor ha perdido peso e importancia y que hay que ponerla otra vez en valor y respeto. Pero también la del director sobre el resto de profesores y la de la representación social y de padres sobre el Consejo Escolar. Es decir, hay que volver a potenciar como hace muchas décadas ya, los sistemas de respeto entre las partes y los de colaboración buscando la mejora de la educación. Los alumnos son la parte débil pues incluso son atacados por otros alumnos, y esta parte débil hay que cuidarla para que sea efectiva la educación.

Es incomprensible que los alumnos (como mayoría) salgan del sistema escolar sin saber expresarse bien en un segundo idioma, excepto los que han recurrido a sistemas privados de formación añadida. Hay que insistir en la importancia del inglés, nos guste o no nos guste esta decisión. Pero hoy es imprescindible como lo es la informática como usuario. Tal vez sea necesario replantear las actividades extraescolares dentro de los colegios obligatorios, para engranarlos mejor con el conjunto de formación de cada centro, con ayuda de las AMPAS, del Consejo Escolar y del Colegio. Habría que potenciar actividades formativas complementarias y más lúdicas pero dentro del sistema escolar o al menos del edificio escolar, que perfeccionen y concluyan la formación integral del alumno.

La Universidad ni se está poniendo (casi) sobre la mesa de la “calidad” sabiendo que nuestras Universidades no gozan de un reconocimiento alto. Son el contenedor de las mejores personas de nuestra sociedad. O lo debería ser. Y los recortes son tan altos, la participación de la empresa tan escasa, incluso apoyando a becarios con las carreras terminadas que sin salir del sistema educativo fueran ayudados a realizar experiencias investigadoras, que lo que hay que hacer es mucho y pocas las ideas. No hay derecho social a que sean tan brutales el número de alumnos que comienzan una carrera y el número que la termina como no lo es los años de media que emplean muchos de ellos en terminarla y el coste que entre todos pagamos por esta disfunción. A la Universidad todos los alumnos deben ir a trabajar desde el primer día, como muchos, pero no como la mayoría. Y cambiar el sistema de entrada en carreras “marías” que soportan a alumnos que simplemente no quieren realizar esas profesiones, pero quieren estar dentro de la Universidad.

Sobre la mejora de la Formación Profesional, son tantas las veces que he escuchado estos deseos y tan pocas la que se han tomado en serio modificar hábitos complejos de renovar, que no sé si lograrán hacer algo serio. Hay que cambiar el concepto del profesorado de la FP, sobre todo en la F. P. Media, buscando más profesores técnicos laborales, excelentes en sus profesiones y que en muchos casos y tal vez por edad ahora están en el desempleo. Hay que motivar a los alumnos y la integración entre estos, sus profesores y la importancia de la formación que se recibe es fundamental. Complejo de lograr si los profesores NUNCA han trabajado en talleres. Hay que cambiar la idea de “colegio” para acercarla más a la de “taller”. Y hay que aumentar las horas prácticas del total de los 3 años de formación, teniendo la opción de estar en al menos dos empresas distintas en este periodo para que conozcan diversas maneras de funcionar de diferentes empresas. Para ello hay que integrarse más con las empresas que colaboran, dando a cambio alguna ayuda como formación para el resto de trabajadores o ayudas para bibliotecas técnicas, por apuntar dos posibilidades posibles.

¿Qué es ser politico ahora?

Creo que los políticos nos deberíamos empezar a preguntar qué debemos cambiar en nuestra manera de gestionar la política, para hacerla visible, limpia, necesaria, utilizable, casi querida.

No exijo respuestas, eso sería ya la panacea del problema, me conformo con ponernos en cuestión el sentido de la política, que ya muchos técnicos y casi todos los demás políticos, saben saltearse para jugar a no dejarse influir. Excesivos servidores públicos por no decir todos, hemos aprendido a no escuchar, más todavía a no tener en consideración el trabajo de otros, a respetar la participación ciudadana o de colegas de gestión, como algo imprescindible para funcionar bien. ¿Y para eso estamos en política?, me pregunto. ¿Qué sentido tiene seguir si no somos capaces de gestionar lo que se nos participa, tanto para decir que si como para decir que no?

Un político es sobre todo un servidor, una persona que ha decidido libremente intentar servir a los demás, gestionando. Nadie obliga a una persona a ser político. No es un oficio real, no debería ser ni una vocación de niños sino una gestión bien pensada y tomada desde la madurez mental de quien quiere entregar a los demás algo. Por eso, jugar a jugar es malo. Por eso medrar y zancadillear es malo. Por eso no pensar en los demás para trabajar por los demás es lo peor.

Y recordemos todos, casi a coro, que gestionar es decir que si o decir que no. Pero con explicación clara y sincera, con valentía y sinceridad sabiendo que el error propio nos acecha siempre.

No es obligatorio ser político. Incluso es bueno dejar de ser político cuando cansa la disciplina y se agota el pensamiento y las ganas de trabajar por los demás. Dimitir es algo positivo cuando falta lo principal, cuando fallan las ganas de ayudar, cuando ya no están cubiertas las necesidades primarias de ayudar a otros. Quien entre en política para satisfacerse moralmente, que siga, es el precio de dedicarse a la política, egoístamente admitido. Pero quien entre para satisfacciones de otro tipo, que abandone, nunca es suficiente el pago, el sueldo, para los tramposos de oficio. Nada vale más que la satisfacción personal.
Si en política hay que discutir para tener razón, tal vez lo mejor es abandonar, pues la razón no se discute, se tiene o no se tiene. Pero no hay que rendirse ante la defensa de los que te apoyan, de los que creen que tu labor es importante para conseguir metas, para evitar abusos. Un político representa un espacio de razón, de ayuda, de gestión. Si se pierde la limpieza, se hunde en el fango. No hay término medio.