18.3.22

¿Qué son las Bombas Tontas y las Bombas sin Padre?


Estamos en esas mentiras terribles, dolorosas y muy tremendas, de decir desde todos los implicados que "ellos no han sido" que las bombas contra un hospital o contra un teatro lleno de niños han sido "los otros". Lo único seguro es que no las han lanzado los asesinados en los hospitales o en el teatro o mercado.

Las llaman "bombas tontas" o "bombas de padre desconocido" para disimular. Y sí, no es fácil detectar quién miente, o incluso aun es más complicado saber si en realidad no nos estarán mintiendo todos. A veces son bombas lanzadas sin un objetivo fijo, sino contra una ciudad de forma aleatoria, para que destrozan una calle, un barrio y así crear miedo, pánico, que los vecinos huyan de la zona. No buscan ningún objetivo concreto, mucho menor que sea estratégico, pues la estrategia es crear miedo.

Podemos tener la bomba sin explotar y aun así nunca sabremos quién la ha lanzado. En cambio sí sabemos desde qué ciudad la han fabricado y es posible que sepamos hasta la referencia de quien la ha montado en fábrica. Pero luego ya, todo se diluye.

Intentar continuar con el tipo de Guerra del Siglo XXI que los resultados sean como en Siria, es la mayor barbaridad que nos podemos intentar explicar para entender algo.

Yo no soy capaz de adivinar qué grado de humanismo y de relación podrá existir en las próximas décadas entre Ucrania y Rusia, entre todos sus vecinos y Rusia. Incluso entre Europa y Rusia. Pero enseguida me doy cuenta de que"Papa Dinero" todo lo cura, lo difumina, lo disfraza. 

Y volveremos a utilizar la religión, la Cultura y el Arte para suavizar relaciones, en cuando hayamos logrado enterrar a todos los muertos. Reconstruiremos toda Ucrania y aparecerán maravillosos bienhechores que contarán que gracias a ellos todo está como estaba antes. Excepto los muertos enterrados y los muertos que con vida quedarán rotos para siempre.

15.3.22

La España de 1982, vista en "El Sustituto"


Ayer ví la película "El Sustituto" de Óscar Aibar, una muestra de la España que en los años del franquismo, del inicio de la Democracia y la Transición, todavía mantenía vínculos con los nazis europeos escapados de todos los países que se creyeron dueños de Europa, y que se escondieron en España a vivir con sus rapiñas en círculos cerrados con el amparo y la seguridad del propio gobierno dictatorial de España.

La película se sitúa en el año 1982 y se basa en hechos reales, reflejando lo que parecía suceder en Denia con un tardofranquismo que dominaba todos los espacios sociales de aquella España. la policía, los hospitales, los bares y restaurantes, el turismo o las empresas de construcción.

Aquellos nazis se movían (¿se siguen moviendo?) con total impunidad, capaces de controlar por las buenas o por las malas el mundo de la marginalidad y la droga, el de los desarrollos urbanísticos o el de la policía, sintiéndose los dueños de sus destinos aunque hubieran sido torturadores a niveles industriales.

Es una recreación de aquella España, de la que todos conservamos imágenes tremendas, como la de batallones de falangistas desfilando por Madrid varios años después de la muerte de Franco, o de la impunidad con la que ciertos personajes se seguían moviendo sin control por los poderes ya democráticos.

Cuando escucho o leo criticar los periodos de "La Transición" en España desde el punto de vista actual, me parecen torpes interpretaciones sesgadas de una realidad que no conocieron. Teníamos la decoración de Democracia, pero nunca se dejaron penetrar en los núcleos de poder escondido. Parecíamos una democracia, incluso parecíamos socialistas. Pero dentro seguíamos siendo un país de ladrones dictadores, pues no se pudo hacer otra cosa, un país lleno de militares, policías y amigos de estos entramados, que seguían controlando el país desde los núcleos reales del poder, incluso económico.

14.3.22

¿Cómo afecta la inflación a los ahorros? El ejemplo de 1973


En 1973 una concatenación de malas decisiones económicas y políticas en el mundo nos llevó a todos a un desfase brutal de la inflación que sacudió el mundo y que costó mucho controlar, teniendo que adoptar algunos cambios de transformaron el mundo económico y social a partir de ellos. 

La OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo) decidieron dejar de vender petróleo a los países occidentales por apoyar a Israel en la guerra entre árabes e israelitas que se inició el 6 de octubre de 1973. 

La falta de oferta del petroleo hizo subir los precios brutalmente, y lo que era una energía barata se convirtió en un modelo inasumible para todos los países occidentales que dependían de una energía muy barata. algo similar a lo que está sucediendo en este 2021 y 2022. 

En ese momento las primeras decisiones que se tomaron fueron las de por una parte rebajar el consumo de energía barata, el cambio de coches de alto consumo por coches de muy bajo consumo de gasolina (desaparecieron los grandes coches americanos) y los Bancos Centrales se pusieron a imprimir dinero para poder subvencionar la tremenda y ya inevitable subida brutal de la inflación. 

Por ejemplo en aquellos años se decidió hacer el cambio de hora entre verano e invierno, para consumir menos energía. El desempleo aumentó brutalmente pues muchas empresas no podían soportar la subida de la energía, y la recesión se apoderó de países y de sectores estratégicos. 

Hay que recordar que en aquellos años el barril de petróleo estaba en algo menos de 3 euros y en poco tiempo paso a los 12 euros. A principios de los 80 el barril estaba ya en casi 40 euros, y ahora hay veces que alcanza los 100 dólares. En este marzo de 2022 con el inicio de la Guerra contra Ucrania ha llegado a los 128 dólares.

Algunos países optaron —como solución— por la construcción de plantas de energía nuclear, o por el aumento de la rentabilidad del carbón o de la madera como métodos de energía admisible, aunque luego se ha demostrado que lo estamos pagando todavía en el aumento de la contaminación.

Aquellas decisiones de la OPEP duraron 6 meses, pero los cambios siguen durando hoy, sabemos qué sucedió, y que se tardaron muchos años en volver a la estabilidad anterior. Las malas decisiones mundiales afectaron mucho más a unos países que a otros, la inflación en economías débiles fue brutal y duró más de una década.

En España la inflación en el año 1972 fue de un 8,27%, pasando en el año 1973 a un 11,37% y en 1974 a un 15,66%. En 1975% era ya de un 17,02%, en 1976 de un 17,56%, en 1977 de un 24,44%, en 1978 de un 19,98%, en 1979 de un 15,68%, en 1980 de un 15,59%, en 1981 de un 14,56%. Eso supone para los ahorros una pérdida brutal, que hasta finales de los años 80 no se pudo controlar. Casi dos décadas con un dinero que cada año valía mucho menos.

Quien tenía bastante dinero no lo podía dejar quieto, le sacaba rentabilidad como fuera para no perderlo, y eso suponía también una separación clara entre quien tenía ahorros y los ponía a trabajar para él y quien no los tenía o los dejaba quieto hasta casi perderlos. Ambos grupos de sociedad que en 1970 partían de similares posiciones económicas, se había separado mucho en dos décadas, sin producir nada para la sociedad, simplemente a veces comprando viviendas, locales, o jugando en Bolsa, acciones o en Plazos Fijos que evitaran la pérdida por la inflación. O creando pequeños comercios que sirvieran para no dejar el dinero quieto. 

Imaginemos 1.000 pesetas o euros de 1972 que los tenemos sin sacarles rentabilidad ninguna, al aire de soportar la inflación. En un cajón o en un banco sin rentabilidad. Aquellas 1.000 pesetas (o 1.000 euros) se habían convertido 10 años después en 203 pesetas o 203 euros. Ese es el gran problema de la inflación si no se sabe controlar.

¿Puede suceder algo similar en este 2022? Pues por si acaso, estemos preparados y analicemos las opciones actuales para defendernos.


De Ucrania vemos en directo… lo que nos quieren enseñar


Hoy desde El País, Kiko Llaneras nos da unas pinceladas muy ciertas del inicio de la Guerra en Ucrania. Es cierto que la realidad de la tecnología actual nos permite ver el instante al instante, saber todo. Pero también es cierto que ese "todo" lo controlan los que tienen más poder para controlarlo. Lo sabemos todos, incluidos los que pueden manipular la opinión, que todo llega al instante.

Por ejemplo es muy poco lo que sabemos de Rusia en estas semanas. No vemos nada de Rusia, excepto algunos golpes suaves, pero nada más. No hay periodistas que nos ofrezcan ese punto de vista. Por diversos motivos.

Tampoco tenemos casi imágenes del frente de batalla, de los frentes de guerra. En cambio sí vemos con excesiva profundidad los daños en la sociedad civil, en las ciudades, en las calles, en los barrios de las grandes ciudades.

Incluso vemos con todo detalle los inicios de las mesas de diálogo, de las muchas reuniones de políticos, como si eso fuera a ser lo que pasará a la historia. Excepto que a uno de los negociadores lo han fusilado (previsiblemente) por ser espía de la otra "parte". Y seguro, que excepto también de las numerosas reuniones y contactos que se tienen sin que lo sepamos en la sociedad.

No es culpa de los periodistas, o al menos no es culpa solo de ellos. Las guerras destruyen las verdades y es imposible estar fuera de uno de los dos bandos. Vemos todo en el acto, pero no todo lo que vemos es verdad, y sobre todo no se nos muestra toda la verdad.

Habrá que esperar meses, incluso tal vez años, para saber qué está sucediendo, qué movimientos reales de países, de ventas y comprar, de militares, de asesores, de soldados de alquiles se están produciendo de verdad entre todo ese mapa que no siempre entendemos en su profunda complejidad. 


¿Queremos ahorrar en la cesta de la compra?


En tiempos de crisis tenemos que poner en valor lo que es nuestro, defendernos mejor si es posible, de todo lo que ya tenemos. Y en consumo esto es algo que debemos tener muy en cuenta. Estamos entrando en tiempos de subida de la inflación, así que tenemos que aprender e comprar con cuidado, algo que ya habíamos olvidado.

Si el arroz que comprábamos siempre nos lo suben a 1,87 desde 1,35 hay que buscar un arroz de similar calidad y a un precio que o bien no haya subido o bien lo haya hecho menos. Es posible hoy mismo encontrar arroces de primeras marcas que van desde 1,90 a 1,57 en el mismo supermercado. Y arroces de calidad muy correcta a 0,97 euros. Un arroz no depende tanto de su propia materia prima, como de saber cocinarlo bien y de sus añadidos.

Es verdad que 0,33 euros (o 0,86 euros en un kilo) es poco ahorro, pero de esta manera evitamos que los precios en los comercios se desboquen. Ellos sí saben medir con suma facilidad qué compramos, qué cambios estamos adoptando en nuestra cesta de la compra. Y saben que tienen que tomar medidas para contrarrestar nuestras decisiones.

Si ese mismo arroz cuesta 0,15 euros más en una tienda que en otra, y nos pilla de camino ambos comercios, la decisión tiene que ser sencilla. Comprar mejor es también aumentar nuestros ingresos. Y tal vez entrar en un super que ya no visitamos nos enseñe nuevos precios, nuevas calidades, nuevos productos.

Y a su vez, consumir mejor es también ganar más sueldo. ¿De cuánto de lo que consumíamos hace unas semanas se puede prescindir? 

Cuando Borrell decía que teníamos que consumir menos gas, por mucho que se le ha criticado (algo que viene con el cargo) tenía razón y nos defendía a nosotros, los consumidores.

¿Cuánto gastamos de manera no razonada? Pues efectivamente, lo que nos da la real gana, y tenemos todo el derecho del mundo a gastarnos el dinero en lo que nos de la real gana. Pero si queremos parar ciertos abusos, en vez de quejarnos por las redes, debemos tomar decisiones nosotros. 

Consumir menos es luchar contra la subida de ciertos precios, que no tienen razones. 

España estuvo cerca de no entrar en la OTAN


Todo en la vida es muy relativo, incluso las grandes materias que nos afectan, son muy relativas. Durante 1985 y 1986 en España estuvimos convenciéndonos todos de que entrar en la OTAN era un gran error que no conduciría a nada bueno. Se hizo un referéndum en marzo de 1986 y el 56,85% de los votos válidos dijo que SI a la OTAN, con casi un 7% de votos en blanco. 

En este 2022 han invadido Ucrania por la sospecha de que podría entrar en la OTAN; por el deseo de la OTAN de seguir incorporado países a su Organización. Y se está destrozando un país libre por parte de Rusia simplemente por ese deseo.  Las personas mueren sin saber todavía que les hubiera supuesto plantearse entrar o no entrar en le OTAN.

Todo depende de planteamientos estratégicos que se escapan de las necesidades reales de las personas, y sin duda de las opiniones válidas de estas mismas personas. No importa mucho qué podemos opinar, sobre todo si opinamos lo contrario de lo que quiere el Jefe que se opine. 

¿En qué punto estaría hoy España si se hubiera votado NO a la OTAN? No lo sabemos, no es posible imaginárselo desde ninguna de las dos opciones. Es posible que se hubiera intentado otra vez en otro momento. Esos "Jefes" mundiales no querían que España estuviera fuera de la OTAN. Lo cierto es que como personas, contamos muy poco, se nos respeta muy poco.

13.3.22

¿Qué podemos hacer con los ahorros, si los tenemos?


Estamos dentro de un periodo muy importante en la historia de la humanidad más actual, de la historia del siglo XXI. No será posible quedarse el Mundo como si esto no hubiera sucedido. Se han roto esquemas, ententes, sensaciones, vecindades, y se han dado y se seguirán dando, pasos que mueven el mundo, aunque sean con una Paz cercana, que de momento no adivinamos.

El miedo es el principal componente que tenemos los que estamos lejos. Los que están dentro y cerca es la rabia, el dolor, la incapacidad mental para entender qué sucede realmente.

Y en ese miedo que ya tenemos los que estamos lejos —unos muy poco, otros bastante e incluso algunos muy mucho— ya se van tomando decisiones. Se compra aceite, legumbres, conservas, agua o papel de WC sin darnos cuenta de que nuestras decisiones sí tienen importancia. 

Nuestro miedo tiene importancia en la economía, en la visión que van tomando los medios de comunicación y la manera de multiplicar sensaciones entre todos.

Ayer me decían que en un gran Hipermercado ya no había latas de sardinas. Y se van multiplicando los carteles que nos advierten de que no se pueden comprar más que ciertas cantidades de cada producto.

Esta semana también se van escuchando voces de profesionales de la economía que con buena fe advierten de que no es el momento de invertir en Bolsa, en Activos, y van dando recetas como si los miedos se pudieran curar con alguna medicación de experto.

Las criptomonedas están sobre la mesa. Las muy conocidas o las decenas que van surgiendo cada año y que a veces como nacen mueren, llevándose tras de sí a un puñado de personas. Hoy leía sobre el patrón oro y su inevitable subida, como valor refugio ante el miedo. Las divisas sin saber quién ganará no sirven de mucho como valor refugio.

¿Qué se debe hacer en estos momentos? Sin duda ninguna estamos entrando en un periodo de inflación. 

Subirán los precios, es decir menguarán nuestros ahorros. Nos empobreceremos, aunque de momento no sabemos cuánto.

¿Se puede evitar? Sin riesgos no. Pero los riesgos son de muy variado tipo. Podemos entrar en una III Guerra Mundial, pero nos pueden diagnosticar diabetes o se nos puede caer un ladrillo desde el tejado. 

El riesgo es parte de la vida. 

Y nosotros, cada uno de nosotros según nuestra forma de ser, de la mochila que tengamos, tenemos que ir tomando decisiones todos los días. Posiblemente la decisión de comprar latas de sardinas sea la más tonta, torpe… y sencilla de todas. No hay riesgo. Pero tampoco hay ventajas.

Lo fundamental es tener calma, si ya estás dentro de Bolsa NO VENDER pues son tiempos para estar observando y dejar que pase el tiempo. Y si quieres invertir, pues no sé, tal vez el consejo sería que lo deberías haber hecho antes, sin los miedos encima. Ahora tal vez lo lógico sería esperar. 

También añado que en todos los conflictos, unos pierden, y otros ganan. Depende de varios factores muy diversos. Si los sabes encontrar, puedes ganar.