2.12.20

Se habla de fusilar a 26 millones de españoles. Y no pasa nada


"No queda más remedio que empezar a fusilar a 26 millones de hijos de puta"

"Pero Curro para que mueran hay que fusilarlos y hacen falta 26 millones de balas!!!!!!!!!!"

"Qué pena no estar en activo para desviar un vuelo caliente de las Bárdenas a la casa sede de estos hijos de puta"

“Algún día… alguien tendrá que empezar a hacer algo (legal o ilegal) contra estos hijos de puta”

"El nivel de doma que han conseguido con los españoles es insuperable. Como los monos del tríptico, ni vemos ni oímos ni hablamos”

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Tranquilos, no pasa nada, esto lo dicen en un Chat privado algunos altos mandos militares del Ejército del Aire de España, pero es en el 2020, hace cuatro días, es decir, cuando nuestra Democracia está más segura que nunca. ¿No?… ¿estamos de acuerdo en que estos militares donde hay generales son unos incapaces?

Lo curioso es que se habla de fusilar a 26 millones de españoles, más de la mitad, y constatamos que de momento la Fiscalía no se pone a investigar como hace cuando… cuando hace otras veces. Estos aburridos generales de más de 70 años han mandado además una carta el Rey de ahora, explicando su postura que coincide casi en su totalidad con la de un partido político actual, con Diputados en Cortes. Nada, es una tontaría.

Fijaros si es tontería que ni el propio Rey ha salido a decirles cuatro cosas, a ponerlos a caldo, a decirles que así no, puñeteros.

Todos estos bandarras se metieron en el Ejército en el año 1964, es decir, decidieron ser militares más de una década antes de que se nos muriera en la cama el dictador Franco. Y hoy son militares en la Reserva, aunque algunos digan que son exmilitares, pues los militares nunca dejen de ser militares. 

Son 73 altos cargos del ejército de España jugando a ser jóvenes y vivir en una Dictadura en el año 2020, añorando a Franco. Pero lo malo son los que siendo jóvenes de edad, están seguros de que se vive mejor en una Dictadura.

En Democracia los engaños son mas sofisticados. Vamos camino de eso


Si llamamos democracia a simplemente poder ir a votar cuando nos digan los que gestionan la Comunidad de Vecinos nos estamos equivocando. En la Dictadura de Franco también se iba a votar y aquello era una mierda violenta de Sistema. La democracia es participar, es respeto y justicia, es igualdad de posibilidades para ser libre y respetuoso, es luchar por la pobreza y es elegir sin trampas conocidas o desconocidas a los mejores.

Si no se cumplen todas las normas básicas de una democracia, no es una democracia. 

Ahora ya hemos aprendido todos a mentir diciendo verdades, a decir verdades mentirosas, a disimular con sonrisas cínicas, a cambiar de punto de vista sin perder la compostura, a controlar los mecanismos de participación para que no se cuelen "libres sin causa amiga" y jodan el invento.

Como se decía ayer: hay muchas democracias, y la capacidad de joderlas son muchas más, sin que se puede decir que ya no son democracias. Cuidado con las formas de engañar.

Ni el hospital tiene médicos ni las luces de Vigo sirven para ser vistas


La incapacidad de muchos es un desvivir, es la constatación clara de que nos acabamos, de que ya nos queda menos para irnos al carajo. Ahora en Vigo, tras gastarse un millón de euros en luces Led para animar al consumo en Navidad se advierte a sus vecinos por parte del Alcalde alegre, que no vayan a ver las luces, que se contagian y eso está feo. ¡¡No me jodas!!

En 24 horas hemos abierto un hospital en Madrid sin quirófanos, médicos ni paredes, y en Vigo se prohibe ir a ver las luces del millón — "¡Nuestras luces son las mejores del mundo!"— y si acaso observarlas por fotos o en internet. Me estoy ahogando de la tontería y las ganas de reírme que me han entrado. Un millón de bombillas para nada, un hospital sin enfermos ni médicos, una capacidad de aprender a reírnos que preocupa.

Entre chinos, bichos y murciélagos, llevo un lío…


Hoy me entero que el puto bicho entra por la nariz hasta el cerebro y nos pone tontos, como si eso no lo supiéramos de antemano. No nos pone tontos, se aloja en donde ya estamos tontos. Que me digo yo… ¿Para qué coño quiere el virus entrar e intentar ponernos tontos si ya lo estamos? Para mí que este bicho también es tonto. Sobre todo si lo hemos creado nosotros para jodernos un poco más.

Ahora también los chinos — con ganicas de joder o de enredar al menos— dicen que ellos no han sido, que no salió de Wuhan el bicho, sino que ya circulaba —como todos decimos y sabemos— mucho antes de la fecha que se dijo, y que vete a saber tú desde donde salió. Lo cual es importante saber.

No es que alguien se comiera un murciélago a la plancha, sino vete a saber. Igual son las cebolletas, la carne de pavo o el surimi. Que nunca se sabe. De momento en Navidad todos quietos, no vayamos a comernos el turrón con bicho. Jodo. Estamos heridos pero no sabemos de dónde ha venido la flecha.

30.11.20

Las lucecitas de Navidad nos van a costar caras, en más contagios y menos libertades


Entre las muchas tonterías que uno ha leído hoy sobre los contagios del COVID está la de "Sanidad pidiendo responsabilidad tras las aglomeraciones de este fin de semana paseando por las calles comerciales llenas de luces de las grandes ciudades de España, montadas para la Navidad". 

¿De verdad estamos bien de los sesos o no sabemos dónde estamos o ni a quien hay que ordenar para que sepa mandar sin riesgo?

Si ponemos miles o millones de lucecitas para alumbrar unas calles comerciales… ¿No lo hacemos para que vayan a visitarlas, para que los ciudadanos vayan a comprar? ¿Cómo podemos responsabilidad a las personas si antes les incitamos con millones de lucecitas a que vayan a ver la iluminación?

Es cierto, totalmente cierto, que nos está costando mucho doblegar el número de contagios, sobre todo por la falta de responsabilidad de todos nosotros. Y estos encendidos navideños en nada ayudan. Igual lo lógico hubiera sido suspender como en Italia la Navidad y sin duda suprimir fiestas de lucecitas. Pero no somos capaces de entender el sentido común.

Sobre todo porque si no somos capaces entre todos de bajar el número de contagios de forma brutal, tendremos nuevas restricciones, más duraderas, que ya han afectado brutalmente tanto a las libertades como a las economías. 

El COVID nos va a vencer no por los pulmones, sino por la cabeza

Con el COVID19 entre nosotros, llevamos desde marzo casi escondidos en casa, cuidándonos de un bicho que aún no sabemos como llegó y mucho menos cuando se irá ni con qué medicaciones lo vamos a poder vencer. Se han puesto medidas desde todos los organismos, con el fin de aplanar la curva que más parece un juego de geometría que una enfermedad mortal. 

Medidas de distancia social, de cerrar bares y restaurantes, de quedarse en casa. Ya sabemos lo que esto ha supesto. Pero me paro a pensar si para la salud mental esto no será muy mal entre personas que ya tenían pequeños problemas que les costaba mucho aceptar. 

Sabemos que hay excepciones a la movilidad, esa movilidad que nos deja sin ver a familia o amigos. Y… ¿donde estaría el problema si me voy a mi casa del pueblo, sola a descansar del ambiente de la ciudad, un par de días para cambiar de aires y ver todo un poquito mejor? 

Queda poco, nos dicen. Tantas veces nos lo dicen, que… Pero no es lo importante lo que queda, sino lo que ya hemos vivido y aguantado. Por salud mental… ¿quienes tenemos ansiedad, depresión, estrés… no deberíamos tomar el aire y sentir una libertad ahora suprimida?

Laura Puente Ajovín

29.11.20

Seguimos sin poder ir por Aragón. Está prohibido. ¿Hasta cuándo?


Llevamos en Zaragoza casi mes y medio de confinamiento perimetral, sin poder salir de la ciudad y en silencio. Parecería irreal si nos lo hubieran contado hace solo un año, pero lo estamos admitiendo con normalidad, aunque esto suponga una decisión que afecta y mucho a más de la mitad de aragoneses. ¿Era necesario? Pues posiblemente si, o casi podemos asegurar que sin duda SI, tal vez incluso por culpa de todos nosotros que no hemos sido capaces de evitar con una autodefensa mejor, una Ola de Contagios que ha sido desmedida.

Pero el dolor de esta medida unida a la de todas las anteriores y las que la acompañan en cuanto a horarios del confinamiento dentro de la ciudad, nos lleva a muchas reflexiones que todavía no es el momento de hacerse. La debilidad de la sociedad está contundentemente clara. Y no quiero añadir nada más.

Lo cierto es que muchas personas no han podido ir a sus pueblos de origen donde mantienen sus viviendas excepto con trampas, no ha ido a visitar a sus familiares excepto con trampas, no han realizado viajes de ocio que a veces calman las ansiedades excepto con trampas. Y son múltiples las actividades económicas que se han visto muy perjudicadas. ¿Es posible pensar en el turismo de nieve en Aragón si a principios de diciembre todavía no se puede ir desde Zaragoza (el 55% de aragoneses) ni a la provincia de Huesca ni a la de Teruel?

Yo no esquío ni tengo segunda vivienda, aunque sí tengo familiares en varias localidades aragonesas. Y no, no sé otra fórmula (con muchos reparos) para doblegar la curva de contagios. Pero tan importante es bajar de contagios como saber gestionar a la sociedad y eso no sé si se está haciendo bien. Sé que incluso lo que parece que sale gratis, no es gratis. Nunca. Tampoco las decisiones que se toman con todos los miedos del mundo pero sin reparar en si son las más idóneas cada día. 

No es nada fácil gestionar estos tiempos, para nadie. Tampoco para los que dependen de un trabajo que ahora no tienen. Los ERTEs sonaban bien, pero se han ido convirtiendo en una trampa. Sí, en una trampa en la que han caído uno mientras que otros ni se están enterando de la pandemia. ¿Es lógica esta desigualdad y que llevemos tantos meses sin lograrla reparar? No, yo no tengo que tomar decisiones, si acaso señalar peligros, problemas o dudas. Pero sí sé que hay otro tipo de decisiones. A veces, muchas, no todo es blanco y negro.