26.11.16

Ciudades Jardín. Compactadas o disgregadas

Cuando se habla de Ciudad Jardín, hay muchas formas de diseño: urbanas o periurbanas, compactadas o muy disgregadas. Os dejo arriba una imagen de una Ciudad Jardín compactada y en el casi centro urbano de una gran ciudad, en este caso Zaragoza y su barrio de La Jota, como ejemplo más cercano a nosotros de Ciudad Jardín humanizada, compactada y urbana.

En los países anglosajones es más común encontrarnos con ciudades jardín disgregadas, muy separadas una vivienda de otra, alejados los barrios de los centros urbanos, incluso separados de estos por cinturones industriales. Os dejo abajo dos imágenes de diferentes barrios de la ciudad de Birmingham, localidad del Reino Unido de un tamaño en cuanto a población, pàrecido a Zaragoza. El concepto de servicios en estos barrios es muy diferente. 

En la imagen superior vemos el centro de un barrio Ciudad Jardín, donde se agrupan los servicios públicos y privados, y en la inferior una calle cualquiera donde abundan las zonas verdes públicas, salpicadas de algún edificio público muchas veces colegios o iglesias, y rodeados de viviendas unifamiliares grandes y con bastante más zona verde por vivienda que en el urbanismo del sur de Europa.

La diferencia a favor del sistema del sur de Europa es que estos barrios disponen de más cercanía para tener servicios comunes, sean privados o públicos, mientras que la ventaja en los casos del norte de Europa o los EEUU, es que aunque los servicios están a más distancia y muchas veces agrupados en una sola calle que hace de foco de atracción comercial, el espacio verde y natural que rodea las edificaciones es mucho mayor.

La intimidad urbana, la intimidad de las aceras

Entre los procesos sociales complejos de explicar existe lo que podríamos llamar “intimidad urbana” o intimidad entre las personas que se ven por las aceras de determinados barrios, que nada tiene que ver con esa intimidad curiosamente considerada más común pero menos habitual, que se da entre familiares y amigos. La intimidad urbana es la que se da entre personas que se saludan en las aceras, que se conocen y se van conociendo cada vez más, que nunca han estado en la casa de cada uno, pero que se preguntan por la salud de su padre, el nuevo trabajo del hijo, los análisis de su artrosis o un consejo sobre cualquier otro motivo.

¿Cuantos conocidos tenemos en un barrio de estas características? ¿qué tipo de cuestiones llegamos a saber de ellos, logramos hablar con ellos, en muchos casos más íntimas que con muchos familiares? Puede parecer que no es así, pero sociológicamente sabemos que sí es así. Sabemos si lo están pasando mal, si tienen un problema o una dificultada económica, si son ayudados o no por su propia familia, si necesitan un empuje o un consejo.

Este tejido social que se va conociendo del roce, de actividades de barrio, reuniones locales, de calle o de servicios, es sumamente importante para el buen funcionamiento social de los barrios. Se da sólo en algunos de ellos dentro de las grandes ciudades, es complicado de lograr, no se sabe bien lo que motiva a que estas actitudes sociales se multipliquen aunque sin duda ver a las personas hablar en las aceras funciona muy bien pues es contagioso, y tener actividades de barrio también. No es ser alcahuete, que eso es otro asunto totalmente diferente.

Esa intimidad urbana ayuda a mantener la seguridad urbana de una forma excelente. Casi nada de lo que sucede en el barrio, en las calles de su influencia, pasa desapercibido. Y si no pasa desapercibido, difícilmente sucede y se multiplica sin control. Y además logra que las aceras, las calles, la ciudad sean más amables, más humanas, más compartidas.

El simple saludo es el primer paso. Si te saludan por la calle, sabes sin decirlo que en caso de que te pasa algo, alguien te verá y te ayudará. Si caes al suelo, enfermo o por accidente, en algunas calles nadie se acercará a ver qué sucede. Seas un conocido o un desconocido. Pero en estas calles, en estos barrios, si alguien cae, sea conocido o desconocido, alguien acude a su ayuda, pues quien decide ayudar se siente arropado por muchos otros vecinos.

Hay calles donde el que pide limosna o vende ajos es conocido, el barrendero y el cartero es muy conocido. Se le ayudará o no, pero se le conoce pues forma parte de la vida del barrio. Si llega una persona nueva a pedir a una esquina o a vender fruta, a las pocas fechas se le conocerá, y si cambia cada día se sabrá. Y se tomarán medidas de observación, de control pasivo, de revisión, de decisión silenciosa muchas veces. ¿Es suficiente? Pues sin duda es necesario y en muchos casos sí es suficiente. No es un sistema de control Gran Hermano, es un sistema de autodefensa y de relación social. Donde no hay intimidad urbana, hay cámaras de seguridad para vigilarnos a todos.

25.11.16

Zonas verdes mal cuidadas en San Jose de Zaragoza

Hoy Heraldo de Aragón recogía la queja vecinal del barrio de San José de Zaragoza, por el mal cuidado de sus zonas verdes. Una repetición en muchas zonas de toda la ciudad, que no siempre se sustenta en la situación económica municipal, sino en el mal trabajo de las empresas contratadas y que no cumplen con la calidad en su trabajo.

Césped descuidado y con grandes calvas muy mal resueltas —y si tienen dudas en la empresa que hace la contrata para el Ayuntamiento de Zaragoza, que pregunten cómo las resuelven en Madrid la empresa Acciona— bancos y farolas en mal estado, fuentes cerradas o caminos sin acondicionar. Falta mantenimiento incluso básico en materia de vegetación, infraestructuras y accesos de estos entornos naturales.
               
La explicación que desde el Ayuntamiento dan a esta situación la explican en “el abandono que ha imperado durante mucho tiempo en esas áreas”. Así, para el presidente del colectivo, Nacho Lasmarías, no ha sido tanto un problema de un grupo político u otro, sino que “ha existido una falta de seriedad por parte de FCC Parques y Jardines, que ha sumado años de dejadez en tareas como la limpieza, el riego…, pudiendo deberse esto a que no hay personal suficiente”. Se nos debe olvidar que en este país tenemos un índice de desempleo inmenso.

En el capítulo de reclamaciones, el Jardín de la Memoria centra gran parte de las quejas, y su rehabilitación es incluso urgente. Nacho Lasmarías comenta entre las medidas necesarias la de replantar árboles y césped, limpiar las pintadas y grafitis, y adecuar las orillas de la acequia donde la vegetación crece descontrolada. “Prácticamente no funciona ninguna de las fuentes de agua potable, el estanque necesita una limpieza y que se repare su sistema de iluminación, hay que repasar las marcas de la pista deportiva y uniformar las tulipas de las farolas, por ejemplo”, ahonda el representante, quien defiende que si el estado de este lugar fuese mejor, sería más frecuentado por los vecinos.

El parque más extenso del barrio de San José de Zaragoza, el de La Granja, es “el que en peores condiciones está” en opinión del presidente de la asociación de vecinos de San José. Además de las pintadas, la suciedad y las deficiencias en las zonas ajardinadas, los elementos ornamentales están muy deteriorados.

Longares. Urbanismo circular como método de defensa

El diseño de las ciudades guarda en muchas ocasiones unos trazados muy antiguos, creados para la defensa o basados en costumbres sociales que en nuevas civilizaciones resultan curiosas y complejas de entender.

La localidad de Longares, muy cerca de Zaragoza, conserva un trazado circular casi perfecto, de calles estrechas y sinuosas, callejones que no se terminan de comunicar, encerradas todas ellas en una calle más ancha que servía de amurallamiento exterior de la ciudad, creada para su mejor defensa. Las traseras de los edificios servían de muralla, y así se permitía tener pocas puertas de acceso al interior que además eran fácilmente cerradas.

Adentrarse por estas calles para conquistar la ciudad, podría ser en tiempos de infantería, una labor casi imposible. Solo cabía el Sitio lento que acabara por agotamiento y enfermedades con los sitiados, si no existía artillería o caballería en condiciones. Y si vemos también la indicación del edificio religioso, vemos que todo gira alrededor de la mezquita o de la iglesia, como núcleo central que hay que proteger más detenidamente.

Todo esto sumado al tipo de ciudad árabe que buscaba el aprovechamiento total de las zonas públicas para usos privados de crecimiento de los edificios, con patios interiores y casi nulas ventanas exteriores, podían convertir en aquellos siglos a las ciudades, en ratoneras para los forasteros que acudieran con malas intenciones.

Nota.: Imágenes de Google Earth

23.11.16

Parques nuevos en las ciudades viejas

Hablaba el otro día de los nuevos parques privados que vamos construyendo por las ciudades, y a los que llamamos Centros Comerciales. Parques 3.0, no para descansar sino para consumir. Pero parques en cuanto nos atrapan en nuestro tiempo libre, para llevarnos por calles donde nos ofrecen aquello que llegamos a creer que necesitamos. Ya no es césped o árboles, agua o el sonido de pájaros, sino colores y precios, servicios y entretenimiento.

Hay poco que añadir, excepto el ejemplo de que cada vez se parecen más a las calles abiertas de nuestras ciudades. Bancos para descansar incluso con cargadores para teléfonos móviles o tabletas. Lugares con wifi gratuito o zonas donde puedes disponer de los servicios que hasta ahora solo se podían comprar en la calle abierta. Loterías, pequeños juegos para los niños, fotomatones, máquinas de refrescos, pequeños espacios de teletiendas, cafeterías o pequeños comercios ambulantes.

El gran fracaso de estos nuevos parques es el del mantenimiento de la atracción hacia sus visitantes. La infelicidad de los clientes es brutal, excepto por los usuarios de la zona donde se asientan. Por eso los Grandes Centros Comerciales en las afueras de las ciudades deben ofrecer un valor añadido que nadie más desde la competencia pueda ofrecer.

Y por eso mismo su futuro depende de abrirse junto a donde están los clientes. En unos años solo tendrán sentido si saben vivir como Centros Comerciales de Barrio, de Distrito. Y adaptar su oferta variada y entretenida a los vecinos, como un parque de entretenimiento donde los vecinos vayan a pasear y a comprar desde la fidelidad.

Lo importante para un Centro Comercial no es que compres. Ellos lo saben muy bien. Lo importante es que vayas y entres. Los “pasajeros” que pasean son un activo a lograr. Si en un lugar de estos Centros Comerciales o Parques 3.0 hay mil personas paseando pero solo compran 100 clientes, es mucho más éxito de cada al futuro, que si solo tiene 200 personas en su interior  y compran 125 clientes. El que entra…, compra o no compra, pero crea la sensación de “vida” y eso ayuda a que los demás compren más y vuelvan en más ocasiones.

22.11.16

Parque de la Sedetania, Zaragoza, Delicias

El Parque de la Sedetania en el barrio Delicias de Zaragoza es un ejemplo de parque de barrio, nuevo y rodeado de los edificios de su zona de influencia, que sobre todo presta un servicio perfecto a los ciudadanos de su zona por la cercanía de las zonas verdes a los patios de entrada a los edificios. No hay calles que separe el parque de “las cuevas” de los vecinos, lo que ofrece una sensaciçon de naturaleza más acrecentada.

La entrada al parque no puede ser más triste y equivocada, con un cartel totalmente destrozado, escondiendo en realidad un parque bien cuidado, con muchos servicios para todas las edades, con agua en numerosos fuentes ornamentales, grandes bancos de diseño y zonas de sombra.

El diseño del parque está realizado siguiendo las nuevas formas de entender las zonas verdes de barrio como lugares plurales de paisajes, mezclando zonas de descanso en praderas de césped, con zonas de árboles de diferentes clases, paseos con fuentes planas, o incluso zonas para reunirse más personas a conversar o a estar juntos haciendo lo que les plazca.

Juegos infantiles bien construidos y cuidados y zonas de gimnasia para adultos y tercera edad, en cantidad suficiente como para hacer pequeños circuitos adaptados. Pistas de petanca y mesas para poder jugar a juegos de mesa. Una pequeña pista de patinaje y alguna construcción escultórica no siempre bien conservada por un cuidado inferior al necesario.

En la mitad del parque, al lado de la Vía Hispanidad (la calle más importante de la zona), se encuentra una escultura de hierro con pie de hormigón, que representa la figura de un velero con la Virgen del Pilar de mascarón de proa, y a ambos lados la decoran relieves precolombinos con figuras y jeroglíficos. Esta escultura no la he fotografiado pues no está la zona de cemento en condiciones de mostrarse en estos momentos, llena de pintadas y en mal estado de cosnervación.


El parque recibe el nombre de la comarca en que se crearon los asentamientos de Salduduie-Caesaraugusta, pueblos íberos del siglo III a.C situado en el valle medio del Ebro que fundaron la actual Zaragoza.

En total son unos 47.000 metros cuadrados de zona verde irregular, que envuelven a tres grandes zonas de edificios de gran altura que quedan integrados dentro del parque.


El ojo que todo lo ve en la calle, eres tú

Determinar por qué motivos hay violencia en las calles de las ciudades no es un asunto fácil ni cerrado. Debemos recurrir a la sociología y fijarnos en una serie de conceptos nada fáciles de detectar y de ampliar. No hay más seguridad porque haya más policías. Hay más seguridad porque hay menos personas que desean delinquir, que es muy diferente. Y porque hay más personas observando la calle desde la calle.

Aunque podamos pensar lo contrario, no hay más delitos en las calles de los barrios que en los centros de las ciudades, y eso depende además de por la expectativa del tamaño del éxito de los “malos”, por el vaciamiento de ciertas zonas del centro de las ciudades que sufren un decaimiento de su actividad como barrios o como pueblos cerrados y conocidos entre los habitantes.

En las calles de los barrios consolidados (casi) siempre hay personas por la calles. Personas conocidas mezcladas entre las personas desconocidas. Las personas expulsan a los delincuentes con su simple presencia pasiva. Incluso los vecinos que están asomados a las ventanas, que se conocen y se miran o se paran a conversar con otros, dan sensación de que se conocen con todos, y sin darse cuenta ahuyentan a los “malos”. Incluso los “malos” viven en barrios donde no quieren inseguridad, donde participan de su seguridad pasiva.

Para ello los comercios de proximidad, las tiendas de barrio, los bares y los servicios públicos abiertos, incluso los bancos para descansar, ayudan y mucho a esa seguridad pasiva muy efectiva. El delincuente quiere realizar su labor y no tener problemas…, y no ser visto y señalado. El malo quiere seguir siendo malo…, mañana otra vez.

La seguridad pasiva de las calles principales de los barrios con comercios, se extiende a las calles secundarias, pues en caso de huir tienen que pasar por las calles principales. Y el malo si tiene que elegir zonas, siempre elige sobre la que pueda huir con facilidad.

La limpieza y la sensación de cuidado, ayuda y mucho a que las calles estén seguras. La teoría de “las ventanas rotas” explica desde hace décadas este proceso. Nunca hay que permitir que en un barrio haya pintadas descontroladas, ventanas rotas, edificios con sensación de abandono, zonas con basuras, pues éstas atraen sin dudar a los delincuentes, que se creen que aquellos espacios no tienen quien los cuide. Creen que nadie los observa.

Cuando en los barrios falla el sistema pasivo de seguridad, basado en las personas sobre la calle, se tiene que recurrir —hasta que inventemos otra cosa— a las cámaras de seguridad por las calles. En algunas ciudades del Reino Unido resultan sorprendentes por su número, incluidas dentro de los servicios públicos como en los autobuses urbanos, donde hay hasta tres cámaras en diferentes puntos dentro de cada uno de ellos.

Lo más eficaz para estar seguro es sentirse seguro. Estar en la calle y pasear, creen en el saludo a los vecinos y comprar en tu propio barrio para crear tejido social. A veces tener un determinado local comercial o de ocio, representa un seguro contra la delincuencia, por el gran número de personas forasteras que atrae, aunque la sensación de los vecinos sea otra bien distinta.