3.8.23

El acoso vital crea sociedades tontas


Una de las dudas más grandes y duras que le asaltan a un adolescente es: ¿Para qué valgo? ¿De qué me podré ganar la vida? Todas las personas crecemos hasta lograr unos espacios propios, pero hay que llenarlos de opciones en todos los aspectos, incluido el fundamental de saber para qué soy válido, soy bueno, podré con esas actividades montar mi propia vida.

Estas preguntas no siempre se hacen a viva voz. Pero sí en silencio, y a veces no siempre con una respuesta que logre avanzar al joven, le quite los miedos y le afiance.

En la medida en que le vamos poniendo más complicado el encontrar respuestas estamos creando una sociedad más débil. Y eso sí es ya un problema para todos nosotros. Todas las personas necesitan lo mismo. Crecer, tener libertad vital, tener una ocupación para darle sentido a su vida, poderse relacionar con sus fuentes y afluentes, sentirse seguro, creer que se puede emancipar.

Los patos lo tienen muy fácil, los humanos no. Los padres pato empujan a sus polluelos al agua, para que aprendan a nadar por inmersión, por error, por empuje violento. Pero entre los humanos jugamos más a poner zancadillas.

El acoso escolar a cualquier edad, el acoso laboral incluso en edad adulta, es un drama no resuelto. Hablamos mucho de libertad, de empoderamiento, de respeto, pero en verdad estos problemas sin resolver los tenemos muy carca, tapados, escondidos y en silencio. 

¿Tú tienes la suerte de que en tu trabajo no tengas a nadie al que se le hace de menos, no se le acompaña, se le deja solo, se le critica a la cara? ¿Seguro? Pues tiene suerte, O está muy bien escondido.