Estamos en silencio, pero llenos de excesivos ruidos para asustarnos


Observo los silencios de la sociedad ante sus pérdidas de libertades mientras el ruido de los políticos de nombre atronan por los medios. Es como si los tontos políticos quisieran mantener el castillo de naipes a costa de gritos, nunca de razones. Hoy han vuelto a salir los coches a la calle en contra de la Reforma Educativa, que es una forma de hacer manifestaciones de la forma más cómoda posible. Con calefacción, sentados y con música. Nunca fuimos capaces de inventar un chollo tan perfecto, ha tenido que venir la derecha para inventarnos las manifestaciones cómodas.

Ya no queda nada por lo que merezca la pena reflexionar. O casi. Y eso es tremendo. Ya está todo vendido sin que nadie lo haya comprado. Los dueños del mercado se lo han vendido y comprado entre ellos y nosotros, todos los demás que somos todos, simplemente nos quedamos confinados en casa. No de cuerpo, no, sino de alma. Si acaso mirando lo que nos quieren enseñar.

Levantar esto será tremendo, inmensamente tremendo. La factura no la pagaremos nosotros, yo sin duda no puedo pagarla ya. Pero a mis hijos justo le vendrá. Habíamos aprendido que endeudarse en lo privado además de peligroso era perder la libertad. Ahora ya no hay problema, nos endeudamos todavía más en lo público que es lo de todos, y así estamos hipotecados, embargados y desposeídos de futuro —todo en una— sí, en una misma factura y sin notario.

Siempre nos quedarán los libros para leer y soñar, y el recuerdo de que todo empezó aplaudiendo a una hora fija mientras no podíamos salir a la calle en parejas. 

Nunca antes un experimento sociológico de tal tamaño había sido posible observar en vivo para apuntarse los resultados. ¿Qué sentido tiene ahora hacer una Huelga General de 1 día de duración? Y esto es por poner un ejemplo tonto. ¿Un día cuando llevamos 10 meses?