Páginas

3.3.18

Trazado urbano de un pueblo castellano

Vamos a intentar entender un poco el urbanismo de una pequeña localidad española, Soto de San Esteban en Soria, que llegó a tener unos 300 habitantes aunque ahora no llegue a los 100, y de la que se tiene constancia al menos desde el siglo XI en plena Reconquista cuando el Cid Campeador dominaba estas zonas. Localidad nombrada en el Cantar del Mio Cid pues en ella se encuentra una pequeña montaña llamada La Torre o la Torre de Doña Urraca donde el propio Cid resguardó a sus hijas Elvira y Sol tras ser ultrajadas.

Curiosamente a poca distancia hay otra montaña pequeña que se conoce con el nombre de Peña Moril, lo que nos indicaría que toda esta zona fue dominio claro de los árabes antes de la reconquista, con asentamientos que hoy desconocemos.

Pero si sabemos que en el cercano San Esteban de Gormaz, a 5 kilómetros de Soto de San Esteban, un asentamientos fijo como población importante desde el año 900 antes de Cristo al ser un importante cruce de caminos junto al río Duero, frontera natural de toda esta zona.




Todo esto lo meto de introducción antes de hablar del diseño de la localidad. Si nos fijamos es un diseño claramente romano. Muy similar por ejemplo al de la ciudad de Zaragoza, pero en pequeño. Un gran trazado circular (el Coso) que en este caso es ovalado, y dos calles que lo cortan, de Norte a Sur (llamada Cardo), y de Este a Oeste (Decumano). Y con un punto central que es donde se juntan ambas calles interiores que en el caso que nos ocupa todavía se le conoce como “Las 4 calles”.

Las viviendas miran todavía hacia el interior de la localidad, dejando los corrales que sean los que miran hacia el exterior, hacia la carretera. No se emplea la vía de comunicación con el exterior como una calle principal, buscando que la localidad esté encerrada sobre sí misma. Un claro diseño militar de defensa. Esto nos llevaría otra vez al clásico diseño romano de un asentamiento militar para soldados a los que se les entrega la licencia y unos terrenos para que se asienten y repueblen.

Si analizamos los apellidos de esta localidad veríamos que los que más años llevan asentados son apellidos que provienen del norte de España, una curiosidad añadida.

Vemos pues en rojo las calles principales que siguen el clásico trazado romano y en naranja las calles auxiliares, casi como un abanico. Los puntos azules son lugares importantes para la localidad. Por una parte en azul claro tenemos la derecha una fuente de agua, si seguimos por su camino llegamos a la iglesia y al cementerio, para luego bajar por el Cardo hasta la Plaza donde hay otra fuente pública y las Escuelas o centro administrativo de la ciudad. Lo que podría haber sido en tiempos romanos el Foro y el centro de poder. Finalizamos con el último punto azul claro más al sur del plano que es el de “Las cuatro calles”. En azul fuerte he señalado los tres comercios que existieron en la localidad en el siglo XX. Hoy y desde hace bastantes décadas, ya solo queda uno.

Pero la importancia de esta pequeña localidad es otra que todavía no hemos nombrado. ¿Cúal es el motivo de que un pequeño asentamiento sea catalogado de importante, con pocos vecinos, alejado de grandes carreteras aunque en una zona muy importante en el centro de aquella España en Reconquista?

Pues sin duda la pista la encontramos en su propio nombre. El Soto. El Soto hoy no existe, fue un soto de ribera, a las orillas del Duero, que se mantuvo casi en su totalidad hasta los años 60 del anterior siglo. Una extensión de bosque de al menos 1,5 millones de metros cuadrados, lo que equivaldría a unos 150/180 campos de fútbol de los grandes, junto al río y lleno de animales salvajes listas para ser cazados. Quiero decir que su fundamento como “lugar”, era el recreo de importantes familias de grandes localidades cercanas como San Esteban de Gormaz, Langa, El Burgo y Osma.

Aquel soto que da nombre a la localidad (todo el Norte y Este del trazado urbano actual cruzando incluso el cauce del Duero) desapareció talado por un inmenso error político de la Diputación de Soria que no quiso o supo impedirlo. Porque la importancia no radicaba solo en su masa forestal en medio de una zona bastante seca y arisca. Su existencia propiciaba un microclima especial que hacía más fresco los veranos y más calurosos los inviernos, con más lluvias y humedad.

Ni los romanos, ni los árabes, ni luego los cristianos de repoblación en tiempos del Cid, eran tan tontos como para no saber elegir bien en donde se asentaban.

Si nos queda duda de por qué no está la localidad a las orillas del río Duero habría que analizar la bravura de dicho río, y la realidad orográfica de la zona. La distancia no es mucha, pero la poca altitud que logra el lugar de asentamiento de Soto de San Esteban con respecto al cauce del Duero coloca esta zona como mucho más segura ante riadas. Era un lugar que servía de entrada al Soto. Y además nadie nos puede asegurar que el cauce actual del Duero no fuera en la antigüedad más recto que ahora, y que el meandro no se hubiera creado hace unos pocos siglos.