Cuando hablamos de calidad de vida urbana nos referimos siempre a un modo de vida lo más natural posible, dentro de las grandes ciudades. Y como ejemplo a copiar os ponemos hoy el Central Park de New York. ¿Por qué motivo?
El precio del metro cuadrado de terreno en la isla de Manhattan de New York es brutal, y en medio nos encontramos con una extensión de terreno de 3,41 kilómetros cuadrados. Un rectángulo de 4 kilómetros en su lado largo y de 800 metros en su lado corto. Y nadie duda en NY de que este parque tan inmenso debe seguir estando allí, en New York, por mucho que convertirlo en rascacielos sería un negocio brutal.
Pero además esta parque en el centro de la ciudad (primer acierto) contiene todos los elementos para dotarlo de gran calidad de uso. Muchos caminos, un paisaje en relieve con grandes rocas, muchas zonas para descansar y para que los niños jueguen, una gran limpieza incluso más que en las calles, un gran lago y numerosas fuentes, esculturas y monumentos, un castillo, varios museos, animales sueltos de muy variado tipo, grandes zonas deportivas, una muy variada masa forestal con jardines de todo tipo, etc.
Un parque vallado y muy vigilado, con patrullas policiales constantes incluso de noche, y sobre todo con silencio dado su tamaño, que impide que traspasen los ruidos del tráfico de la Gran Manzana.
Tenemos el ejemplo del parque del Retiro de Madrid, para entender este concepto de calidad urbana. Y hay que trabajar más este tipo de servicios insustituibles, en todas las ciudades que se pueda. Como por ejemplo en Múnich y su Monopteroswiese o en Barcelona el parque de la Ciudadela.
2.3.18
El IPC en la Transición. Los Pactos de la Moncloa
Uno de los problemas más importantes que tuvo que pelear la Transición Española fue su realidad económica, productiva y laboral. Obsoleta y totalmente alejada de la competitividad. Y uno de sus síntomas fue el desbocado IPC anual que castigaba brutalmente a los trabajadores y clases medias.
El índice de Precios al Consumo empezó a descontrolarse antes de la muerte del Dictador. Desde 1970 sus números eran brutales, sobre todo desde el punto de vista actual, desde la implantación del euro.
La muestra de nuestras malas políticas económicas es precisamente este índice que parecía moverse a su antojo. Mientras en 1968 y 1969 se movía sobre un 3% en el año 1973 ascendió a un 14,2%. El año de la muerte de Franco era de un 14,1% pero el anterior fue de un 17,88%.
Aunque la cifra que levantó todas las alarmas se dió en el año 1977 con un 26,39% (hubo meses de más de un 3% mensual). Entre 1975 hasta 1979 (5 años) el IPC tuvo un acumulado de un 92,39%. Esto suponía que la compra más básica de una familia se había doblado y no siempre los sueldos lo conseguían, aún con enormes costos en conflictividad laboral a través de convenios de empresa o gremiales, muy costosos en esfuerzos para compensar estos desvaríos económicos.
Si a principios de 1975 un producto medio te costaba 1.000 pesetas, a finales de 1979 su precio era de 2.327 pesetas por el IPC acumulado año tras año. La Transición Política tenía que trabajar muy duro hacia una Transición Económica que fuera de la mano de la anterior, o todo se iría al traste, pues el descontento social era muy alto. En grandes capas de la sociedad existía la sensación de que la Democracia era incapaz de resolver este problema o incluso de que lo estaba creando.
A finales de 1977 se firmaron los Pactos de la Moncloa, inevitables, pero a la vez muy duros con los trabajadores de España, dando más poder al Banco de España para devaluar la peseta y controlar la salida de capitales, se implantó un nuevo modelo de despido libre y se intentó controlar el fraude fiscal. Para compensar la dureza de algunos apartados se realizaron también reformas políticas de calado, como más libertad de expresión, de asociación sindical a la vez que se desmontó todo el apartado del Movimiento Nacional Franquista que quedaba en pie en la estructura del Estado.
El índice de Precios al Consumo empezó a descontrolarse antes de la muerte del Dictador. Desde 1970 sus números eran brutales, sobre todo desde el punto de vista actual, desde la implantación del euro.
La muestra de nuestras malas políticas económicas es precisamente este índice que parecía moverse a su antojo. Mientras en 1968 y 1969 se movía sobre un 3% en el año 1973 ascendió a un 14,2%. El año de la muerte de Franco era de un 14,1% pero el anterior fue de un 17,88%.
Aunque la cifra que levantó todas las alarmas se dió en el año 1977 con un 26,39% (hubo meses de más de un 3% mensual). Entre 1975 hasta 1979 (5 años) el IPC tuvo un acumulado de un 92,39%. Esto suponía que la compra más básica de una familia se había doblado y no siempre los sueldos lo conseguían, aún con enormes costos en conflictividad laboral a través de convenios de empresa o gremiales, muy costosos en esfuerzos para compensar estos desvaríos económicos.
Si a principios de 1975 un producto medio te costaba 1.000 pesetas, a finales de 1979 su precio era de 2.327 pesetas por el IPC acumulado año tras año. La Transición Política tenía que trabajar muy duro hacia una Transición Económica que fuera de la mano de la anterior, o todo se iría al traste, pues el descontento social era muy alto. En grandes capas de la sociedad existía la sensación de que la Democracia era incapaz de resolver este problema o incluso de que lo estaba creando.
A finales de 1977 se firmaron los Pactos de la Moncloa, inevitables, pero a la vez muy duros con los trabajadores de España, dando más poder al Banco de España para devaluar la peseta y controlar la salida de capitales, se implantó un nuevo modelo de despido libre y se intentó controlar el fraude fiscal. Para compensar la dureza de algunos apartados se realizaron también reformas políticas de calado, como más libertad de expresión, de asociación sindical a la vez que se desmontó todo el apartado del Movimiento Nacional Franquista que quedaba en pie en la estructura del Estado.
Los pensionistas no somos tontos, somos mayores, que es distinto
Tal vez están pensando que los pensionistas somos tontos y nos quieren cambiar unas subidas de sentido común en nuestras pensiones con arreglo al IPC y no a ese ridículo 0,25%, por una rebaja en el Impuesto de Rendimiento de Personas Físicas IRPF. Pero cada vez somos menos tontos, aunque seamos mayores.
El 63% de los pensionistas, los que cobran una pensión más baja, ESTÁN EXENTOS DE PAGAR EL IRPF por cobrar pensiones inferiores a los 12.000 euros brutos anuales. Es decir, para ellos, para los que menos cobran no hay ayudas del Gobierno aunque bajen los impuestos sobre la pensión. Un 63% que sería superior si le añadimos exenciones por enfermedad o por edad muy avanzada.
Quieren ayudar a los pensionistas que más cobran a costa de rebajar las pensiones a todos. Y que además parezca que están ayudando a los pensionistas.
Siempre con posverdades, es decir, con engaños y mentiras. Ayudar en los IRPF a los pensionistas que más cobran, es ayudar también a pagar menos por los ingresos que reciben desde otros lugares distintos a la pensión, por ejemplo por alquileres o rentas de capital. Ayudar también a esa parte de sus ingresos, a costa de los pensionistas que menos cobran. Es decir, reformas nada progresistas, nada racionales y progresivas, pues el problema son las bajas pensiones y los efectos de la crisis y la bajada de sueldos, que ha logrado que los ingresos para la Seguridad Social sean menores.
Los pensionistas tenemos que volver a la política. Para defendernos y defenderles
No todos los pensionistas son de la Tercera Edad ni todas las personas de la Tercera Edad son pensionistas, o al menos pensionistas dignos. Pero todos nosotros, este grupo de casi 10 millones de españoles que molestamos por lo que le costamos al país, estamos muy poco representados en la política, y peor considerados dentro de ella, en los puestos políticos importantes. No existimos para los políticos. Solo una vez cada cuatro años y si votas a la derecha.
Se puso de moda hace unos años que había que rejuvenecer la política, y era verdad, parecían dinosaurios todos. Así que casi exigimos en aquel inicio de siglo que una nueva sociedad tomara las riendas de España. Hoy estamos peor, no han demostrado gran cosa los presuntos jóvenes del recambio, y ganas dan de cambiar la petición de entonces. ¡¡Que vuelvan los abuelos, los pensionistas, los jubilados!!
Todos nosotros le costamos un huevo al sistema, pero es el mismo huevo que hemos estado pagando durante muchos años porque trabajamos y cotizamos más de lo que cobramos ahora. Hemos mantenido unas generaciones de pensionistas con nuestras cotizaciones, pero ahora que nos toca a nosotros cobrar, molestamos. Es jodido esto.
Da la sensación idiota de que nadie sabía que de golpe íbamos a llegar a los 65 años un montón de españoles. Ha sido generación espontánea nuestro envejecimiento. Nadie lo parecía prever. Ni tampoco que además íbamos a cobrar una jubilación mayor que la de los anteriores pensionistas, aunque nuestras cotizaciones mes a mes las conocían desde el mismo momento en que las pagamos. Curioso este olvido del Sistema. Tal vez esperaban que nos muriéramos antes. No sé.
Pero vuelvo a lo que iba. No estamos en la política, nadie nos representa, ni nosotros mismos. Y no nos dejan la puerta abierta para sentarnos. No contamos aunque seamos casi 10 millones. Y lo más curioso es que todos los demás, los que sí cuentan, los más jóvenes, no es que estén sabiendo encontrar respuestas a los problemas. Se les amontonan y no hacen lo necesario. Igual tenemos que volver.
Nota.: Me advierten que no, que no, que como mejor se está es NO entrando en política. Pueeees. Pues bueno, lo que se diga.
Se puso de moda hace unos años que había que rejuvenecer la política, y era verdad, parecían dinosaurios todos. Así que casi exigimos en aquel inicio de siglo que una nueva sociedad tomara las riendas de España. Hoy estamos peor, no han demostrado gran cosa los presuntos jóvenes del recambio, y ganas dan de cambiar la petición de entonces. ¡¡Que vuelvan los abuelos, los pensionistas, los jubilados!!
Todos nosotros le costamos un huevo al sistema, pero es el mismo huevo que hemos estado pagando durante muchos años porque trabajamos y cotizamos más de lo que cobramos ahora. Hemos mantenido unas generaciones de pensionistas con nuestras cotizaciones, pero ahora que nos toca a nosotros cobrar, molestamos. Es jodido esto.
Da la sensación idiota de que nadie sabía que de golpe íbamos a llegar a los 65 años un montón de españoles. Ha sido generación espontánea nuestro envejecimiento. Nadie lo parecía prever. Ni tampoco que además íbamos a cobrar una jubilación mayor que la de los anteriores pensionistas, aunque nuestras cotizaciones mes a mes las conocían desde el mismo momento en que las pagamos. Curioso este olvido del Sistema. Tal vez esperaban que nos muriéramos antes. No sé.
Pero vuelvo a lo que iba. No estamos en la política, nadie nos representa, ni nosotros mismos. Y no nos dejan la puerta abierta para sentarnos. No contamos aunque seamos casi 10 millones. Y lo más curioso es que todos los demás, los que sí cuentan, los más jóvenes, no es que estén sabiendo encontrar respuestas a los problemas. Se les amontonan y no hacen lo necesario. Igual tenemos que volver.
Nota.: Me advierten que no, que no, que como mejor se está es NO entrando en política. Pueeees. Pues bueno, lo que se diga.
1.3.18
Transición. Reforma Política. Frenos. Líneas Rojas y Azules
Y al ser aquello una Reforma Política, empezó como indica la palabra por una reforma de lo existente; no por retomar lo abandonado, ni por copiar lo que tenían otros países, ni por edificar algo nuevo. Se intentó reformar el Franquismo, sus instituciones, sus partes más cercanas a la democracia, pero sin entrar en una Democracia plena. Tuvo que ser Adolfo Suárez con su llegada a la Presidencia de España, quien de verdad empezara un proceso de Reforma Política en serio, cuya meta era lograr la democracia lo antes posible.
Desde la muerte de Franco y la investidura del Rey Juan Carlos I tuvieron que pasar 7 meses de timidísimos cambios engañosos, antes de que España empezara realmente a dar pasos hacia la democracia, hacia la Transición de una democracia avalable por todo el mundo occidental.
Se podría decir engañosamente que en realidad fue el mismo Juan Carlos I quien desde el primer día tomó las riendas de la Transición, pero aunque su discurso de proclamación indicaba pasos, es verdad también que en aquel primer discurso nombró a Franco y aseguró “firmeza y prudencia” en el nuevo camino de España, y repitió cuatro veces la palabra “orden” y otras cuatro “tradición” durante su discurso. Tuvieron que pasar siete meses para que al final y ayudado por “otros” y no todos españoles, eligiera a un pastor de ovejas que realmente creyera que España se merecía “otra cosa” que aquel tardo franquismo disfrazado.
Reforma de lo viejo, sin destruirlo. Y sobre todo sin pedirle explicaciones de ninguna clase a los anteriores. Transición pactada a través de una Constitución nueva que luego y con los años no hemos querido implantar ni respetar en toda su extensión social, pero que sí hemos modificado para cortar algunas de sus partes buenas.
Muere Antonio García-Trevijano Forte. ¿Quién fue de verdad?
Ayer falleció Antonio García-Trevijano Forte, un desconocido para las nuevas generaciones y un hombre muy conocido y poco reconocido abogado republicano que tuvo un papel muy importante en la Transición. Hoy Hermann Tertsch en ABC le dedica un artículo donde nos deja estos datos que dejo abajo, para conocerlo algo mejor. ¿Quién fue realmente Antonio Garcia-Trevijano?
Tal vez ahora es el momento de indagar realmente sobre su papel fontanero, escondido y muy importante en unos años muy complejos en España. La propia Wikipedia publica datos suficientes para quien desee indagar algo más de su trayectoria política. Os dejo el texto de Hermann Tertsch en ABC.
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Antonio García-Trevijano Forte, nacido en Granada el 18 de julio de 1927 en una familia de juristas, funcionarios e intelectuales, estudió Derecho, aprobó notarías en cinco meses por tranquilizar a su padre y se lanzó a una vida trepidante y fascinante, merecedora de decenas de ensayos, biografías y novelas. Lo leyó todo, lo conoció todo, lo viajó todo y como abogado ganó fortunas. Pero su pasión eran el pensamiento político y España. Jugó un papel tan importante en los años del tardofranquismo y transición que nadie quiere recordarlo. Ha pasado cuarenta años en el ostracismo por ser el hombre que sabía demasiado. Desde su papel como hombre de confianza de Don Juan desde Estoril, su trato con el Rey Juan Carlos desde épocas de la Academia Militar de Zaragoza, su liderazgo en los planes primero de crítica y oposición real al régimen de Franco y después en la transición elegida. Creó la Junta Democrática de España, protagonizó su fusión con la Plataforma de Convergencia Democrática para la Platajunta. Redactó un proyecto rupturista de Constitución y fracasó al ser arrollado por las fuerzas reformistas. Todos se conjuraron contra él tras el pacto de Adolfo Suárez con Santiago Carrillo y Felipe González y lo metieron en la cárcel de Carabanchel para que no entorpeciera los pactos. Estuvo en la operación del diario «Madrid». Y pudo haberse quedado con «El País», cuyos directivos lo consideraron siempre el enemigo número uno. Como los servicios de información de Carrero. Para la CIA era «Maverick», la única oposición real y seria al franquismo.
No se dio por vencido tampoco tras su derrota en la transición. Tuvo un papel clave como jefe del llamado «sindicato del crimen» en la caída de Felipe. Escribió algunas de las obras más importantes de pensamiento político publicadas en lengua española. Y muchos de nuestros males serían menores de habérsele hecho un poco de caso. Con una cultura enciclopédica, hacía vida de sabio patricio, marginado por la España oficial y admirado por un sinfín de estudiosos e intelectuales. Su legado además de sus libros y una vida arrolladora llena de fuerza, espíritu y tesón creador es el Movimiento de Ciudadanos hacia la República Constitucional (MCRC), que pretende reformar el régimen de la partitocracia a una democracia representativa. Su 90 cumpleaños, celebrado por un nutrido grupo de admiradores suyos en Santo Domingo de la Calzada el pasado verano, resultó ser su gran despedida de un mundo en el que pudo serlo todo de haber querido comerciar con sus ideas. Republicano combativo como era, con serios desencuentros con Juan Carlos I, queda en la memoria su precioso llamamiento al Rey Felipe VI a ponerse enfrente de la manifestación de la Nación para salvar la Corona y a España ante la amenaza separatista. Descanse en paz un grandísimo español al que la patria no correspondió su inmenso amor desplegado.
Para entender mejor su controvertida personalidad es bueno leer el artículo de Miguel Ángel Aguilar en Diario.es del que dejo estas líneas:
Trevijano llevó a cabo para organizar un sindicato de accionistas con el intento de descabalgar a Jesús de Polanco del diario 'El País' mediante una compra de acciones que fue tildada de clandestina. Operación de la que, según Mari Cruz Seoane en su libro Una historia de 'El País', García Trevijano no salió mal parado porque se saldó con una sustanciosa plusvalía para su inversión además de un pacto por el cual el diario publicaría en los años siguientes algunas tribunas y daría relieve en la sección Gente a las actividades hípicas de su hijo. Paradójicamente, dice la historiadora, el resultado fue que Polanco y su entorno pasaron a ser los principales accionistas. Además de consolidar de manera irreversible a Juan Luis Cebrián que había sabido acudir a tiempo en socorro del vencedor.
No se dio por vencido tampoco tras su derrota en la transición. Tuvo un papel clave como jefe del llamado «sindicato del crimen» en la caída de Felipe. Escribió algunas de las obras más importantes de pensamiento político publicadas en lengua española. Y muchos de nuestros males serían menores de habérsele hecho un poco de caso. Con una cultura enciclopédica, hacía vida de sabio patricio, marginado por la España oficial y admirado por un sinfín de estudiosos e intelectuales. Su legado además de sus libros y una vida arrolladora llena de fuerza, espíritu y tesón creador es el Movimiento de Ciudadanos hacia la República Constitucional (MCRC), que pretende reformar el régimen de la partitocracia a una democracia representativa. Su 90 cumpleaños, celebrado por un nutrido grupo de admiradores suyos en Santo Domingo de la Calzada el pasado verano, resultó ser su gran despedida de un mundo en el que pudo serlo todo de haber querido comerciar con sus ideas. Republicano combativo como era, con serios desencuentros con Juan Carlos I, queda en la memoria su precioso llamamiento al Rey Felipe VI a ponerse enfrente de la manifestación de la Nación para salvar la Corona y a España ante la amenaza separatista. Descanse en paz un grandísimo español al que la patria no correspondió su inmenso amor desplegado.
Para entender mejor su controvertida personalidad es bueno leer el artículo de Miguel Ángel Aguilar en Diario.es del que dejo estas líneas:
Trevijano llevó a cabo para organizar un sindicato de accionistas con el intento de descabalgar a Jesús de Polanco del diario 'El País' mediante una compra de acciones que fue tildada de clandestina. Operación de la que, según Mari Cruz Seoane en su libro Una historia de 'El País', García Trevijano no salió mal parado porque se saldó con una sustanciosa plusvalía para su inversión además de un pacto por el cual el diario publicaría en los años siguientes algunas tribunas y daría relieve en la sección Gente a las actividades hípicas de su hijo. Paradójicamente, dice la historiadora, el resultado fue que Polanco y su entorno pasaron a ser los principales accionistas. Además de consolidar de manera irreversible a Juan Luis Cebrián que había sabido acudir a tiempo en socorro del vencedor.
Hoy en Zaragoza, a las 11,30, vuelve el Poder Marrón
Hoy 1 de marzo, en 39 capitales de provincia, los sindicatos UGT y CCOO han vuelto a convocar a los pensionistas a manifestarse por lo que consideran una subida de pensiones de mierda. A estar delante de las Tesorerías Centrales de la Seguridad Social entre las 11 y las 12 de la mañana, mostrando su repulsa ante una tomadura de pelo sin calificativos. Es el poder marrón.
En Zaragoza a las 11,30, en la calle Doctor Cerrada
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