27.10.09

La ansiedad produce obesidad. Consejos para evitarla.

No es nuevo plantear la relación importante entre ansiedad y obesidad, porque las personas con complicadas necesidades sociales, con una vida que no les llena o que incluso se les vuelve en contra, terminan acabando en manos de ciertos vicios que aplacan la soledad, la incertidumbre, las pocas ganas de seguir peleando.
Y puede que la comida sea de las menos malas formas de tapar una ansiedad.
Pero aun así la obesidad nos produce problemas graves.
Desde la subida de la glucosa y por ello la ampliación de sufrir secualas graves en bastantes partes de nuestro organismo, la subida de tensión arterial, colestarol, triglicéridos, etc.
Tal vez la menos comentada es la pérdada de autoestima al vernos en el espejo mal, tras unos periodos de abundante caída en las golosas comidas.
Pero tenemos alternativas para saciar nuestros deseos, para calmar la ansiedad y que no nos llevan a la obesidad.
Tomar vinagretas es una de ellas. No tanto olivas como pepinillos, rábanos, cebolletas, ajos, pimientos, alcaparras, berenjenas, etc.
Nos aplacan el apetito y las ganas de comer entre horas, están buenos y agradables y no tienen calorías.
Tomar agua con gas es una forma de saciar los deseos por entrar a un bar, sin caer en alcohol o en bebidas gaseosas de alto contenido en azúcar. Si no se quiere agua con gas hay ahora bastantes bebidas incluso isotónicas, que no engordan. Desde la clásica agua tónica hasta las Zero.
A la hora de tomar embutidos, hay hoy una gran cantidad de ellos que llevan menos grasa. Hechos con pavo o incluso algunos con partes más magras del cerdo.
Un lacón (o jamón cocido) servido con unas gotas de aceite de oliva y pimentón picante seduce al más exigente. Una mortadela de pavo con unas gotas de vinagre dulce encantan.
Llevar un cliche en la boca sacia las ganas de picar calorías.
Dedicar algunas horas al día a escribir entretiene además de que consigue olvidar las necesidades de picotear por la nevera. Tenemos que tener las manos ocupadas además de la mente.
Y si hay dudas, el deporte funciona como un elemento maravilloso para aplacar vícios. Deporte incluso en solitario, si no se desea la compañía de alguien, aunque es mucho más recomendable apuntarse a un buen gimnasio o a la relación de unos amigos que acompañen en las caminatas, en la bicicleta o en el correr por los parques.

La sociedad funciona a impulsos de personas concretas

Alguna otra vez ya lo he apuntado, pero me sigue dando la sensación de que funcionamos a impulsos personales de gente que se compromete y decide abrir caminos, empujar puertas, exponerse a que le rocen la cara.
No funcionamos tanto como sociedad organizada como por impulsos de personas concretas que en un momento deciden tirar del carro y con sus ideas cambiar parcelas de la sociedad que el rodea.
Es una forma, es sobre todo el camino de que surgan pequeños líderes que pueden tener capacidad de crecer. Pero es también una forma de perder el efecto de la organziación, de la unión de ideas, para conseguir un objetivo mayor.
Ayer mismo una persona me propuso una excelente idea para revitalizar un distrito de mi ciudad. Incluso tras la idea se mostraba a las personas que SI querían poner en marcha el proyecto, que esto es lo más complicado de encontrar.
Pero es un trabajo dentro de un desierto, muy complicado de hilvanar con otras iniciativas parecidas pero propuestas desde otro grupo de parsonas. No somos organizativos ni tenemos capacidad de colaborar, si acaso de ayudar, que es bien distinto.
Su propuesta ha sido tomado muy en cuanta y se están dado ya los pasos para intentar levantarla, pero sé que es muy complicado pues el desaliento cuando observas zancadillas en los caminos vendrá y podrá tumbar las buenas ganas.
Nos movemos, insisto, a golpe de personas y no con capacidad de estar abiertos a colaborar entre todos. SEguimos siendo muy individualistas, incluso cuando tenemos excelentes ideas.

25.10.09

A punto de entrar en una sociedad violenta contra el Sistema

No quiero ser agorero en este año 2009 que quiere acabar lleno de crisis, así que intentaré medirme, pero las temperaturas que tomo por la calle en forma de opiniones viene muy calientes.

Los datos de la sociedad española son complicados, sobre todo por lo que se puede venir encima tras un otoño malo y un invierno muy frío, y hablo sobre todo laboralmente. ¿Hasta dónde puede soportar España un desempleo desaforado? Y me refiero en datos medibles de cantidad pero también en tiempo, de esa incapacidad para resolver.

Hay muchas familias con problemas; están siendo reflejadas en los medios de comunicación, pero se pueden pulsar desde organizaciones sociales, desde familias conocidas o desde médicos de familia.

La falta de trabajo, pero sobre todo la falta de salida a la crisis que afecta más a los jóvenes, está produciendo una sensación de rebeldía, que viene tras la de resignación.

Las ayudas son un apaño muy temporal, pero hay que buscar salidas reales, porque España no va a poder aguantar muchos años con una economía congelada.

El consumo ha caído mucho y se nota en la recaudación del IVA. También la del IRPF, pero lo que es más grave, tras la subida del paro y la bajada de la recaudación de la Seguridad Socia. Se encuentran también muchas empresas que están negociando sus cotizaciones y muchas veces no logran financiación para ello, con unos gastos financieros que lastran la salida.

Tendremos que crecer hasta cifras cercanas al 3% para empezar a crear empleo y si no se toman medidas urgentes y novedosas esto no sucederá hasta bien entrado el 2010 o a comienzos de 2011. Pero las empresas endeudadas tardarán más tiempo en poder reaccionar. Una década casi trágica se nos puede venir encima.

No hay soluciones mágicas, pero las inversiones tienen que estar dirigidas a DAR TRABAJO por periodos superiores a los 3 meses, no como en el pasado Plan E.

Lo fundamental es que las personas tengan trabajo y puedan mover la economía. Sin trabajo es imposible salir de la crisis. Ni las personas ni el país.


¿Qué factores nos inmovilizan en la vida?


¿Qué factores nos inmovilizan en la vida? Es una pregunta muy común, que o nos hacemos o incluso no nos la hacemos, lanzando contra la sociedad nuestra mala suerte.
En realidad somos nosotros los que no tomamos las debidas decisiones. Pongo cuatro factores para analziar.

La duda permanente ante todo, el miedo, el no valorarnos lo suficiente.

El miedo a agravar la situación todavía más, nos inmoviliza, cuando en realidad si algo va mal y no hacemos nada, lo menos malo que nos puede suceder es que siga igual de mal, y lo normal que empeore.

Nos resignamos ante lo que nos viene, y lo aceptamos sin intentar cambiarlo

Dependemos mucho de las opiniones de terceros, de "los otros" y eso nos inmoviliza. Nuestra vida es nuestra. Sólo nuestra.

Los profesores de Formación Profesional deben mejorar

Mis críticas hacia los profesores de Formación Profesional son en algunos casos amplias como lo son hacia el propio sistema de FP, lo siento por ellos en general, pues sé que hay excelente profesionales que se dejan la piel por y con sus alumnos. Pero el conjunto debe mejorar y mucho. Le he dicho en reuniones de sector, se lo he dicho a ellos con especial dificultad, y lo dejo escrito en diversos lugares, desde el conocimiento como empresario que ha llevado durante más de una década a alumnos en prácticas.

Me contaban ayer el caso de un ciclo de Grado Medio en Zaragoza (familia del metal), en donde la relación con los alumnos es casi de mediados de siglo pasado. Los castigos, las faltas, los avisos, los sistemas de control son tan ásperos e ineficaces que preocupa no ya solo el sistema sino la incapacidad para crear profesionales.

La FP es un sistema educativo, sin duda, pero profesional y por ello con unas claves diferentes si lo que queremos es que los alumnos estén motivados y crean en esa formación.

Los chavales que acuden a la FP de Grado Medio son en muchos casos chavales que no han sido admitido con facilidad en el sistema escolar y por eso, tratarles de rebeldes, aunque lo sean y con sistemas escolares viejunos, no funcionará nunca.

Se logrará que estos alumnos vuelvan a abandonar el sistema educativo profesional y a que las referencias de su validez se vuelvan a caer.

El engranaje necesario (sobre todo en Grado Medio) entre la empresa y el mundo real y el educativo deja mucho que desear y salimos perdiendo todos (también la empresa y con ella la sociedad) por no querer afrontar con mas energía unas reformas muy necesarias. 

Entre ellas el cambio de ciertos tipos de profesores por otros más profesionales y laborales y la entrada del Ministerio de Trabajo junto al de Educación en estos módulos profesionales. 

Nota.: La FP Dual se ponía encima de las mesas de reflexión y trabajo en este 2009 del artículo superior, como una forma ya utilizada en Europa y en algunas zonas de España, pero se veía como un peligro para los profesores escolares, en detrimento de los profesores profesionales. Al final pero tarde, se ha cambiado (lo digo desde el 2019) para bien.

23.10.09

¿En qué se diferencia un relato corto de una novela?

Le diferencia entre un relato corto y una novela no es sólo de tamaño. O diría más. El tamaño NO importa.

Un relato, un cuento, es una fotografía, un momento, una escena o a lo sumo escasas escenas con pocos personajes. No es necesario que tenga el clásico desarrollo. Principio, trama y final. Un relato no tiene porqué tener principio ni mucho menos final. Es repito, una fotografía.

Una novela, corta o larga, es una película. Es una serie de escenas, perfectamente engranadas para que no se noten los cortes o el montaje, con una presentación perfecta y atrayente, un desarrollo que lleve a los personajes de un lugar a otro (les tienen que suceder cosas en su historia) y un final cerrado o no, pero final.

22.10.09

Entrevista a Eduardo Mendoza en El País

"No he tenido nunca ninguna clase de pudor literario"
"Y en un momento determinado me planteé por qué no intentar escribir un texto sin un solo que, un guiño a Jardiel Poncela, Georges Perec o a Raymond Queneau". Y, sí, sin uno de "esos molestos que que aparecen por todas partes" escribió hace un tiempo Eduardo Mendoza (Barcelona, 1943)
El final de Dubslav, segundo de los tres relatos que han dormitado un tiempo en los cajones de su escritorio y que ahora conforman Tres vidas de santos (Seix Barral), el primer libro de este género que el barcelonés publica en sus 34 años de carrera literaria.
"Lo que pasa es que soy idiota y me van los retos; podría haber seguido haciendo novelas humorísticas y tal, pero bueno, en esto de la literatura siempre le he hecho caso a lo que me dijo un día Juan Benet: 'No hagas nunca nada que ya sabes que quieres hacer y lo tengas claro; que todo sea arriesgado y a lo que te salga'. Y él se inventó eso de escribir con ese rollo de papel inmenso, un preordenador casi", revive el autor.
El reto de Mendoza estaba esta vez en que, según cree, no sabe hacer novela corta. También cree que deseaba reflexionar sobre algunas cosas. Y opina: "en una novela, la reflexión despista; no es para pensar, es un viaje, una experiencia vital". Y por eso hoy sufre esa novela: "La experiencia vital del lector es ahora mucho más amplia que la de los lectores de Balzac. Tiene acceso a información brutal, viaja... La aportación de vivencia que daba la novela es ahora innecesaria".