16.3.26

Desde la izquierda hay que trabajar mucho más


Hace unas semanas asistimos en España a dos intentos de configurar una izquierda a la izquierda, que aunque los medios afines y neutrales intentaron dar aire, enseguida se apagó aquella ilusión en forma de mecha.

Casi nadie desde dentro quiso creer que era realmente necesario.

Ahora, enseguida, en Castilla y León hemos visto lo que sucede cuando no se sabe leer bien las señales de los indios del bosque social.


Y advierto que esto sirve tanto para Podemos como Sumar e IU, o como para los partidos territoriales que han salido reforzados en estos tres bloques de comicios en las Autonomías. Y me fijo por lógica en CHA.


Hay que saber entender los tiempos, los tempos incluso, los momentos de cada escenario, y saber tomar decisiones según esas reflexiones que saben entender las necesidades. 


Puedes tener muchas razones, como estoy seguro pensaban que las tenían, tanto Podemos como Ciudadanos, UPyD como Sumar. Pero los errores se pagan caros y muchas veces no es posible revertirlos y rectificar. Si no tienes una base fuerte es muy sencillo hundirte.


No es cuestión del punto de vista de un imaginario líder con sus varitas mágicas, sino de equipos que crean en equipos, y en donde haya un orden válido para funcionar las ideas y las posibles soluciones. Ojo, señalo que un equipo es un grupo con orden y si es necesario, jerarquía.


Hay que trabajar mucho desde el mundo de las ideas, sin querer figurar, sin miedo interior de equivocarse en las reflexiones, siendo generoso con las ideas aportadas aunque se esté convencido de que son solo granos de trigo que incluso nunca se van a utilizar.


No se necesita una Tormenta de Ideas, sino una docena.


Julio Puente

Lo que Abascal hará en las tres comunidades


Tras los resultados de las Elecciones en Castilla León, entrarán a saco los análisis sesudos para saber qué ha sucedido. Y no es que sea interesante solo para Castilla León, sino también a medio plazo para España y en el corto para Aragón y Extremadura, que esperan solución a sus votaciones de hace unas semanas. Y todas giran alrededor de Abascal.

Es verdad que algunos partidos han subido y otros han bajado. Con un número de votos contabilizado muy similar. Solo han subido un 1,7% de votos contabilizados a fecha de lunes, con respeto a 2022. Aunque haya crecido la participación porcentual, pero es que hay menos habitantes.

Sube el PP en 56.000 votos. Sube el PSOE en 14.000 votos. Sube VOX en 19.000 votos. La suma de IU y Podemos logra casi 25.000 votos menos. Y Ciudadanos logra 50.000 votos de menos. No son números tremendo, pero muestran detalles de posible tendencias.

Parecería que la derecha actual simplemente recoge el voto perdido de Ciudadanos, y que el PSOE recoge el voto de su izquierda que se cambia. No es para tanto, lo que demuestra que Castilla León es muy fiel.

¿Y ahora? 

Pues la papeleta sobre la mesa de decisiones la tiene VOX, y solo VOX. En Castilla León, en Aragón y en Extremadura. 

Y su decisión será tomada Abascal desde Madrid, les guste o no les gusta en estos territorios, y será tras analizar muy bien los resultados, lo que no quiere decir que sea la misma para las tres comunidades.

Puede apoyar a Extremadura desde fuera del Gobierno. Puede entrar en Aragón a un gobierno que al exija grandes cambios; y puede jugar en Castilla León con intentar repetir las elecciones. 

Y seguir analizando el Gobierno Central desde su atalaya.

Las otras opciones son hacer lo mismo en las tres comunidades, entrar y solicitar unas Consejerías muy técnicas pero a la vez muy sociales, dotarlas de un aumento de presupuesto, y gobernarlas ajenas a la gestión de Presidencia y el resto de Consejerías de cada Comunidad. 

Por ejemplo pueden apetecerle Agricultura, Ganadería y Desarrollo Rural, Familia, Juventud y Bienestar Social, incluso Movilidad y Educación. Insisto, solo si no son "marías" y llevan aparejado una gestión de poder económico real.


14.3.26

Cómo evolucionará la Cultura y el Arte en el siglo XXI?


Debemos hacernos una pregunta bastante básica, llegando al punto actual de evoluciones artificiales en la creación artística, y reflexionar o ver, como por una parte el mundo de la Cultura se va a ver influido por la llegada a todos los niveles de la IA; y por otra parte, asumir, que este mundo de hoy, en el 2026, es una sociedad global mucho más violenta que la de las ocho décadas anteriores. Se dice incluso abiertamente por dirigentes europeos y norteamericanos, que las Normas de Bienestar anteriores, ya no sirven para este presente.

¿La suma de todos estos cambios afectará a la creación cultural y artística?

¿Cómo creemos que va a evolucionar el mundo de la Cultura en lo que resta de este siglo XXI?

¿Se producirá una globalización cultural, o al contrario asistiremos a un mundo de múltiples micro culturas?


La pregunta que planteo es muy compleja porque la cultura nunca evoluciona de forma lineal, sino entre tensiones históricas, a saltos según va moviéndose la sociedad. Si uno observa procesos históricos largos, lo más probable no es que el siglo XXI termine en una cultura global única, ni tampoco en una fragmentación total, sino en una globalización cultural por arriba y una multiplicación de las micro culturas por su base social.

La cultura siempre ha oscilado entre unificación y diversidad. En varios momentos de la historia han coexistido procesos similares al actual, en cuanto se producen tensiones de cambio. En el mundo romano hubo una cultura común mediterránea (el latín, su derecho, el urbanismo de aquella sociedad), pero también sobrevivieron muchas culturas locales.

En la Europa medieval existía una cultura universal cristiana y latina, pero mientras tanto cada territorio mantenía sus propias tradiciones vivas para no perderlas, tanto que muchas de ellas, las que podemos llamar micro culturas, han llegado hasta nuestros días. Por ejemplo los festejos, la gastronomía, los trajes, etc.

En el siglo XIX la industrialización creó una cultura nacional de masas, pero a la vez surgieron movimientos regionales y folclóricos. El nacionalismo cultural logró conservar sin perderse, desde pequeñas costumbres a formas de expresión. Y no solo siguen vivos, sino que además se intentan cuidar en la actualidad para que nunca se pierdan. La cultura moderna ya vive de ese equilibrio inestable entre lo común y globalizado, y lo particular de cada zona que se cuida para no perderlo.

Hay algo nuevo en nuestro tiempo. La infraestructura cultural se ha globalizado. Las grandes plataformas tecnológicas —hoy pueden ser entre otras Netflix, YouTube, TikTok o Spotify— están creando por primera vez en la historia un ecosistema cultural mundial compartido. Vemos, leemos, escuchamos lo mismo y desde el mismo instante, si así lo decide, un ciudadano de la India u otro de Soria o de Londres.

Esto tiene varias consecuencias. Los mismos contenidos circulan en todo el planeta. Las referencias culturales se sincronizan (series, música, memes, libros, músicas). Los creadores pueden tener público global sin intermediarios nacionales. Este proceso ya está generando lo que algunos sociólogos llaman “cultura planetaria de consumo cultural”.

Pero es cierto que aunque todo está a disposición de todo el mundo a la vez, luego cada persona decide qué leer, ver o escuchar. La libertad de elegir sigue siendo de cada uno de nosotros. Por eso la globalización en la disposición, no significa uniformidad completa.

Al mismo tiempo ocurre lo contrario. Nunca en la historia de la humanidad ha sido tan fácil crear comunidades culturales pequeñas y específicas. Internet permite que existan subculturas estéticas, o comunidades artísticas minoritarias, o culturas regionales muy pequeñas, microgéneros musicales o literarios, talleres de escenas locales pero conectadas globalmente, o grupos de expresión y reflexión que ni se conocen ni se conocerán nunca, aunque compartan toda su Cultura de Creación.

Es decir, la tecnología que globaliza la cultura y el arte también deja que se fragmente, creando espacios muy diversos, y muy alejados los unos de los otros, tanto que nunca se conocen personalmente los creadores, los modos incluso.

Se sabe por estudios recientes, que hoy, una comunidad de unas 20.000 personas que tengan un interés cultural muy específico, puede sobrevivir perfectamente en el tiempo y tener una implantación con cierto peso en sus sociedades.

Durante el siglo XX existía algo que hoy está desapareciendo: la cultura dominante nacional. En España, por ejemplo, durante décadas todos compartían las mismas cadenas de televisión que eran una o dos, a lo sumo en las últimas décadas cuatro, y los mismos periódicos, los mismos referentes culturales que habitualmente los organizaba el poder municipal o de comunidad. Se consumían lo que te entregaban, que era poco, controlado y estructurado para unos fines muy concretos, aunque hubiera democracia.

Hoy eso está desapareciendo.La televisión nacional ya no organiza el imaginario colectivo. Lo hacen redes dispersas, decenas y decenas de cadenas o de modos de acceder a los vídeos que deseas, y aunque se asume que también aquí existe la censura escondida, el consumidor puede elegir mejor entre muchas más opciones de cultura, de entretenimiento, de arte.

Otra característica clara del futuro cultural es la mezcla permanente de tradiciones que han logrado sobrevivir. Un ejemplo muy visible es la música actual. Coexisten ritmos africanos con electrónica europea, a veces se mezcla con pop coreano o rap estadounidense, triunfa el folklore latino y todo se mezcla, lo que nos muestra cómo una cultura local puede convertirse en producto global sin dejar de ser local.

Parece cierto que la inteligencia artificial cambiará el sistema cultural, aunque sea todavía pronto para definir en qué volumen, y sobre todo en qué importancia negativa. El impacto cultural de la inteligencia artificial puede ser comparable al de la imprenta. Y todos sabemos que no depende tanto de la herramienta en sí, como de la utilización que se haga con ella.

Pero sí sabemos que veremos tres cambios importantes. Una explosión de la cantidad de la producción cultural, muy variada además, pues habrá millones de creadores produciendo imágenes, música, textos o vídeos, al ser tan sencillo y barato crear.

No sabemos todavía el valor de su calidad, de momento sabemos ya, que la cantidad será brutal, tanta que es imposible consumirla toda, por falta de tiempo y deseos. Tendremos tanto donde elegir, que posiblemente colapsaremos no sabemos de qué forma.

El volumen cultural crecerá de forma gigantesca. Y eso nos lleva a ver la desaparición parcial del autor tradicional. Y también a que muchos contenidos serán colaboraciones entre humanos y máquinas. Es verdad que desde hace muchas décadas un libro impreso es la colaboración entre humanos y máquinas, sobre todo si lleva imágenes y está bien encuadernado.

¿Qué herramienta hace esas imágenes, de qué manera se convierten en algo visible “pegadas” en un papel? Pues efectivamente, es el ser humano pero ayudado de máquinas.

Es posible que en el futuro la cultura sea más personalizada. Los algoritmos tenderán a crear contenidos adaptados a cada persona, algo que nunca ha ocurrido antes. Ya hace mucho años que es posible la impresión bajo demanda de libros personalizados, en donde el protagonista es quien quiera el escritor en colaboración con el impresor digital. Pero podemos imaginar creaciones en las que estén adaptadas a los gustos del cosumidor, sean vídeo, literatura, música, etc.

Aunque haya micro culturas que sobreviven en ese mundo inmenso en lo creativo, existe un riesgo. La cultura global puede volverse muy uniforme en lo superficial, imponiendo las mismas estéticas, los mismos formatos, las mismas narrativas, y sea mucho más costoso acceder a otro tipo de productos distintos, minoritarios, diferentes, lo que los puede hacer todavía más minoritarios.

Muchas obras empiezan a parecerse entre ellas porque los sistemas recomiendan lo que ya funciona o interesa. Y eso supondrá que se abaraten en su coste, y se vendan mucho más, y además ocupen un espacio en el mundo cultural muy superior al que le correspondería por calidad. La rentabilidad de un producto cultural puede imponerse sin querer (queriendo), y homogeneizar el consumo casi programado para incluso manipular formas de pensar.

Curiosamente, frente a la globalización digital, las ciudades incluso pequeñas volverán a ser centros culturales muy importantes. La cultura que se haga y muestre en los barrios de las grandes ciudades, tendrá un peso diferente.

Las escenas culturales más interesantes seguirán surgiendo en lugares concretos como Berlín, Barcelona, New York, Lisboa o Ciudad de México por poner algunos ejemplos recogidos a voleo. Pero en espacios urbanos pequeños se seguirá creando un caldo de cultivo distinto.

Las ciudades y los barrios generan contacto humano, mezcla social y experimentación, algo que internet no puede sustituir del todo. Logran el “contacto” con la Cultura, algo que todavía es imposible de reemplazar. Lo que sean capaces de hacer las propias ciudades, tendrá una importancia crucial en el mantenimiento y la calidad de la Cultura de la zona.

Si tuviera que resumir cómo podría ser la cultura hacia el año 2100, tendría que pensar en infraestructuras culturales globales y compartidas (plataformas, redes, lenguajes digitales), pero a la vez la supervivencia de miles de microculturas activas, posiblemente conectadas globalmente.

Y asistiremos a un crecimiento hacia las culturas híbridas (personas perteneciendo a varias culturas a la vez) que logran resultados nuevos de mezcla, interesantes y que por la novedad, supondrán una nueva incorporación al mundo de la Cultura.

Eso nos puede llevar a crecer todavía más en una producción cultural masiva asistida y ayudada por la IA, y la vez a una revalorización de lo local y artesanal como reacción a lo digital. En realidad la cultura siempre se mueve entre dos necesidades humanas muy profundas; la necesidad de pertenecer a algo común y la necesidad de ser diferente, de crear desde lo que creemos que nunca se ha realizado. El siglo XXI no eliminará esa necesidad.

Algunos historiadores de la cultura, tecnólogos y teóricos del arte ya están utilizando —con cautela y dudas— la expresión “nuevo Renacimiento” para la mezcla de este siglo XXI aupado por esa IA que todavía no sabemos bien hasta dónde puede llegar. Sabemos de lo que ya es capaz de hacer, pero tenemos que reconocer que estamos en la prehistoria de esa IA del futuro.

No es todavía la IA un concepto consolidado entre todos ni admitido por muchos, pero aparece cada vez más en debates académicos y tecnológicos. La cuestión se hace al comparar la IA con el gran cambio cultural europeo del siglo XV, el Renacimiento, que estuvo ligado a varias innovaciones técnicas e intelectuales, especialmente la imprenta de Johannes Gutenberg. La idea es que la IA podría ser una herramienta transformadora de alcance parecido, aunque en un contexto histórico completamente distinto.

El Renacimiento europeo no surgió solo por un cambio estético. Hubo varias transformaciones simultáneas. Nació la imprenta y con ella el redescubrimiento de la cultura clásica. Pero a su vez hubo una clara expansión de las ciudades con la llegada de flujos migrantes de las zona rurales, por primera vez en la historia. Se crearon nuevas redes comerciales y a la vez con la suma de todo lo anterior, nacen y se asientan nuevas élites culturales.

La imprenta permitió multiplicar el conocimiento y difundirlo rápidamente, algo que antes estaba restringido a monasterios y universidades, a unas clases dominantes muy determinadas.

Hoy, algunos investigadores, creen que la IA puede provocar algo similar, una multiplicación gigantesca de la capacidad creativa humana. La democratización radical de la creación, como desde 1975 supuso la democratización (y abaratamiento) del color en la imprenta, de que todo dejara de ser en blanco y negro o a lo sumo impreso en dos colores, en dos tintas. Un cambio que nadie notó, pero que supuso una innovación tremenda para que los libros y revistas resultaran más atractiva y por ello más consumidas.

Hasta ahora muchas disciplinas culturales exigían habilidades técnicas difíciles de adquirir. Desde pintar con dominio técnico a componer música, desde diseñar para publicidad a crear o hacer cine, intentar ilustrar libros o componer música.

La IA ayuda a que individuo sin excesiva formación pero con una idea clara de lo que quiera puede generar imágenes, vídeos, música, animación, publicidad, literatura, y sin dominar completamente la técnica. A eso me refiero cuando hablo de que la llegada de la IA puede provocar una explosión de creación cultural comparable a la llegada de la imprenta.

En cada gran revolución tecnológica aparecen nuevos lenguajes artísticos. La fotografía cambió el concepto o sentido de la pintura, la llegada del cine creó un arte nuevo, pero la televisión transformó la narrativa y enseguida internet cambió la literatura y el periodismo. Hoy la IA abre las formas artísticas nuevas, híbridas, con Arte Diferente, al que le pondremos en breve el apellido que nos parezca mejor.

Es decir, no solo con las nuevas herramientas crearemos más, sino que seguramente surgirán nuevas formas de arte, que ya se están viendo en algunas narrativas. Posiblemente hoy entendemos que eso no es Arte, pero es cuestión de años.

Muchos teóricos creen que el papel del artista creador cambiará. El artista podría convertirse en algo parecido a un director de sistemas creativos y de inteligencias artificiales. Un creador de posibilidades.

Lo importante ya no será producir cada elemento manualmente, el artista planteará ideas tras explorar variaciones sin coste, seleccionará resultados para construir narrativas tras analizar varias opciones sin coste. Algo parecido a lo que hace un director de cine con su equipo, mezclando escenas para buscar una narrativa que le guste.

Si millones de personas pueden crear con facilidad, podría producirse algo parecido a lo ocurrido tras la imprenta, una multiplicación de libros y una tremenda circulación de ideas y debates intelectuales, pero… existirán tantas personas capaces de consumir todo eso?

La cantidad de obras culturales podría crecer de forma exponencial. Pero también hay una crítica importante pues enseguida se advierte de un riesgo. Es decir, una saturación cultural con obras repetitivas y una pérdida clara de la originalidad y que todo nos parezca incluso estéticamente idéntico.

Si los sistemas de IA se entrenan y crecer analizando el pasado ya creado, pueden tender a reproducir estilos existentes en lugar de crear algo realmente nuevo. Si la difusión cultural depende de plataformas y marcas o empresas, el riesgo es que los algoritmos decidan qué se ve y qué no es real. Eso podría limitar la diversidad cultural. El reto del siglo XXI es diferente al del Renacimiento europeo, ya no se trata solo de crear más arte, sino de entender la relación entre inteligencia humana e inteligencia artificial.

Si miramos a largo plazo (hacia el año 2050 al 2100), hay tres escenarios posibles desde el punto de vista de este 2026. Podríamos estar viendo nacer un nuevo Renacimiento creativo con una explosión de cantidad de creaciones.

Pero también podría ser que todas esas creaciones fueran simples churros casi industriales. Muy bellos, pero sin alma, perfectos pero aburridos.

Y también podría ser que la IA se pudiera convertir en una simple herramienta muy poderosa, pero manejada por personas creativas para que esa creatividad humana siguiera siendo el centro de la Creación de la Nueva Cultura.

Julio Puente

12.3.26

No sabemos quien manda en Irán


Mojtaba Jameneí, el nuevo líder supremo de Irán, no aparece ni en vídeo por la televisión, lo que hace aumentar las dudas sobre quien manda realmente en Irán. Nos importa poco, es cierto, pues es un país en guerra y lo de menos es saber quien la está reordenando, decidiendo. 

En el otro lado tenemos a Donald Trump que es un señor muy mayor que demuestra ciertas dudas, y en Israel a un peligroso soldado, que de guerras sabe ya mucho por su experiencia.

Es decir, el mundo podría estar explotando… y no sabríamos bien en manos de quien estamos. O lo que suena a muy parecido. No sabemos en base a qué modelos históricos o razones, nos están llevando al caos. Aunque tampoco sirve de mucho saber qué libros han leído todos estos.

Si se centran las peleas en Ormuz salen ganando los civiles que mueren por las bombas sin saber bien de qué va todo esto. Me da igual que sean fallecidos civiles de Líbano, Israel o Irán. El caso es matar civiles para dividir y meter miedo.

En realidad daría igual si la gasolina se nos pone a 3 euros el litro, y el barril de petróleo suba hasta los 150 dólares el barril. Lo peor es que no haya suficiente en el mercado, que no seamos capaces de jugar a jodernos sin utilizar la energía como arma de guerra. 

Si escasea lo que llega no es el aumento del precio, sino el miedo y el descontrol en todos los precios globales.

Y los que mandan en Irán lo saben, aunque no sea  Mojtaba Jameneí. Alguien en los EEUU pensó que destronado el Líder, todo estaría sobre ruedas. 

Pero a veces quien sustituye al Líder quiere demostrar que él… es más chulo que nadie, y los deseos se hunden por no haber tenido en cuenta el sentido común.

En las dictaduras, en todas, lo que sobran son líderes en la recámara. Hay tantos, que incluso se permiten el lujo, en todas ellas, de matarse entre ellos mismos. 


11.3.26

Se nos acaba la Verdad. Y disfrazamos la Mentira


Ya es incluso asumido, que la Verdad que vemos y leemos, la que nos quieren enseñar, la que compartimos entre todos, se acabó hace menos de un año. En realidad creemos que es la IA la que acabó con la Verdad, pero no es cierto. Siempre somos los seres humanos y el uso que hacemos de las herramientas, lo que modifica la historia de la civilización. 

Hoy tenemos la IA como nueva herramienta, también para las guerras militares, mucho más para las guerras económicas.

En realidad no desaparecerá la verdad, simplemente la esconderemos entre todos nosotros, la llenaremos de mentiras para que nadie sepa distinguirla entre la basura, jugaremos a ells y con ella para nuestros propios intereses. Deberíamos cambiar los 10 Mandamientos de la Religión occidental, y quitar la Mentira como el octavo mandamiento de Pecado Mortal.

Los deepfakes (los contenidos que como videos, imágenes o audios son mostrados mediante IA para mentir, imitando de forma realista la voz y los movimientos de una persona) se usan para la desinformación, los fraudes, la suplantación de identidad no consentida, con un uso de la IA generativa, que logra que la propaganda nos haga cada vez más complicado saber qué es verdad y qué es manipulación.

Ya no creemos por lo que vemos y nos muestran —y esto irá en aumento— sino por saber y creer quien nos lo cuenta. Será la única manera de defendernos de esas mentiras de IA. 

No veremos y creeremos lo que nos enseñan, sino quien nos lo muestra, para saber si ha pasado los controles que nosotros queremos admitir.

Eso no garantiza la verdad absoluta, pero sí al menos que si nos engañan, lo hará quien es similar a nosotros. Ojo, pues esto también tiene su peligro de división social.

Admitiremos comunidades de respeto propio, comunidades de creencia y asumiremos que estos nos engañaran menos veces, pues habrán filtrado lo que les llega. ¿Y lo harán siempre de verdad o también se dejarán corromper por el poder?

Solo nos queda aprender por nosotros mismos a defendernos, a distinguir, a ser capaces de ser críticos con lo que vemos, leemos o escuchamos, a base de aumentar nuestra alfabetización digital, visual, crítica con lo que nos dan masticado y empaquetado, aunque eso supongo un esfuerzo añadido si queremos conocer la verdad, estando menos manipulados.

El uso más rápido y eficaz de la IA para engañarnos es una de las realidades del momento. Si nos fijamos ahora en la Guerra en Irán, vemos que incluso los EEUU nos informa en tiempo real qué quieren hacer o decidir. 

No ya lo que han hecho, sino lo que quieren hacer. Y no solo para que lo conozca el enemigo, sino para que nosotros, tú y los millones y millones que lo escuchamos, tomemos partido.

Irán durante los primeros 10 días prohibió emitir imágenes de su país con los daños sufridos. Pero ahora ha descubierto que eso es negativo. Y ha cambiado, poniendo a periodistas propias, a ser posible mujeres, mostrando el sufrimiento, es decir, mostrando lo malos que son "los otros". No es todo IA, de momento, es uso de la publicidad a través de la imagen.

Tan importante es lo que dice un político con mando en plaza sobre una decisión muy grave, como que sus palabras lleguen a todo el mundo a través de las Redes. Comparado con otros tiempos históricos, esto parece tremendo, no solo por la no existencia de esos modelos de comunicación en el acto de guerra de otros tiempos, como por el uso que se hace ahora, para observar reacciones.

Donald Trump y/o sus asesores puede publicar en un momento una nota en sus Redes y a las dos horas publicar otra cosa totalmente distinta. ¿Cuál de las dos es mentira, manipulación? ¿Las dos? Y se lo dicen a toda la sociedad que lo quiera leer. 

Ahora es sencillo ver pequeños vídeos de ataques de unos contra otros, y escuchar gritos o voces en el ambiente. ¿Son ciertos? Y de serlo… ¿quien los envía y para qué finalidad? ¿Son todos y solo, con la buena intención de informar como los antiguos radioaficionados?

La guerra militar actual y no solo la de Irán, va acompañada de una guerra informativa digital extremadamente intensa. 

En el conflicto entre Irán, Israel y Estados Unidos, investigadores y periodistas han detectado una cantidad muy alta de imágenes y vídeos falsos o manipulados circulando en redes. Existen vídeos de videojuegos militares compartidos como si fueran combates reales e imágenes generadas con IA de ataques o explosiones además de imágenes desde satélites que han sido manipuladas digitalmente para mostrar daños inexistentes, u otros vídeos reales de anteriores conflictos antiguos, reutilizados como si fueran actuales.

Los análisis de verificación han detectado varios patrones diferentes, según vengan de un país o de otro. Hay redes afines a Irán que difunden imágenes exagerando daños a Israel o a bases estadounidenses, y vídeos de supuestas victorias militares que no se pueden verificar. 

Las redes proisraelíes o prooccidentales reutilizan vídeos antiguos de protestas en Irán para afirmar que el régimen está colapsando. Y existen también redes oportunistas o propagandísticas que es más complicado saber desde dónde vienen, con cuentas falsas o hackeadas, que publican vídeos generados con IA.

Y finalmente también hay redes coordinadas que imitan “periodismo ciudadano”, de personas civiles anónimas con nombres falsos. Incluso se han descubierto redes de cuentas coordinadas creadas específicamente al empezar los ataques para amplificar este tipo de contenidos. Y en estos casos, da igual de qué país del conflicto vienen, pues son múltiples.

El ciudadano tiene que adivinar si son falsas o reales, y a quien beneficia en apariencia lo que vemos. Pero admitiendo que quien lo hace, muchas veces, lo sabe hacer muy bien para que no se note la trampa con facilidad.

Los periodistas tardan horas o días en verificar lo que internet difunde en minutos. Algunos analistas hablan ya de una segunda guerra paralela, la guerra de percepción. Se quiere comunicar para que los receptores perciban de una determinada manera lo que se les envía. Ya no se trata solo de informar, sino también de que se perciba cocinado, lo que se les envía.

La consecuencia más importante es que ya no solo cuesta saber quién gana o pierde, también cuesta saber qué ha ocurrido realmente. Y sobre todo pensando en el Marcado de Futuros (una guerra económica) para saber en tiempo casi real qué está sucediendo, para apostar por un producto o el contrario en esas inversiones a futuro.

10.3.26

Cambia el orden mundial con la guerra en Irán?


La llegada del presidente de los EEUU a su segundo mandato en enero de 2025, ha arcado claramente el cambio de paradigma mundial. Se acaban las reglas de respeto entre países de forma clara, se vuelve a un clima bélico e incluso de chulería para demostrar quien quiere ser el “Chico” malo del colegio del mundo, mientras otros chicos observan, y… o se callan o utilizan la táctica de esperar el momento adecuado.

Estadísticamente se sabe que parece inevitable que cada 250 años cambien los ciclos en las civilizaciones del mundo. 

La última comenzó sobre 1800 con la llamada Revolución Industrial, que según países comenzó entre 1750 y 1820. Estamos pues en los que podríamos llamar estertores de ese periodo cíclico, de camino al 2050 que podría ser el punto de partida entre 2030 y 2070 según países, para adentrarnos en otro periodo cíclico, en las civilizaciones de los seres humanos. 

Como es lógico, todavía no tiene nombre, no sabemos bien de qué se va a componer.

El periodo que se está acabando nace a finales del siglo XVIII para terminar un mundo claramente artesanal y agrícola basado en la fuerza humana o animal, hacia un modelo industrial basado en las máquinas, el vapor, las fábricas, la huída de la población desde el campo hacia las ciudades hasta hacerlas crecer a tamaño que a veces se han ido de las manos en su planificación. 

Aparece el capitalismo industrial y a su vez el sindicalismo de los obreros, la lucha de clases, el inicio del estado del bienestar, los servicios públicos, los mercados comerciales, la producción en masa, las ideologías diferentes y un crecimiento de la población muy importante. 

Si en el año 1800 había en el mundo sobre mil millones de habitantes, en este posible final de ciclo de civilización estamos ya en los 8.000 millones de personas habitando el planeta.

Esa Sociedad Industrializada no nace a la vez y por igual en todas las zonas del planeta. 

Su implantación fue muy lenta desde el punto de vista actual, y podemos ver que duró sobre unos 150 años desde su inicio hasta que la revolución industrial se asentó en todo el planeta. Desde 1760 a 1910. 

Comenzó en Europa pero los EEUU tardaron unas dos a cuatro décadas en sumarse a ella, dependiendo de zonas de su territorio. Y aunque esta revolución como empezada e impulsada desde Inglaterra, un siglo después, ya cerca de 1900, eran Alemania y los EEUU los que lideraban ese cambio de civilización.

Si hablamos de los tiempos actuales, tenemos que entender tres cosas: la primera es que este cambio tampoco será globalizado a todo el mundo a la vez y al mismo tiempo, y que posiblemente quien la inicie en su liderazgo se vea superado en pocas décadas por otro actor principal. 

Para añadir un tercer punto importante. Las velocidades de globalización en este siglo XXI son tremendamente diferente a las del siglo XVIII; ahora todo es mucho más rápido y su contagio como cambio de civilización, no se parecerá en nada a la anterior. Os dejo un pequeño esquema aproximado de los diferentes cambios cada 250 años de esos saltos teóricos en nuestra civilización. Nunca son exactos, es lógico eso, pero sí aproximados.

En este inicio del siglo XXI estamos observando algunos síntomas claros de esa necesidad casi, de cambios en la civilización. 

La guerra de Ucrania afecta totalmente a Europa, lo que ya desde ese momento de su inicio muestras las debilidades de la Unión Europea. Al poco tiempo surgen los conflictos en aumento y vuelven las fricciones entre Israel y sus vecinos en el mundo árabe y de Oriente. 

La Crisis Económica de 2008 hace tambalear el Sistema del dólar en el mundo, y la confianza del capitalismo como modelo de funcionamiento. La Globalización ha llegado posiblemente muy lejos, robando la industrialización al mundo conocido como motor de esta época. 

Se llevaron de forma descontrolada empresas incluso estratégicas, a países pobres con la golosina del beneficio más rápido a base de la mano de obra más barata. 

Eso logra que estos países receptores aumenten de forma urgente su calidad en sus propios productos que hacen la competencia brutal a los países exportadores de fábricas y de modelos de industria y producción. 

Nuevas energías compiten hoy contra el petroleo, y el petrodolar empieza a sufrir en su asentamiento único, al empezar transacciones mundiales en otro tipo de moneda. 

Comienza la invasión de Gaza y empieza a resquebrajarse la ya débil Unión Europea, y finalmente en el 2026 se ataca Irán desde Israel y los EEUU, contagiando la violencia hacia todos los países de la zona, muchos de ellos artificialmente países ricos por el petroleo y por ser refugios de millonarios disimulados.

El momento elegido para la guerra en Irán es concretamente muy peligroso por la debilidad del sistema actual. Una torpeza que nos señala en manos de qué calidad de líderes se mueve el mundo actual.

Hay una crisis soterrada en la economía occidental, que ha ido sorteando los procesos de años anteriores a base de una burbuja en la creación del dinero que puede pinchar si algunos quieren. 

Hay un crecimiento brutal en los procesos migratorios por los efectos lógicos de medio mundo desatendido y que reclaman las personas ya informadas tener los mismos servicios por igual que el resto de seres humanos, y estamos asistiendo además al nacimiento y crecimiento rápido de la llamada Inteligencia Artificial que moverá los cimientos de decenas de profesiones y servicios. Eso sí: si es energéticamente sostenible la IA actual.

Con todos estos cambios y la evolución que vayan tomando a lo largo de este año 2026, podremos asegurar mejor si realmente es un cambio de ciclo Evolutivo o no. 

Si la guerra en Oriente Medio y Próximo se alarga en los meses, si afecta por contagio a más países, si los países tranquilos de la zona se convierten en polvorines, si los EEUU no es capaz de resolver satisfactoriamente el problema por él creado, si China y Rusia deciden pinchar los procesos o si la pequeña Corea del Norte hace de liebre en esta carrera hacia los cambios, será inevitable que el mundo que surja tras estos procesos sea diferente, con una Europa muy debilitada y unos BRIC que desearán tener otros espacios en el mundo económico.

Hay tres modelos distintos y admitidos como válidos que intentan medir los ciclos de la historia mundial (un modelo ruso, uno británico y otro estadounidense) y, sorprendentemente, los tres sitúan el cambio de civilización actual, aproximadamente entre 1990 y 2030. 

Es bastante llamativo esa coincidencia cuando en otros cambios de ciclo no siempre han estado de acuerdo al venir de civilizaciones diferente o con otros puntos de vista históricos.

Una energía mucho más cara y solo sujeta en precios y producción por el dólar, es casi imposible de soportar. Y eso llevaría a que si entran otros mercados de energía y sobre todo otras monedas de intercambio, la crisis de país líder podría cambiar de forma más rápida. 

Algunos analistas ya interpretan la suma de todos estos conflictos, como señal de crisis del orden internacional actual, tras el sistema global que surgió después del año 1945 o de la finalización de la II Guerra Mundial. 

No hablamos claramente de cambio de Ciclo de Civilización, pero sí cambio de normas en el Ciclo Actual. 

En la historia, cuando el orden internacional empieza a resquebrajarse, suelen aparecer conflictos en regiones estratégicas. En ese sentido, la guerra en Irán podría ser uno de los síntomas del reajuste geopolítico global.

La zona del Oriente Medio es uno de los pocos lugares donde coinciden directamente y de forma estratégica las grandes potencias actuales: Estados Unidos, Rusia, China (aunque de forma indirecta), Europa y las potencias regionales como Turquía, Israel, Irán o Arabia Saudí. Sin olvidarnos de India o Pakistán.

El conflicto actual en Irán incluye dimensiones que no existían en guerras del pasado: cambia la aviación clásica por drones masivos organizados por IA, se utilizan ciberataques a veces incontrolados y complicados de prever como el propio ataque exacto al líder de Iran para matar a casi toda su familia. 

Un aumento de la guerra de información con incluso la utilización de la opinión pública de países no implicados, para mover sensaciones globales, un control de internet dentro de cualquiera de los países implicados aunque en unos casos sea a base de no poder tener acceso y en otro a base de crear bulos e informaciones inventadas. 

Durante la crisis, por ejemplo, Irán ha llegado a imponer apagones casi totales de internet para controlar la información interna. Esto muestra que los conflictos actuales se desarrollan en un entorno digital global, algo que forma parte de la transición hacia una nueva civilización tecnológica. 

La guerra en Irán probablemente no será la única causa del cambio de civilización, pero podría ser uno de los eventos que aceleran o revelen que el cambio ya está ocurriendo.

Para finalizar solo un detalle último. Muchos historiadores consideran que los grandes cambios de civilización casi siempre empiezan en tres zonas del planeta: el Mediterráneo, Europa occidental o Asia oriental. 

Y el conflicto actual en Oriente Medio vuelve a situar el Mediterráneo ampliado como escenario central de la historia mundial, algo que no ocurría con tanta intensidad desde hace casi un siglo.

Julio Puente

8.3.26

La Guerra en Irán y sus dudas



La situación bélica de Oriente Medio u Oriente Próximo se ha atascado. No ha logrado Trump sus objetivos inmediatos de colapsar el sistema en Irán y eso nos lleva a un escenario complejo. Más si en la próxima semana no se logra un cambio de paradigma en la situación bélica. 

Israel sabía perfectamente qué era Irán. Cómo era y sus fortalezas y debilidades. Tenía más que suficiente información de todo tipo para realizar unos análisis muy bien estructurados desde el plano militar y social. 

No es entendible un error, y hay que pensar en una decisión tomada o provocada, para buscar el colapso de Irán.

Aspirar a que un sistema colapse simplemente por que desaparezca el Líder Religioso era de poco adultos, por mucho que supiera que se podía acabar con sus líderes laterales. El Efecto Venezuela no ha servido en Irán, por varios motivos obvios. 

Militarmente se sabe bien, que contra un país de 90 millones de habitantes y del tamaño tan grande como Italia, Francia, España y Portugal juntos, es imposible doblegarlo solo con bombardeos, por muy cruentos que sean, es casi imposible que se rinda, si se sustenta además con una religión extremista. 

A partir de este punto quedan reflejadas varias salidas al conflicto y todas ellas son malas. Es imposible entrar con infantería y lo deberían saber todos los implicados. Irán no es Líbano, ni se le parece. Tampoco es Irak. 

El ejemplo de lo que sucedió en Afganistán puede servir, con tres veces menos tamaño que Irán, y la mitad de habitantes. Y allí tuvieron que salir los EEUU sin resolver el problema. ¿Por qué ahora se cae en un error similar en Irán?

La crisis económica que se produce a nivel mundial puede ser grave. Y afectará más a ciertos países que dependen de sus propias debilidades, hasta ahora cubiertas, como puede ser el caso de los países pequeños de la zona. Mezclar guerra del petroleo con falta de agua, agricultura con industria, inflación con pérdida de la economía que puede pinchar, es un riesgo importante.

Ni los EEUU ni Israel pueden frenar, y a su vez Irán tiene una capacidad de aguante muy alta, por sus constantes conflictos anteriores y su posición geográfica. Y a su vez hay países muy importantes que todavía no han querido hablar o no han querido tomar postura pública. 

No encaja bien la explicación de que no se quería que Irán tuviera la bomba atómica. Saben que no la tienen, que el enriquecimiento de uranio está a medio camino de ser convertido para usos militares. Había mucho espacio para la negociación. 

Pero en realidad el uso militar del armamento atómico tampoco garantiza un éxito. ¿Cuantas bombas atómicas podrían fabricar? Muy pocas. Y sin garantías. Otras países las tienen y no se actúa contra ellos.

Desgraciadamente, podemos ir a un conflicto que se puede contagiar y durar meses al menos.