14.2.24

Grandes momentos de la Humanidad. Stefan Zweig


Excelente anecdotario de situaciones descritas por Stefan Zweig que ha influido tanto en quienes han seguido su estela, la de novelar la historia. Escritores de los que disfruto como Del Molino, Vuillard, Echenoz y tantos otros surcan las rutas de los mares cartografiados por los episodios de Galdós y las novelas anti colonialismo de Conrad.

Sobre qué o quiénes escribirían hoy los maestros en las relaciones entre literatura e historia. Quiénes son los perdedores y los miembros a capolar, las muertes que valen para Occidente pero tienen otra contabilidad si son terceros, de las actuales guerras paridas por los financieros de Putin, entonces los JP Morgan que al menos vivían en el temor de dios de que algún anarquista se los llevara por delante. Como sucedió.

No sé si en los romances paridos hoy por los maestros podría aparecer como personaje central un agricultor o ganadero rellenando la quinta hoja de la PAC o renovando su firma electrónica en su gestoría de Boltaña, quizá no.

Ese mismo manifestante que recibe cada tarde, como únicas llamadas de voz, cinco para cambiar de compañía eléctrica. Y al que ya no le escribe el tío abuelo de San Francisco sino, como a los urbanitas que detesta y ve cada verano en la piscina de Tierrantona, solo las de la Caja Rural.

Este agricultor full time, el último eslabón de la cadena, a caballo en su pick-up y con su fiscalidad especial, es una víctima de las importaciones. Debe trabajar todas las horas del reloj para intentar amortizar su maquinaria, cosecha en tierra plana, pisa nieve en Piau tres meses, el resto del tiempo da de comer a un celemín de perros con el busca de los buitres y mira trufas… Y habla en fracciones de millares de euros como otras personas eligen comprar solo marcas blancas, esas que les echan de los mercados.

A sus padres los tiene en la residencia de la cabecera comarcal. Cuando va a visitarlos no llevan sus ropas sino las de otros, siendo como son de levantarse tarde, los duchan a cronómetro y los dejan en butacas viendo, eso sí, la Peña Montañesa. El poco personal tiene que doblar como ayudante de cocina. Eso que están en una residencia concertada pública y, por lo menos, el derecho al rebote lo pueden derivar a concejales o alcaldes que sienten la presión de que están puestos por él.

Conoce casos de compañeros labradores de otros pueblos a los que el sedentarismo con almuerzos de tantas horas de maquinaria y el estrés de haber sembrado a destiempo les ha hecho víctimas de un subidón de tensión, de un ictus. Pusieron los huevos en la misma cesta, ¿o eso se dice de otra forma? Ya no se sabe.

Trasladado a la medicina privada de Pamplona, a su conocido de sindicato y del valle de al lado le trataron de usted y de maravilla. Los mismos cabrones que en la pública, si vas a San Jorge o a Barbastro, no te dicen ni hola al pasar por las habitaciones. Como el tratamiento era tan caro, y tenía un cáncer sin diagnosticar, para eso no había tratamiento y al final le derivaron porque lo que suba de los 200.000 euros que te lo trate el seguro en Huesca. Ya no nos interesa porque no damos beneficios.

No se dice así, que son bien amables. La familia oye que nosotros no podemos hacer nada más, eso sí, te vas con tus diez revisiones a tanto el escáner. Ni para tu parto si viene cruzada no tenemos fórceps.

Es posible, como en el resto de sectores, que el honrado y abnegado agricultor sea alcohólico, ludópata de la caza, un déspota heredero universal o esté más calentado que un Panda de primera generación subiendo Monrepós por su ídolo mediático de Orihuela del Tremedal.

Pero al final es un habitante de su tiempo, el que le toca a su pesar, a los mandos de una nave espacial y que si hace trashumancia es para pasear a forasteros entre sus ovejas, que parará su piquete para ir a la Fima y dejarse en Zaragoza 400 euros cuando hace diez años eran 80. Que también hay que vivir…

Zweig no intuyó y se suicidó por ello el arraigo nazi por cobardía que anidó en las clases medias austríacas, en los que eran sus vecinos de rellano.

Un agricultor como el funcionario de Huesca que les revisa la PAC o el de la funeraria de Jaca por la que todos pasaremos, es mucho más que un outsider. Es un personaje de Sergio del Molino, sin él saberlo. Como se le pare el tractor en la protesta, veremos al mecánico informático del concesionario de Huesca en su furgoneta metiendo el programa y a ver si no le engaña el sistema del tractor con la avería. Pase lo que pase, no bajará de 800 la reparación ni la rueda trasera de 2000 ni la residencia, los duchen cuando los duchen de lo mismo.

El que mejore el protocolo por humanidad es porque de serie viene así de casa.

Trata de arrancarlo, Stefan…

13.02 Luis Iribarren

12.2.24

El silencio es muchas veces la mejor manera de hablar


Llevamos unas semanas a nivel España, Europa o Internacional, que existen tantas noticias y casi todas ellas malas, que uno ya no sabe si dejar de escribir definitivamente, o ir seleccionando algunos temas para plasmar mi opinión. ¿Sirve de algo opinar, cuanto opinan cientos de personas, la inmensa mayoría de ellas con los conceptos muy claros y fijos?

La sociedad en su conjunto, ante la saturación, va poco a poco desenganchándose de casi todo. No sirve de nada seguir opinando, pues nadie quiere leer, y tal vez tengan razón. No opinamos, sino vendemos nuestras "motos" para ver si somos capaces de convencer mientras hacemos ruido.

No existe el suficiente humanismo, tampoco calma y reflexión, poco positivismo, y las ideas es jugar a joder. Y sin sexo.

Así que sí, el silencio es muchas veces la mejor manera de hablar. Creo que algo parecido decía el aragonés Baltasar Gracián.



6.2.24

Nos faltan políticos. Nos sobran gestores


Cada vez hay menos políticos, y más trabajadores de la política. Y eso es un activo conseguido por los que van logrando que se odie la política en general, y todos sabemos bien para qué lo quieren así. 

Cuanto menos política haya, más mandarán los que están en ella para trabajar y no para cambiar la sociedad. El número de políticos pequeñitos que son voluntarios son tremendamente más numerosos que los que cobran por ello. 

Y si faltan los voluntarios, los gestores no pueden gestionar si no es mal y a precios carísimos. Sobre todo en localidades pequeñas.

Lo curioso es que la sociedad en general, incluso en gran número de partes y sectores variados, abrazan ese mantra y logran por agotamiento que no haya políticos. 

No es lo mismo ser un buen Gestor de una Comunidad de Vecinos de 47 millones de personas (o de 200 millones) que ser un político. Los objetivos para la sociedad son muy diferentes.

En la izquierda esto es complicado de gestionar por nuestra propia personalidad, a la hora de entender para qué nos queremos dedicar a la política de cualquiera de sus numerosos niveles. En la derecha no, pues entienden la política más como una gestión de empresa. 

Y por el camino se van quedando referentes de la izquierda o intelectuales amplios y plurales, que cansados, quemados, aburridos incluso de lo que ya han vivido, se dedican a su vida, ajena a las labores políticas. 

Y mientras tanto no surgen voces nuevas que sean capaces de marcar caminos nuevos y con ganas. Referentes que sepan y quieran explicar. Simplemente eso. Parece poco, pero es imposible ahora.

1.2.24

¿Para qué nos sirve el miedo? - What is fear for us?


El miedo va dentro de nosotros, forma parte de nuestra forma de saber defendernos. Sin miedo seríamos todavía más tontos. Lo cual a veces parece casi imposible. 

Necesitamos el miedo para estar controlados y tranquilos, aunque parezca un contrasentido. Necesitamos el miedo para que nos puedan controlar con más facilidad.

Es cierto que nuestra capacidad de creernos capaces de todo, de controlar y dominar…, es absurda, no tiene sentido. Somos débiles y asumirlo debería ser parte de la solución.

Estamos en la prehistoria de excesivas cosas de las que no conocemos lo suficiente. Pero no nos lo decimos, y así tenemos menos miedo, nos sentimos más seguros. 

Como los jóvenes tienen menos miedos —pues ven imposible que llegue el final de la película— se saben defender peor y cometen más tonterías. 

A esas edades son también más capaces de saber aguantar los errores pues el cuerpo está nuevo. Aunque las abolladuras de la vida siempre dejan huella.

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Fear goes within us, it is part of our way of knowing how to defend ourselves. Without fear we would be even dumber. Which sometimes seems almost impossible. We need fear to be controlled and calm, even if it seems a contradiction.

It is true that our ability to believe ourselves capable of everything, to control and dominate, is absurd, it makes no sense. We are weak and assuming it should be part of the solution.

We are in the prehistory of things that we do not know enough about. But we don't tell ourselves, and so we are less afraid, we feel more secure.

As young people have fewer fears - because they see the end of the film as impossible - they know how to defend themselves worse and commit more foolishness.

At those ages they are also more capable of knowing how to endure mistakes because the body is new. But life's dents always leave a mark. 

Las tablillas en los cementerios de Japón. Visita sus cementerios


En Japón, en Tokio, son tantas las sencillas cosas que debemos ver, que una semana es muy poco tiempo para disfrutar de una sociedad diferente a la occidental. En los viajes de más de una semana que hagas a cualquier país distinto al tuyo yo siempre recomiendo que al menos unas horas se dediquen a visitar un cementerio, y admitiendo de que esto suena a barbaridad, es un ejercicio turístico que te adentra como pocos en sus culturas, en sus formas de ser y sentir. 

No es falso decir que hay cementerios maravillosos, y bien cerca de España tenemos los ejemplos de París, o incluso sin salir de España algunos cementerios en Galicia o en Castilla. Lo recomendable es antes de visitarlos revisar alguna información sobre ellos para aprovechar la visita.

Esta imagen de arriba nos muestra el cementerio de Yanaka ubicado al norte de Ueno en Yanaka, Tokio. Un cementerio donde poder ver y sentir la antigua atmósfera de Shitamachi, la historia de un pueblo, la cultura antigua de Japón.La calle que atraviesa el corazón del cementerio se llama Sakura Dori, la calle de los cerezos en flor. Si tienes la suerte de poderlo visitar cuando las flores rosas y blancas están en los árboles en primavera, verás un espectáculo inolvidable.

En las tumbas de los japoneses es habitual dejar unas tablillas con rezos y recuerdos para el difunto, que en días de viento se mueven y realizan un tintineo que suena a música celestial o como poco a sonido venidos desde el más allá. 

Como en Japón ciudad hay cementerios en algunos barrios entre las zonas habitadas, dentro de urbanizaciones, en días de viento este sonido entra en las habitaciones de las viviendas cercanas, para recordar que la vida es eso, una música que se acaba.

Residencias para personas mayores pero no muy mayores


Hay residencias que ofrecen estancias temporales, que atienden en régimen de asistencia completa a personas que han sufrido una caída, rotura,  operación, etc. para que estén atendidos mientras se recuperan de sus procesos.

Si la persona es de tercera edad, me parece bien que esta recuperación se haga en un Centro de personas Mayores.  Pero si esta persona es aún joven (50, 60, incluso 70 años), deberían existir centros donde quienes residen sean personas de la misma generación. Personas con las que interactuar, hablar, jugar a las cartas, hacer un crucigrama, ver series de tv, cualquier actividad que les mantenga ocupados y distraídos, sin pensar en su dolencia ni que han entrado en una fase de soledad, de enfermedad, de una debilidad que va en aumento.

¿Por qué digo esto? Porque si se está en un centro internado/a un largo tiempo y no se activa la memoria, el habla, las habilidades sociales, motrices, si no se motiva al paciente, si además se ve rodeado de personas ancianas, quizás en peor estado anímico y de salud que el paciente ingresado, conseguimos que alguien que entró para recuperarse de una cadera rota, o de cualquier otra cosa, salga peor de ese centro. 

Y creo que debería ser al contrario. A cualquier persona a partir de los 60 años se le debería dotar también de esperanza y alegría, de una cierta habilidad para relativizar sus procesos temporales de una debilidad, que no tiene que ver con su estado anímico al entrar ni con su edad. Y si no somos capaces de crear centros para adultos no muy mayores, los convertimos en "muy" mayores simplemente ingresándolos en unos Centros concebidos para personas con debilidad y una edad muy alta.

Hoy se es joven muchos más años que antes, y eso debe lograr que creemos servicios dotados para las particularidades de esas personas de 55 a 75 años, que todavía tienen mucha energía, aunque hayan tenido un tropiezo temporal en su salud. No deben ser geriátricos, sino más similares a hoteles con cuidados al menos de enfermería y actividades similares y cercanas.

Laura Puente 

Hay dos España, dos Madrid. Tremendamente diferentes

No queremos ver lo obvio por las calles, pensando tan vez que así nos sentimos más felices. El 31 de enero de 2024, a las 10 de la mañana, he cruzado la plaza Benavente de Madrid y había al menos unas 8 personas haciendo o intentando ser alquiladas para la prostitución.

Había un hombre durmiendo en el suelo, junto a una esquina cerca de una librería y sin tapar, y seis hombres sentados en el suelo de la otra punta de la plaza, alrededor todos ellos de dos cajas de vino.

Tenía esa mañana que acudir a un barrio “bien” de Madrid a casi una hora de Metro, donde el espectáculo era totalmente diferente.

En las tres últimas paradas de la larga ampliada línea de Metro, ya casi no viaja nadie y los que lo hacen son trabajadores del hogar hacia barrios muy residenciales. Los hospitales privados y las escuelas idénticas copan los espacios que dejan los grandes chalet o enormes edificios de diseño, con altas vallas y seguridad privada. Sin clave no se puede ni llamar al portero.

No hay comercio, no lo necesitan, no hay personas por la calle, no lo necesitan tampoco, no hay vida en la calle, si acaso en los Clubs privados de entretenimiento o dentro de las vallas metálicas.

Son dos España, dos Madrid, dos sociedades, dos formas de vivir y de morir. Son tantas las diferencias, que preocupan aunque las tapemos. El resto, nosotros, los que no pertenecemos ni a una ni a otra sociedad, no queremos mirar a ningún sitio. Nos conformamos. ¿Eso es lógico, inteligente, humano?