7.3.26

La IA entra en la guerra


Militarmente hasta no hace mucho, cuando se querían lanzar 1.000 misiles contra unos objetivos diversos, un equipo de técnicos humanos decidían el ataque, la frecuencia, los objetivos y el orden de los lanzamientos, la cadencia entre estos, y el tipo de armamento o explosivo que se utilizaba en cada uno de esos misiles.

Hoy todo eso se ha simplificado con la Inteligencia Artificial. No tenemos duda de que ahora es la propia IA la que decide la secuencia de los lanzamientos, para optimizar los resultados. Llamo optimizar, a lograr más muertos inocentes. El lenguaje te permite estas florituras.

Todas las guerras sirven para explorar nuevas armas, nuevos modelos de muerte, diferentes servicios de ataque y defensa. Y luego con el tiempo, algunos de esos inventos se intentan trasladar a la sociedad, para sacar rédito de su comercialización como productos de consumo. Dos veces negocio.

No es necesario que esto lo admitamos como positivo, es un horror, pero es un horror y un error humano, hecho por humanos. Por animales humanos.

5.3.26

El silencio de Friedrich Merz, canciller alemán


No es sencillo olvidarse de la imagen de Friedrich Merz, canciller o Primer Ministro de Alemania, en la reunión don Donald Trump, mientras este anunciaba a los medios de comunicación que España, otro país de la UE como Alemania, era poco menos que una mierda. 

Mientras el presidente de los EEUU amenazaba a España con cortar todo trato comercial, el mismo que se ha usado durante décadas contra Cuba, el canciller de Alemania permanecía en silencio, sin gestos, callado, quieto, sin dar una simple respuesta lógica, al menos de que ese anuncio es imposible sin que afecte a toda la Unión Europea.

Alemania no es cualquier país, merece un respeto y un trato con mesura por parte del que se auto proclama el dueño del mundo. El silencio es cómplice en este caso, y no representa a Alemania. 

Mucho cuidado con los gestos a favor del matón de la clase, pues no solo lo hace crecer, sino que aumenta su sensación de que todo lo está haciendo bien.

¿Qué quiere ser Europa de cara al futuro? El mundo no es solo los EEUU, y los errores de todos, siempre se pagan.

4.3.26

Irán 2026. Ya te lo dijo Moshé Zonder


A mí esta guerra ya me la han contado. Durante la hospitalización de mi madre cayó en mis manos un libro de aventuras extraordinario, que narra la salida en los primeros años 70 de Gran Bretaña del control al alimón con el sha Pahlevi del Estrecho de Ormuz y la adjudicación con mordida a los clanes de las dunas –Borbón vive allí- de cada concesión petrolífera de los eriales de su propiedad. La novela “Dubai” de Robin Moore.

En los mares territoriales en que se hallaban las principales bolsas de crudo, la cosa se puso más caliente antes de la primera crisis del petróleo, que el mercado del oro como ésta ya vaticinó con subidas siderales. Que alguien me explique en términos no económicos la partición de la desembocadura del Tigris y el Éufrates, el río-estuario Shatt-al Arab, entre Kuwait, Irán e Irak a base de rayas rectas. Río que significa el de la costa de los árabes cuando se halla compartido por los persas.

La novela de que os hablo anticipa la eclosión de Abu Dhabi, Dubai y el Sultanato de Omán –el del Simbad el Marino y cuyos capitales o navegantes extendieron una bella arquitectura árabe de puertas de madera labradas y torres de ventilación para crear corrientes en costas de calor inhóspito que llegó a Mombasa, Zanzíbar y Tanzania- como centros cosmopolitas en que se asentaron con arbitrario permiso de los emires aventureros americanos, navegantes traficantes con crudo, oro y perlas y demás intrigantes, que se reunían en los hoteles y bares que tuvieron las primeras licencias para expedir gin-tonics. 

Un negocio perfecto cuyo modelo siempre fue el crecimiento de Singapur y los combinados de su hotel Raffles.

El efecto en España y en el mundo de su actual, enésima escaramuza anglosajona y europea (los israelíes van de que lo son) con el gigante cultural del norte, pues Irán gobierne quien gobierne siempre es Persia, será el de la vuelta del mundo a una inflación más que desatada, no evitada, por todos deseada y que le viene a Sánchez de perlas para no convocar.

Para cualquier vecino del quinto como yo, el pregón es el que sigue: hoy han vuelto las colas en las gasolineras, las promociones de viviendas ejecutadas desde los años noventa hasta la fecha cuya casi exclusiva fuente de calefacción es el gas argelino –aliado siempre presente modulador de la política internacional española- son una superestructura que no permite la frivolidad de que las pasemos a hilo radiante en cuatro días ni tenemos soberanía energética. 

Se avecina —para los que se comen una pero quieren contar veinte—  viajar a precios astronómicos, el relativo final de que la clase media europea con o sin el paraguas nuclear de Francia tenga acceso a esos lujos, como ya lo veníamos teniendo a no poder dormir en Madrid menos si cambias tu casa por otro. 

Tendrá efectos positivos, los padres pasarán a que no se les caiga la baba la despedida de soltero del amigo de su hijo a 3.000 por cabeza en una ciudad con encanto.

Qué decir de cómo nuestras embajadas del Golfo y la sociedad en su conjunto nos tengamos que desvivir por salvar la vida a jóvenes que se hacen selfies en Doha, por repatriar a mazados de gimnasio que gritan como críos consentidos (exigen la salvación portando móviles con garras de rapaz que graban drones), por recolocar a los controladores aéreos con diez veces más su sueldo en la tolerante sociedad para lo que quieren emiratí, nuestros emigrados vip.

Presuntos aventureros que son ciudadanos de su mundo a los que, nos lo exigen por interés particular, se repatriará con el dinero de todos como a los montañeros sin federar se les venía fletando un helicóptero gratis para sacarles de un glaciar al que habían subido sin ningún respeto. Al grito de soy un disfrutón.

Esta guerra y el control del uranio enriquecido, la capacidad de soborno de unos y otros, los efectos del fuego amigo y de los comandos para ejecutar el terrorismo de estado, ya me los habían contado con parcialidad, reflejando la lucha de Israel por la libertad como artificio superador del derecho internacional, en “Teherán” de Moshé Zonder, como la reacción contra la intifada en “Fauda” de Lior Raz, su actor principal.

Esas series son muy creíbles pero desprenden el desigual valor de la vida de los mártires de uno y otro bando (o incluso de los tres en que están subdivididos).

Basadas en experiencias personales de los guionistas, sin el filtro que les daría la literatura de David Grossman, sus capítulos pasan en las conversaciones de los protagonistas con una naturalidad sideral del inglés al hebreo, del farsi al árabe. Debe recordarse que el Mossad utiliza agentes descendientes de los judíos mizrahí, los de las comunidades orientales que constituyeron gran parte de la base económica de Bagdad, Isfahán y Bujara. Comunidades con dos mil años de Pesaj a cuestas en territorios que ni eran musulmanes.

No hay alusiones en sus guiones al Yemen tribal, a los misiles rusos en Siria. Hay pocas a la dinastía saudí post Faisal que parte el bacalao moral al custodiar los lugares santos de La Meca y Medina. 

Sí revela en concreto “Tehran” la condición noble del pueblo persa que invoca Trump como no árabe –claro que no, el pueblo noble es el de Aragón-, el eterno retorno del eje civilizado ario del que el Tercer Reich era fan.

Resulta más completa para comprender el sancocho del Golfo Pérsico o Arábigo –la distinción no es moco de pavo, son el mismo- la relectura de la citada novela. Robin Moore, ese pedazo de adelantado a nuestro tiempo en estos tiempos de protección de los datos que les dé la gana, y transparencia opaca.

No os quedéis solo en el evangelio televisivo y los salmos según San Netanyahu, que tanto añoran los tiempos en que Teherán fue el principal centro de espionaje y control anticomunista, meted a China y Rusia en la ecuación, con la embajada americana y el reconocimiento a Israel del sha como ejes. 

Qué bien se comía entonces según Moore en sus restaurantes a la francesa a base de vodka helado -pues los iraníes se subraya que eran de relajadas costumbres coránicas- con caviar azerí o del beluga Tanit del Caspio iranio. 

Hoy en las series israelís, sale que los jóvenes de la resistencia iraní a los que están masacrando son hedonistas y se endrogan, visten muy bien porque además son guapísimos –los actores hebreos que les dan vida-.

Qué esplendor el del arte persa safávida de Ispahan y sus puentes cubiertos sobre el río Zayandeh nacido en los montes Zagros. Debemos a Irán los ladrillos vidriados, la suntuosa poesía farsi, el arroz pilaf con pollo y granadas, el concepto de jardín con árboles frutales como remedo del paraíso con el que nos solazamos en la Aljafería y el Generalife.

Puestos a comparar, quizá nuestro intercambio con Estados Unidos no haya sido mayor y, tiene arte el equilibrista Sánchez (y el gas argelino y los que mandan en las refinerías españolas detrás) en sostenella y no enmendalla, no solo en clave de que se lo exija la política interior española. 

Soy de los que piensan que Sánchez no está tan solo en las reuniones de la Unión Europea ni desafiando a la actual élite política americana y será una cuestión de tiempo su reconquista a partir de nuestra lengua. Tiene detrás a muchos Soros que cada día pueden engrasarle.

Peor es reconocer que Israel y los marines ejecutan decisiones en que participan los neutrales saudíes, emiratíes y pakistaníes. Como entren en suelo persa, volveremos a las andadas talibanas y quizá haya un efecto en Europa y España de descontrol de la población islamizada radicalizada. 

Esa con la que sí sabe qué hacer, pero dilapidaría el derecho de fraternidad, el presidente Macron que no podrá meter submarinos nucleares pore el Sena arriba para controlar sus propios banlieux. Europa tiene otro concepto de la legitimidad de las razones de Estado, en términos éticos y estéticos, tontadas de sus presidentes aparte.

Al Séptimo de Caballería decimos: ojito droniceis el puente de Shahrestan, ya lo hicisteis en nombre de la cruz con el de Mostar dejando hacer a los croatas, los buenos sucesores ustachi.

Poeta sublime que porta como apellido el varietal que da un vino balsámico y terroso de mi gusto, en el siglo XIV, Shams ud-Din Mohamad Hafez Shirazí regaló a la humanidad el siguiente oasis:

La fortuna es aquella que sin exceso de dolor se alcanza. Con esfuerzo y trabajo, el jardín del Edén es poca cosa.

A la orilla del mar de la aniquilación estamos, oh copera, apura ya, que del labio a la boca es poca cosa. Sé cauto, asceta, no te fíes del juego del orgullo:

Vive y no dejes morir.

04.03 Luis Iribarren

No a las guerras

La intervención del presidente de España, de Pedro Sánchez en Moncloa, ha sido muy clara. Las guerras no sirven para nada, y tras relatar un buen número de opciones en las que interviene una guerra contra las sociedades, ninguna sirve para explicar una guerra. 

Ninguna guerra sirve para mejorar las sociedades.

La guerra en Irán ha comenzado sin valorar todos los elementos claves de cualquier conflicto, es decir, es una decisión unilateral de dos personas, ajenas al sentido común y a la inteligencia política que enmarcan los valores básicos del mundo en este siglo.


En las guerras siempre mueren primero los inocentes civiles,
comienzan cuando lo decide alguien desde un despacho, son carísimas, no mejoran ninguna sociedad, tampoco mejorar a quien en teorías las gana. y el riesgo es tremendo de que todo explote sin medida.

Hasta los más tontos de la clase, saben que cuando se meten con otros alumnos lo hacen con los débiles. Ha sido así desde tiempos no escritos. 

¿De verdad alguien se piensa que Irán es un estado débil? 

¿No sirve de nada la OTAN ni la ONU, para no ser ni siquiera consultados?

¿En qué papel queda la Europa Unida con estas decisiones que dividen, crean conflictos personales entre países?

¿Alguien se da cuenta del problema que supone para Oriente Medio este conflicto en toda su dimensión?

¿De verdad se puede decir que este conflicto no se puede contagiar todavía más?

¿Alguien ha diseñado la forma de salir de la guerra y sus objetivos mínimos, o solo la manera de entrar para machacar estratégicamente, sin valorar sus consecuencias contagiosas?

Cuidado con los análisis tácticos que mal realizados nos van a engañar. No es posible vencer a Irán, aunque sea una dictadura tremenda. Solo puede explotar desde dentro. 

La ambigüedad de China o India es clara. La no intervención de Rusia o Corea del Norte no es algo decidido con rotundidad. Se ha puesto en un grave peligro a Europa, a Turquía incluso, al Norte de África, a Japón o Corea del Sur al que se le obligará a tomar una postura. 

No a las Guerras, pues simplemente no sirven de nada en estos tiempos. 

Pero si son inevitables, hay que analizar muy bien todo el proceso que sirva para acercarse a la Paz. Hacer guerras por chulería es sumamente peligroso.

Julio Puente


3.3.26

Reflexiones sobre Irán

El mundo tiembla ante una guerra que no parece corta, en donde la multiplicación o contagio hacia países vecinos, hace temer que tengan que finalmente intervenir otros países más lejanos. 

Hoy existe silencio en grande países militares, silencio obligado por las circunstancias del momento bélico. pero en una guerra a medio plazo, tendrán que intervenir. Hablo de China, Rusia, Turquía, India y Europa.

Tendríamos que poner en contexto qué es Irán, para repensar todo el problema en su tamaño. Es un país con algo más de 100 millones de iraníes —entre los 93 del interior y cerca de 10 en el exterior— y un tamaño como país de unas tres veces España. En tamaño para tener una ideas es mayor a la suma de Portugal, España, Francia e Italia.

Solo la capital tienen más de 9 millones de habitantes. Más que toda Andalucía. Estos números lo pongo encima de la mesa para entender que es un territorio grande, un país complejo, en donde los posibles soldados de invasión, la tropa militar de cualquier otro país, no tiene posibilidades de éxito sin grandes masacres.

Un país con siete fronteras terrestres con diversos países y muy dividido por cadenas montañosas que lo trocean en bloques casi imposibles de invadir. 

La guerra de bloqueo, de bombardeos constantes, de intentos de sublevación interior, es la única posible a medio plazo. Y eso lo saben bien desde Israel o los EEUU, que tienen suficientes asesores dentro y fuera de Irán.

Y la pregunta es fácil. Irán no va a ganar, pero… ¿y si no pierde? 

Su economía sí es capaz de aguantar tiempos malos, pues su sociedad ya está acostumbrada a los sacrificios. La explosión interior parece complicada y además sin un horizonte sencillo para construir una alternativa fácil.

Incluso cayendo destruido su enorme poder religioso, quedaría un poder militar que sería complejo de mantenerlo callado y doblegado, ante su enemigo vecino Israel. 

Las dos próximas semanas serán decisivas en entender hacia dónde camina este conflicto. Pasados esos días, será inevitable pensar en un conflicto de como poco bastantes meses y de compleja solución, por mucho que se machaquen sistemas de defensa aérea. 

Es un país que no se puede invadir, y que por ello su cambio importante solo puede venir desde la implosión de lo que ya existe.


2.3.26

Robert Duvall, resultón confederado


Mi madre resurge cual ave fénix, después de un invierno muy amargo, sobrevolando una nueva primavera. Su generación artística muere por goteo: Hackman, Redford, ahora Duvall. Los hombres que le gustaban a mí madre podían abarcar insolentes como Walter Matthau, ambiguos en la masculinidad por la vía de Gary Cooper pero ninguno fuera de la categoría “hombre apuesto”.

Mi padre era el navarro medio como su primo lejano Alfredo Landa. Como yo, era un casi guapo sin demasiado porte y su mirada de estrella del cine, puesto que tenía caída de ojos, fue arrasada por las virutas de acero de su mandrinadora. Mira que le dije que se pusiera las gafas que le quedarían como a Gregory Peck en “McArthur” o a Mastroianni en “La Dolce Vita”, pero prefirió arriesgar y quemarse el cristalino. Qué tiempos sin bajas.

Duvall nació en California. Su parecido con el faraón de la nouvelle gauche Mitterrand no engaña: fue parte genética de esa serie de aventureros franceses, cazadores de castores, descendientes de los quebecois o de Luisiana.

Sus tatarabuelos que salieron de Brest apoyaron a la Unión y los WASP estos del vicepresidente Vance en su revolución puritana contra Inglaterra, pues siguieron al marqués Lafayette, y dieron logística con glam a Washington. Su posición e ideales inspiraron esa monumental obra que es “La Revolución en América” del muy conservador Alexis de Tocqueville, lectura imprescindible como las obras de Thoreau para todo joven amante de las intrigas políticas.

Sagas de apellidos y artistas de hugonotes o aventureros franceses en América, que no solo ha vivido de la grandeza artística de las de los judíos austríacos o sicilianos en los Soprano, son las de los banqueros Rotchschild, los Dupont de Nemours químicos, los sucesores del piloto de carreras Louis Chevrolet que fabricaron el “corvette” y todas las de los créole o criollos de origen francés de la salsa tabasco de Louisiana que quedan en los nombres de las ciudades del estado, como la dedicada al general confederado Pierre Beauregard, los fundamentales gobernadores Dupré-Bouvais o la dinastía de los Cartier de Québec con embajada en el bajo Mississippi.

La bella aunque fría Jackie Kennedy, Jacqueline Bouvier, era una atildada aristócrata neoyorquina de familia venida de Montreal.

A todos ellos y a su relamida prole los imaginamos tomando té helado o un blanco frío de Borgoña en los porches de sus haciendas de madera de listones blancos y balcones corridos, que tomarían como modelo al Vieux Carré, barrio Borbón, de Nueva Orleans diseñado por el fundador Le Moyne. En este estilo de ciudad colonial española al que se le incorporaron galerías de herrería que hemos visto tanto junto con bandas sonoras a partir de recrear el estilo musical zydeco –piano o acordeón haciendo frenéticas y barrocas escalas como en la música de Doctor John-.

“Un tranvía llamado deseo” la del personaje de Blanche DuBois que dependía de la amabilidad de los extraños; Kevin Costner en un bar del Barrio francés en JFK o “El Curioso caso de Benjamin Button de Fincher, con Pitt y la australiana Kate Blanchett (blanshéee) fueron rodadas en el corazón cultural francés de Estados Unidos.

En el reparto de ninguna de ellas aparece como actor, y es curioso, este portador del nombre de la saga aristocrática confederada sureña de los Duvall por vía doble, pues su madre descendiente del general Lee: el oscarizado Robert. Cuyo papel descollante para mí es ese en el que borda a otro europeo: al mafioso irlandés y secundario del Padrino, Tom Hagen.

Luego está su soberbia interpretación corta en “Apocalipsis Now” de Coppola. Su personaje es un majara que atraviesa peligros para practicar su pasión por el surf, el teniente coronel Kilgore por el que obtuvo en cuatro ráfagas interpretativas un merecidísimo “Globo de Oro”. No era fácil proferir, pero tiró de sadismo criollo, la frase.. “Nada en el mundo huele así. I love the smell of napalm in the morning"



Duvall con su vis de aristócrata austero (la contraria justo a Malkovich que tanto ha interpretado-jugado a franceses), el certero actor contenido de la fría escuela del Cardenal Richelieu, oficiaba sus papeles lento pero eficaz, con un freno de mano y mirada que rebelaba lo que la humanidad no quiere saber y, de pasar pantalla, quiere negar sobre ella misma. La vida fuera de los programas y los mandos, en el alambre pero con educación irónica, el destino sin control humano. Derrotar sin compasión pero con soberbia, bordar el papel de un racista con cimientos.

Me duele su pérdida como la de Hackman, pues me recordaban que cada uno de nosotros contribuimos a nuestras tragedias porque caemos en las manos de los dispensadores en la tierra de la arbitrariedad divina. Nada de ausentarse de ello como practica la escuela británica de actores menos el genial Gary Oldman, de la escuela de estos dos.

Arde Irán, Duvall ya se lo imaginaría. El cine tendrá que prescindir de él como actor del personaje de quienes hayan urdido la pasión según San Pahlevi. Nos deja con su cara y pose de embaucador honesto, de soldado de segunda línea, nunca moralizador, de su bajo Mississippi. El blues le gustaba tirando a poco a este dominador de todos los politeísmos, al profeta de que la ley y la justicia no han pasado mucho de la ley del Talión ni del baño de sangre de los sans culottes a sus primos de Francia.

Es un genio que todo esto lo expresó con un rictus, siendo calvo y relativamente agraciado aunque siempre apuesto. El mejor para tomarte una botella de bourbon sin aspaventar.

Savoir être et savoir faire.

02.03 Luis Iribarren

1.3.26

Irán, Israel y los EEUU. Otro lío


Intentar explicar (y entender) lo que está sucediendo entre Irán, Israel y los EEUU no es nada sencillo. O sí. El poderoso quiere doblegar el mundo entero para que este sea como él quiere y para su beneficio. 

Este tipo de procesos ya se dio en la antigüedad, en la historia de la humanidad, y en varias ocasiones. 

Sabíamos que los EEUU iban a atacar Irán desde hace semanas. Lo sabían también en Irán, o lo deberían haber sabido. Así que resulta más sorprendente que los ataques sean tan certeros como para matar a toda la familia del Líder del país atacado en las primeras 12 horas. 

Creo que todo es la suma de una sarta de mentiras, o como poco de medias verdades. Lo que quiero decir con esto, es que el teatro en la política funciona muy bien y se utiliza mucho. 

¿Dónde están esos armamentos muy sofisticados del atacado, tan bonitos en los desfiles, si no sirven para defender al Líder Único y a su familia, la integridad de su país? 

¿Es mucho más sencillo matar a 30.000 manifestantes, que defender a tu familia, tu religión y tus ideas dictatoriales? ¡¡Uff!! Qué torpes somos.

¿O eran de cartón piedra? por cierto, el Líder Único era un enviado de Dios, y me parece que tampoco estuvo fino para defender a su representado en la Tierra.

El mundo no es tan sencillo que parece. Que Irán no tenga manera de poderse defender es sintomático de que en algo nos mienten. Y no quiero seguir dando pistas.

Lo cierto es que de momento varios centenares de civiles, niñas en un número mayor a las 150 en una escuela, han pagado las torpezas de unos y de otros.

Irán es un país dictatorial. Muy dictatorial diría mejor. 

Pero el mundo está hundiéndose por la falta de organismos con respeto. El más chulo de la Clase, manda incluso contra el Director del colegio, y así no es posible aprender nada. 

La pregunta no es tanto qué va a suceder con Irán y sus vecinos de territorios, sino dudar sobre que será lo próximo. 

En las guerras no es tan importante quien gana o quien pierde, como quien es el que no puede perder. 

Cuando ya se sabe quien es el que no puede perder, podemos diseñar con poco error la estrategia de futuro de esa guerra. 

Y nos equivocaremos poco en sus desenlaces, lo que debería servir para construir la paz imposible.