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2.3.18

El IPC en la Transición. Los Pactos de la Moncloa

Uno de los problemas más importantes que tuvo que pelear la Transición Española fue su realidad económica, productiva y laboral. Obsoleta y totalmente alejada de la competitividad. Y uno de sus síntomas fue el desbocado IPC anual que castigaba brutalmente a los trabajadores y clases medias.

El índice de Precios al Consumo empezó a descontrolarse antes de la muerte del Dictador. Desde 1970 sus números eran brutales, sobre todo desde el punto de vista actual, desde la implantación del euro.

La muestra de nuestras malas políticas económicas es precisamente este índice que parecía moverse a su antojo. Mientras en 1968 y 1969 se movía sobre un 3% en el año 1973 ascendió a un 14,2%. El año de la muerte de Franco era de un 14,1% pero el anterior fue de un 17,88%.

Aunque la cifra que levantó todas las alarmas se dió en el año 1977 con un 26,39% (hubo meses de más de un 3% mensual). Entre 1975 hasta 1979 (5 años) el IPC tuvo un acumulado de un 92,39%. Esto suponía que la compra más básica de una familia se había doblado y no siempre los sueldos lo conseguían, aún con enormes costos en conflictividad laboral a través de convenios de empresa o gremiales, muy costosos en esfuerzos para compensar estos desvaríos económicos.

Si a principios de 1975 un producto medio te costaba 1.000 pesetas, a finales de 1979 su precio era de 2.327 pesetas por el IPC acumulado año tras año. La Transición Política tenía que trabajar muy duro hacia una Transición Económica que fuera de la mano de la anterior, o todo se iría al traste, pues el descontento social era muy alto. En grandes capas de la sociedad existía la sensación de que la Democracia era incapaz de resolver este problema o incluso de que lo estaba creando.

A finales de 1977 se firmaron los Pactos de la Moncloa, inevitables, pero a la vez muy duros con los trabajadores de España, dando más poder al Banco de España para devaluar la peseta y controlar la salida de capitales, se implantó un nuevo modelo de despido libre y se intentó controlar el fraude fiscal. Para compensar la dureza de algunos apartados se realizaron también reformas políticas de calado, como más libertad de expresión, de asociación sindical a la vez que se desmontó todo el apartado del Movimiento Nacional Franquista que quedaba en pie en la estructura del Estado.