26.4.07

Internet para un catedrático de Humanidades

Ayer tuve la suerte de hablar de Internet en una velada intensa, con un amante de las letras y de la información. La pregunta era necesaria. ¿Qué crees que es y será Internet? (hablamos del Internet serio, del de la información e investigación, del de la cultura nueva)
Para mi amigo, Internet es una buena herramienta, un cajón de sastre, un gran almacén en donde todo cabe, incluso las trampas y las mentiras, por error o para mala fe. Es un lugar tremendamente mal organizado, en donde cuesta mucho avanzar en la búsqueda de la información importante y en donde se llega hasta unas puertas cerradas en las que te quedas atascado porque ya no hay más detrás de ellas. Es como una gran enciclopedia casera a la que se puede consultar temas de media dificultad pero que no sirve ni cree que servirá nunca, para poner a disposición de todos la información valiosa, la que no es de conocimiento público.
Y la que ya es de conocimiento de todos está en libros.
No es, más que el mismo vehículo que ya existía hace 100 años, cuando la gente a que le interesaba un tema consultaba resúmenes o información publicada, pero que si lo que deseaba era avanzar tenía que investigar con gran esfuerzo y sacar de entre las piedras lo que faltaba y que era lo que añadía algo de valor a lo existente.
Es cierto que hoy la trasmisión de información es mucho más rápida, pero no mejor. Unos investigadores no dejan sus descubrimientos en Internet, dejan a lo sumo la noticia, y transmiten a ciertos colegan los avances al igual que lo hacían en el siglo XIX; o por carta, o de viva voz, o en congresos. Pero nunca por Internet porque no es fiable para ellos.
La información vale mucho y no se puede regalar, y además lo que es más necesario, hay que controlar en manos de quien puede tener todo tipo de información. La única manera de controlar sin restar libertad es no poner en la red aquellas informaciones que puedan ser mal utilizadas.
No sabe bien qué puede suceder con los blog, primero porque son “nuevos” como fenómeno en la red, y porque sabiendo que cuesta mucho esfuerzo mantenerlos en calidad es inevitable una criba importante en los próximos meses o años, y lo que quede es un misterio todavía, porque las personas que están detrás de los buenos pueden, ya que saben, cambiar de herramienta.
Ciertamente no me sacó de muchas dudas, si bien él emplea bastante la red, más para revisar lo que ya se sabe de sus temas de investigación y tratar de no repetir lo obvio, que para crecer en conocimientos. La sensación clara que tuve es que no cree en la red como un lugar que recogerá todos los conocimientos de la humanidad. Estos conocimientos seguirán estando en las mismas manos de siempre, en ciertos sectores sociales que los cuidarán, algo que no me separa mucho de lo que ya se hacía desde la Edad Media.
Yo puse encima la duda de que puede haber gente que por ciertos motivos sí que desee compartir su información profesional o de investigación con todos. Bien gente de cierta edad que no desea sacar un provecho económico, bien gente cabreada con el sistema de investigación, o personas que desde un mundo marginal en cuanto a la cultura (tercer mundo por ejemplo) desean romper con el sistema y empezar una nueva manera de intercambiar información. Sus respuestas fueron simples pero contundentes.
Información gratis pueden dar, pero si no tienen herederos o son tan tontos que no la van a poder vender nunca.
Si la red se convierte en un reducto de gente cabreada a la hora de entregar esa información de primer nivel, él aconseja no fiarse de los cabreados.
Y sobre la tercera posibilidad está claro que lo que hay que hacer es apoyar al mundo pobre en todo lo que necesita, pero más todavía a los investigadores pobres para que el propio sistema los acoja y los frene en sus ansias de regalar.
Añado que él como persona está en gran medida en contra de estos planteamientos, pero la pregunta que yo le hice no era lo que él desearía que fuera Internet sino como cree que es y será.