Hoy lo repite Santiago Niño Becerra, nosotros lo hemos
apuntado en algunas ocasiones, simplemente observando la realidad vemos que
desgraciadamente (o por suerte para algunos) es cierto.
El trabajo cada vez vale menos.
Es decir, durante siglos las personas han podido vivir de su
trabajo, se les pagaba para que pudieran alimentarse, formar un hogar y tener
un poco de ocio; siempre a cambio de su trabajo. Los “dueños” no querían que
sus esclavos se murieran, preferían que tuvieran muchos hijos para alimentar su
mano de beneficios y además habían encontrado el truco de que si descansaban de
vez en cuando, resultaban más dóciles y productivos.
Pero ahora, en la entrada del siglo XXI, el trabajo ya no
garantiza la supervivencia, no sirve para cumplir su papel esencial de intercambio
vital. Yo entrego mi trabajo y “el sistema” me entrega dinero para vivir con
arreglo a las normas de cada siglo.





