El descrecimiento y sus gurús.

Serge Latouche habla de las tres armas con las que consiguen apoderarse de nuestros deseos antoconsumistas, por muy chulos que seamos.

La publicidad bien hecha es la primera. ¿Quién osa negarse ante maravillas imprescindibles de la modernidad que nos meten entre película y telediario, entre parada de autobús y página del periódico gratuito?

Otra es la obligación de renovar todo lo que compramos antes de lo que pensamos. Recuerdo a Julio Anguita que en una de sus campañas electorales decía que él quería que se volviera a construir batidoras que duraran 10 años. Nadie le hizo caso. Todos tenemos decenas de cosas que sirven pero son viejas porque nos lo han dicho en algún anuncio y las hemos cambiado por otra que tiene más GPS o más piticos que tocar. Cuesta más arreglar un DVD que no lee DIVX que comprar uno nuevo que lee todo, hasta una semana después de comprarlo.

Y la tercera son los bancos, los amigos bancos, capaces de darte créditos constantes para que siempre estés endeudado, pero nunca dejes de tener lo que deseas. Tú puedes comprar lo que quieras con tal de que lo pagues poco a poco, eso si con la suma de los intereses al PVP, pero eso no lo contamos porque no merece la pena ¿verdad?. Y si no tienes liquidez para comprar algo porque estás pagando varios créditos, te los reunifican y pagas menos. Que hayan conseguido esto es algo que hay que aplaudir; lograr convencerte de que se puedes deber más y pagar menos y creértelo, es de truhanes de los que vendían crecepelo en las épocas de los indios americanos.