15.10.20

¿Qué parte del éxito supone el saber vender bien una idea o proyecto?


Para que un trabajo nuestro tenga éxito debemos ser insistentes y originales. Sabemos que nuestra formación y nuestros conocimiento, incluso sumado a nuestro trabajo para lograr construir una buena idea suponen el… 10% de lo que necesita esa idea para triunfar.

¿Sólo el 10%? ¿Y el restante 90% qué es, de qué se compone?

Pues el 90% restante se compone de… saber venderla, darla a conocer, defenderla y creértela de forma insistente y tozuda. 

Con el 10% tu idea o trabajo será BUENO. Pero necesitarás el 90% restante para que sea excelente y para que logre triunfar e imponerse a otras ideas y trabajos. 

Es decir, sería muy posible que otras ideas peores que la tuya triunfen si la saben vender mejor. ¿En dónde nos enseñan a vender ideas y proyectos? Pues tal vez en ningún lugar, por eso a veces fallamos de forma estrepitosa. 

Comparemos el COVID con la II Guerra Mundial


"Cuando termine la tormenta, probablemente ni siquiera sabrás cómo la cruzaste y saliste vivo. De hecho, ni siquiera estarás seguro si se acabó" -
Haruki Murakami

Ayer en una reunión de Sanidad estuvimos dos horas analizando el momento actual, los errores y desfases,  incluso las responsabilidades de todos nosotros. Pero si hubo un item que hoy quiero sacar aquí, no es precisamente la crítica hacia los que gestionan, que sin duda dejan mucho que desear. Pero son los que son y posiblemente no son los mejores, aunque son los que han dado un paso al frente, pues algunos se han escondido. 

Quiero hablar de nosotros, de lo que creemos que estamos para mirar y sufrir.

En todo proceso social histórico de crisis severa se necesita la implicación contundente de la sociedad para salir de los problemas, para volver a edificar la normalidad. 

A nivel individual, cada uno de nosotros tenemos que ayudar, en vez de zancadillear o criticar en donde no sirve criticar. 

Recuerdo que en una visita histórica sobre la II Guerra Mundial hace muy pocos años a la ciudad de Dresde, tras ver lo que quedaba real de toda su enorme catedral y lo que se había tenido que reconstruir se nos informaba de la implicación de la sociedad derrotada para reconstruir su ciudad. 

Como no había fábricas de ladrillos, tampoco máquinas ni materiales, quien sabía o podía hacer de albañil reconstruía edificios, y quien no podía o sabía hacer paredes estaba asignado a recoger ruinar y a limpiar ladrillos derruidos, recuperar trozos de paredes, limpiar calles, atender a enfermos.

Sin la implicación de la sociedad alemana, la derrotada, no se hubiera levantado Alemania Occidental ni tan rápido ni tan positivamente. En la Alemania Oriental las cosas funcionaron de otra manera y la implicación del Estado fue mucho mayor y la de la población mucho menor. No se trata de comparaciones siempre odiosas, sino de saber que siempre hay distintas formas de actuar, de dirigir.

Cada uno de nosotros somos necesarios y no podemos permanecer ante el problema de la pandemia, simplemente criticando, insultando incluso. 

¿Cuántos vecinos de tu escalera necesitan apoyo? 

¿Cuánto hace que no eres voluntario en alguna Asociación? 

¿Cuantas veces te has mordido la lengua, pensando que era mejor callar si no se aporta nada para la solución, y en cambio has trabajado para que en las responsabilidades estén los mejores? 

¿Cuántos bulos han frenado? ¿Sabes el daño que hacen las informaciones mentirosas e insultantes?

¿Sabías que los Médicos de Familias están muy cansados y además muy desmoralizados pues ahora han pasado de recibir aplausos a recibir insultos por todos los sitios, incluidas llamadas telefónicas?

Nota.: Los edificios públicos fueron los últimos en restaurar o reconstruir. En esta iglesia podemos ver claramente diferenciados los pocos ladrillos de antes de la Guerra y los muchos que se tuvieron que construir nuevos pues el resto o quedaron destruidos o se utilizaron para otros edificios civiles.

Humor del año 1973, para comenzar el día


Humor del año 1953, solo son casi 70 años de nada. Pero sí, el humor ha cambiado en estos años. 

14.10.20

No son burros, son asnos. Gestionan y mandan, pero no ven


Los líderes actuales, de la sociedad, de la cultura, de la política sobre todo, son como estos machos (asnos) que refleja tan bien El Roto en el diario El País. Animales de carga, de gestión sin mirar a sus lados, capaces de obedecer no se sabe bien a quién, y poco más. 

Se parece mucho entre ellos, algo les cambia el color de la piel, tal vez los atadijos, pero por lo demás todos están callados, obedientes al poder de la vara en forma de Sistema Económico y de tranquilidad, e incapaces de hacer un trabajo si no es gestionado con la vara que puede venir de Europa, de los EEUU o de las grandes empresas amigas o no, que son las que les mantienen el establo un poco limpio.

Cada momento es único, diferente a todos los demás. Ichigo Ichie


Escribíamos ayer sobre el "ikigai" en esta entrada, hoy vamos a referirnos a "ichigo ichie" otra expresión japonesa que nos indica el placer de hacer una sola cosa muy bien. Si en el caso del ikugai hablábamos de que nuestra vida merezca la pena, para que la vivamos  con calidad y entrega, en el caso de ichigo ichie de lo que se trata es de convertir una de nuestras actividades (la que estamos haciendo en ese preciso momento) en algo único para nosotros, en un trabajo que debemos cuidar, mimar.

Se trata de poner en valor máximo (ichigo ichie) cada momento que vivamos, de no estar haciendo tres cosas a la vez, de centrarnos en una sola y dedicarnos a ella.

Si estamos tomando un café con un amigo, dediquemos ese tiempo solo a eso, a tomar un café con ese amigo. No debemos distraernos, atender llamadas, divagar, irnos a otros espacios mentales. Cuidamos las formas, disfrutemos de ese tiempo, de ese acto.

Debemos aprender esa capacidad de algunas culturas de disfrutar del momento, de estar solo muy atentos a cada momento que vivimos. Disfrutar de una compañía, de un trabajo, de una ceremonia, de unos sabores, de un acto cultural.

Yo mismo acudo a exposiciones con normalidad y me dedico a fotografiar las obras que me interesan (si me dejan). En realidad ni disfruto del placer de fotografiar, ni disfruto de las obras. Es luego en casa y revisando las imágenes cuando percibo detalles que se habían escapado. Pero he perdido el sentido real de la visita, no he sido capaz de disfrutar con ichigo ichie de las obras por estar haciendo dos cosas a la vez. 

Cada momento es único, diferente a todos los demás. 

Si no sabemos saborearlo lo habremos disfrutado a medias.


Queremos que Papá Estado nos lo resuelva. Pero le odiamos


Si todo es responsabilidad de la política, de Papa Estado, y además no la respetamos e incluso la odiamos ¿hacia dónde nos dirigimos? Queremos que nos resuelva todos los problemas, pero ni obedecemos ni respetamos. ¿De verdad creemos y queremos que Papá Estado va a ser capaz de resolvernos los problemas como si nosotros fuéramos niños?

13.10.20

El Sentimiento o la Razón de Vivir. Nuestro ikigai

Vamos a rascar un poco sobre una palabra japonesa que es un sentimiento, una sensación vital que desde nuestra cultura también debemos abrazar. Se trata de "ikigai" traducido al castellano como un proceso de búsqueda de la razón de seguir bien vivos, peleando, creando, trabajando con ganas de hacerlo cada vez mejor. 

El Sentimiento o la Razón de Vivir.

Tenemos una profesión, y lo bueno es que además fuera nuestra vocación, esa misión vital que debemos cumplir en la vida con toda la pasión de la que seamos capaces de añadir. 

Encajar bien aquello por lo que te pagarían un sueldo, con lo que sabes hacer bien, con aquello que te gusta hacer y con lo que la sociedad necesita que se haga. 

En realidad tenemos a lo largo de nuestra vida varios ikigai, no siempre es el mismo ni incluso parecido. Es el motor que nos mueve, la "meta" hacia la que nos dirigimos con todas las sensaciones (no solo la económica) para convertir nuestra vida en algo que merece la pena para los demás y para nosotros mismos.

Esta palabra refleja una sensación vital a modo de pregunta: Estoy Vivo y debo tener una Razón para vivir.

Ser útil para la sociedad es una de las razones más poderosas para estar feliz, para sentirse contento contigo mismo. Y esa simple felicidad sirve para alargar tu vida y sobre todo para complementarla, para llenarla de sentido. 

Pero el ikigai es algo que tenemos que notar nosotros mismos, no podemos esperar a que nos lo hagan notar, depende de nosotros, de sentirnos bien por sentir que merece la pena estar vivos haciendo lo que nos gusta y para lo que valemos. Comprendernos y saber qué fuerzas tenemos para poner en funcionamiento una vida, la nuestra, que sirve para los demás.

El ikigai está para ser expandido, no se puede quedar dentro de nosotros, no se puede estancar en el pensamiento. Es una labor activa, una categoría vital que hay que practicar y entregar. El ikigai es para hacer, repartir, practicar, mejorar constantemente todas las horas de cada día. 

El motivo por el que nos levantamos cada día para expandir la energía, repartir el trabajo y nuestros conocimientos.

Pero es posible que con el tiempo perdamos ilusión en nuestro propio ikigay, que empecemos a dudar de su eficacia, de la nuestra, de su sentido. Para ello hay un consejo sencillo. Hay que volver a la infancia.

Cuando somos niños o jóvenes nos vamos haciendo ilusiones de futuro, nos planteamos búsquedas para saber qué queremos ser en la vida, qué somos capaces de hacer. Es posible que en esos tiempos puede que incluso lejanos, hayamos dejado olvidadas algunas actividades que no hemos sabido o podido poner en práctica.

Y es posible que esos ikigai puedan retomarse otra vez, podamos volverlos a convertir en un primer plano vital, en los nuevos ikigai que nos vuelvan a dar energía, pues ya al principio decíamos que en nuestra vida no tenemos un solo ikigai sino varios. 

Crecemos, cambiamos, nos cambian las circunstancias y por ello debemos cambiar nuestras formas de encarar nuestras vidas y nuestras actividades.