Como sociedad nos cuesta mucho entender qué está sucediendo, pero todos admitimos que algo sí está sucediendo. Y que según lo que suceda, ya nada volverá a ser igual a como era hace una década. La presunta complejidad que no es tal, nos lleva en muchos casos al desencanto, a apartarnos o incluso a elegir caminar con las vísceras en vez de con la cabeza.
Yo, que a veces me rodeo de políticos mucho más importantes que yo, incluso de varias ideologías lo cual ya sé que suena rarísimo, noto una pérdida de tiempo y de músculo que me preocupa tremendamente. Desde esa política odiada, somos capaces de hablar de acequias, de semáforos, de carreteras comarcales, de estudios sesudos sobre asuntos sin final, pero casi nunca hablamos de lo magro, de lo que en realidad afecta a la sociedad, al país, al momento que vivimos.
Aunque solo tenemos el presente, cada paso que damos nos hace avanzar hacia el futuro. E incluso si nos quedamos quietos el tiempo sigue corriendo hacia el futuro. No hacer nada es hacer.
El trabajo no solo ha cambiado, sino que va a cambiar mucho más. Nadie sabe a qué trabajaremos dentro de 20 años. Y con el trabajo va la economía, y antes de ellas nuestra capacidad de consumo y de construcción feliz de nuestro envoltorio. Y no hablamos de esto.
Como no hablamos tampoco de las debilidades que nuestro sistema social tiene y que algunos, incluso sin darse cuenta ellos mismos, juegan a joder. A veces un paso mal dado supone que te partas la cadera. Y ya nunca más andas como antes.
No hablamos de verdad del cambio climático, tampoco de nuestra capacidad para podernos defender de las manipulaciones por exceso de información manipulada, ni del futuro de nuestras pensiones, ni del final del mundo rural como lugar de habitabilidad y sus posibles soluciones y/o consecuencias, ni de nuestra educación manipuladora, ni de unos servicios públicos asumibles y controlables, ni del poder de los laboratorios farmacéuticos, o de los poderes escondidos que controlan al mundo, ni del hambre y pobreza en nuestras calles más cercanas, o de la pérdida de capacidad para leer más de 8 segundos un texto con más de un titular y dos líneas.
Tenemos muchísima más información que nuestros padres, pero no la queremos entender e incluso ni leer. Queremos que nos la resuman, nos la den masticada. Y efectivamente, nos la ofrecen blandita y pasada a puré. Y con ella decidimos. Pero estoy convencido de que esto es una moda más, producto de los cambios tecnológicos que se nos han apoderado sin poderlos asumir bien. Volverá la calma y el sentido común. Lo malo será observar lo que habremos roto en el camino.
6.12.18
Los parques urbanos como zonas de campo natural
Me asombran esas ciudades que tiene una capacidad maravillosa para someterse a los ciudadanos, que saben ofrecer alternativas de usos cómodos y humanos a las necesidades lógicas de las personas. Esta imagen es del Central Park de New York, no es un montaje ni es algo raro y extraño. Uno de los parques más grandes del mundo está dedicado a las personas.
En Barcelona tenemos como ejemplo el de la Ciudadela o en Madrid el de Retiro. Parques que se han ido convirtiendo en zonas de esparcimiento natural como si fueran zonas “de campo” donde todo está permitido. Comer, jugar, dormir, incluso desnudarse como en algunas zonas verdes de Berlín.
Espacios donde se pueden hacer fiestas de grupos de amigos, de vecinos, de colegios. En New York hay parques donde se va con las barbacoas propias en carritos a comer los días festivos, haciendo carnes y juntándose con vecinos. Y nadie molesta a nadie, porque el grado de molestia es diferente al que a veces somos capaces de querer soportar en otros sitios. Yo hago humo, tú haces humo, él hace música.
Es posible pues, tener una ciudad enorme, como puede ser Berlín, Frankfurt o New York, donde los parques sean auténticas zonas de descanso en todas sus acepciones. No es posible ir al Pirineo, a los Alpes, a Niágara, pero se va al cercano parque de tu barrio o al central de tu ciudad, y disfrutar de forma natural de todo.
Incluido el paisaje, pues los parques tienden a ser paisajes. No son planos espacios verdes con bordillos y árboles. Son paisajes en relieve, con diversos niveles y zonas distintas, para crear ambientes lo más naturales posibles. Se acabó el clásico parque que más parece el diseño de un delineante que el de un urbanista gráfico y fotográfico.
En Barcelona tenemos como ejemplo el de la Ciudadela o en Madrid el de Retiro. Parques que se han ido convirtiendo en zonas de esparcimiento natural como si fueran zonas “de campo” donde todo está permitido. Comer, jugar, dormir, incluso desnudarse como en algunas zonas verdes de Berlín.
Espacios donde se pueden hacer fiestas de grupos de amigos, de vecinos, de colegios. En New York hay parques donde se va con las barbacoas propias en carritos a comer los días festivos, haciendo carnes y juntándose con vecinos. Y nadie molesta a nadie, porque el grado de molestia es diferente al que a veces somos capaces de querer soportar en otros sitios. Yo hago humo, tú haces humo, él hace música.
Es posible pues, tener una ciudad enorme, como puede ser Berlín, Frankfurt o New York, donde los parques sean auténticas zonas de descanso en todas sus acepciones. No es posible ir al Pirineo, a los Alpes, a Niágara, pero se va al cercano parque de tu barrio o al central de tu ciudad, y disfrutar de forma natural de todo.
Incluido el paisaje, pues los parques tienden a ser paisajes. No son planos espacios verdes con bordillos y árboles. Son paisajes en relieve, con diversos niveles y zonas distintas, para crear ambientes lo más naturales posibles. Se acabó el clásico parque que más parece el diseño de un delineante que el de un urbanista gráfico y fotográfico.
5.12.18
Querer a tu barrio sirve para hacer mejor ciudad
Hay pocas seguras sobre el futuro de la sociedad a 30 años vista, pero si parece cierto apuntar dos con las que no fallaremos en su predicción. UNA.- Seguiremos pensando lo mismo, de la misma manera y nos seguirá gustando lo básico, los mismos placeres y los mismos pecados. DOS.- Las personas dejaran de vivir en el mundo rural para irse a vivir a las ciudades o a los núcleos de al menos unos 10.000 habitantes.
Somos tan poco cosa en el mundo, que nuestra capacidad de cambiar el mundo es escasa…, que no sea estropear por idiotas nuestra cueva. Somos violentos porque somos animales aunque lo intentemos disimular. Animales como las hienas, pero que leemos y vemos la tele. Y empleamos papel.
Lo que si me parece inevitable es lo de irnos a las ciudades. Pero no como algo negativo, sino como el cambio lógico en una sociedad que se mueve tecnológicamente y que además se mueve en un sistema de trabajo y de economía, que le viene determinado desde fuera de él mismo. Las distancias han cambiado. Los trabajos también. Las necesidades personales ya no se pueden dar desde núcleos pequeños. Se cambiarán unas calidades de vida por otras, simplemente.
Pero claro, esto nos lleva a un trabajo contundente. Hay que diseñar las ciudades como esos contenedores nuevos que van a recoger a TODOS los habitantes. Tenemos que “hacer” ciudades más humanas, donde seamos capaces de recoger lo bueno del mundo pequeño sin que lo malo del mundo grande se apodere del crecimiento sin diseñar. Y de momento la única idea que está funcionando es la de hacer Grandes Ciudades que sean contenedoras de Pequeñas Ciudades. Hay que volver al barrio como ente total, que sea capaz de servir y de arropar, de ofrecer personalidad propia.
El federalismo de barrios es el que hace una ciudad. Si una ciudad tiene buenos barrios, esa ciudad será buena. Así que sin duda, además de descentralizar servicios hacia los barrios, hay que dotarlos de personalidad propia, diferente entre ellos para que sus habitantes sepan amarlos de forma diferente. Porque querer a tu barrio sirve para hacer más barrio y a su vez hacer mejor ciudad.
Somos tan poco cosa en el mundo, que nuestra capacidad de cambiar el mundo es escasa…, que no sea estropear por idiotas nuestra cueva. Somos violentos porque somos animales aunque lo intentemos disimular. Animales como las hienas, pero que leemos y vemos la tele. Y empleamos papel.
Lo que si me parece inevitable es lo de irnos a las ciudades. Pero no como algo negativo, sino como el cambio lógico en una sociedad que se mueve tecnológicamente y que además se mueve en un sistema de trabajo y de economía, que le viene determinado desde fuera de él mismo. Las distancias han cambiado. Los trabajos también. Las necesidades personales ya no se pueden dar desde núcleos pequeños. Se cambiarán unas calidades de vida por otras, simplemente.
Pero claro, esto nos lleva a un trabajo contundente. Hay que diseñar las ciudades como esos contenedores nuevos que van a recoger a TODOS los habitantes. Tenemos que “hacer” ciudades más humanas, donde seamos capaces de recoger lo bueno del mundo pequeño sin que lo malo del mundo grande se apodere del crecimiento sin diseñar. Y de momento la única idea que está funcionando es la de hacer Grandes Ciudades que sean contenedoras de Pequeñas Ciudades. Hay que volver al barrio como ente total, que sea capaz de servir y de arropar, de ofrecer personalidad propia.
El federalismo de barrios es el que hace una ciudad. Si una ciudad tiene buenos barrios, esa ciudad será buena. Así que sin duda, además de descentralizar servicios hacia los barrios, hay que dotarlos de personalidad propia, diferente entre ellos para que sus habitantes sepan amarlos de forma diferente. Porque querer a tu barrio sirve para hacer más barrio y a su vez hacer mejor ciudad.
¿Qué es poner límites a los niños?
Se nos advierte a los padres que debemos aprender a poner límites sobre nuestros hijos pequeños, pero la realidad es que no estamos seguros donde está el límite del límite. ¿Qué es poner límites a los niños?
En principio no se trataría tanto de prohibir que siempre suena a autoridad poco democrática, como de tener que decir NO pero a veces. Los niños tienen que entender que el NO forma parte de nuestra vida, tanto para adultos como para niños. No se trata de un NO PORQUE SI, sino un NO razonado, explicado, y sobre todo entendido y acatado por el niño. Ellos mismos tienen que darse cuenta después que aquel NO tenía su sentido.
Las normas están para cumplirse, y para ello nada como que sean admitidas y respetadas por todos. No debemos estar constantemente advirtiendo de las normas, y si eso es necesario algo está fallando. Las normas deberían ser entendidas y respetadas con normalidad.
El NO está para reaccionar ante algo que se sale de las normas, de esas formas de convivencia que hemos preparado entre todos incluidos los hijos, cuando no tenemos que cumplirlas. Con la calma del momento elegido por el adulto.
Las normas nunca son castigos, son forma de convivencia social entre todos. Los adultos procuran calor, comida, entretenimiento, educación, etc. No se saltan las normas y un día deciden no hacer comida porque les da la gana. Esas normas generales están para todos, son diferentes según las edades y van cambiando según cambian las edades de los niños.
Y si no se cumplen, tras decir NO, hay que analizar el motivo del incumplimiento, hablarlo e incluso modificar las normas con soluciones de compromiso que sean distintas. Los límites están para cumplirse, y para ello nada como hacer partícipes a todos de las formas y los modos, adaptados a los idiomas de cada edad.
En principio no se trataría tanto de prohibir que siempre suena a autoridad poco democrática, como de tener que decir NO pero a veces. Los niños tienen que entender que el NO forma parte de nuestra vida, tanto para adultos como para niños. No se trata de un NO PORQUE SI, sino un NO razonado, explicado, y sobre todo entendido y acatado por el niño. Ellos mismos tienen que darse cuenta después que aquel NO tenía su sentido.
Las normas están para cumplirse, y para ello nada como que sean admitidas y respetadas por todos. No debemos estar constantemente advirtiendo de las normas, y si eso es necesario algo está fallando. Las normas deberían ser entendidas y respetadas con normalidad.
El NO está para reaccionar ante algo que se sale de las normas, de esas formas de convivencia que hemos preparado entre todos incluidos los hijos, cuando no tenemos que cumplirlas. Con la calma del momento elegido por el adulto.
Las normas nunca son castigos, son forma de convivencia social entre todos. Los adultos procuran calor, comida, entretenimiento, educación, etc. No se saltan las normas y un día deciden no hacer comida porque les da la gana. Esas normas generales están para todos, son diferentes según las edades y van cambiando según cambian las edades de los niños.
Y si no se cumplen, tras decir NO, hay que analizar el motivo del incumplimiento, hablarlo e incluso modificar las normas con soluciones de compromiso que sean distintas. Los límites están para cumplirse, y para ello nada como hacer partícipes a todos de las formas y los modos, adaptados a los idiomas de cada edad.
Dos caminos con decisión muy distinta
Ustedes deciden la dirección que deben tomar para su futuro. La pregunta es muy sencilla
1/ Camino simple, rápido y fácil pero equivocado.
2/ Camino complejo pero correcto.
1/ Camino simple, rápido y fácil pero equivocado.
2/ Camino complejo pero correcto.
4.12.18
San Miguel pesando almas en el Fin del Mundo
Veamos en esta imagen a un clásico y muy antiguo San Miguel, pesando almas en el Fin del Mundo. Los malos con caras de malos y los buenos arropados entre colchas blanditas.
El cielo debe ser la comodidad, el espacio, la calma, el calor de las camas propias.
El infierno debe ser el barullo, el amontonamiento, las malas caras, los nervios y el estrés.
Me da que San Miguel nos está llevando en este mundo por esa balanza del cielo e infierno. ¿Y si ya estuviéramos muertos y el cielo y el infierno estuvieran en el mismo lugar físico, en el que ya habitamos y sufrimos?
400.000 votos son 400.000 personas
Quien haya tenido la ocasión (algunos estamos locos, es verdad) de leerse el programa electoral de VOX habrá visto que no le falta una coma para ser un programa de extrema derecha, en contra de la política, claramente inspirado en las políticas republicanas de los EEUU y realizado con mucha inteligencia social. Quien lo ha realizado ni está loco ni es un imbécil. Sabe lo que quiere y además saber de qué forma hay que venderlo.
La noche electoral en Andalucía supuso también el clásico error de alguna parte de la izquierda por solicitar un cordón sanitario alrededor de algunas ideas. Como el que pone aspirinas ante una tuberculosis. La defensa contra las ideas de extrema derecha no se hace ni con manifestaciones del día después, ni con decir que son diablos, ni con asegurar que es flor de un día, ni con aconsejar el silencio y vacío. O cambiamos nuestra inteligencia social o seguiremos demostrando que somos tontos y que la sociedad no se equivoca por casualidad. Los 400.000 votos son 400.000 personas que tomaron una decisión.
La noche electoral en Andalucía supuso también el clásico error de alguna parte de la izquierda por solicitar un cordón sanitario alrededor de algunas ideas. Como el que pone aspirinas ante una tuberculosis. La defensa contra las ideas de extrema derecha no se hace ni con manifestaciones del día después, ni con decir que son diablos, ni con asegurar que es flor de un día, ni con aconsejar el silencio y vacío. O cambiamos nuestra inteligencia social o seguiremos demostrando que somos tontos y que la sociedad no se equivoca por casualidad. Los 400.000 votos son 400.000 personas que tomaron una decisión.
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