Páginas

2.2.18

Nos tienen entretenidos y contra programados

Decía ayer un pensador y humorista de profesión, un moderno payaso serio, que en estos tiempos de auto censura no debemos hacer caso (para censurarnos) a los que se dice en el ambiente, sino al código civil y a tus propias convicciones. Y a partir de estas dos únicas bases de censura, adelante con todo lo demás.

Tiene razón pues si vamos escuchando a los colectivos interesados, aunque muchos de ellos sean maravillosos colectivos, al final nadie podríamos decir nada de nada. O lo poco que se diría sería gris, apagado, soso. No se puede decir puta por las putas, pero tampoco por las mujeres, por los chulos o por los hijos de las putas. En cambio si dices puto la cosa cambia bastante. No se puede decir “chorrada” pero en cambio sí se puede decir “hasta los huevos” o “es una pijada”.

Mientras todo esto me mareaba —debe ser la edad— en la tele me ponían una cena de alta alcurnia en un país frío, donde las señoras acudían de trajes blancos y largos, carísimos y llenos de joyas, a cenar junto a hombres de negros mientras decenas de criados disfrazados de viejos les iban a servir comidas copiosas y caras. En la calle seguía habiendo personas pasando hambre y frío. Y esto no parece asustarnos nada de nada. Lo admitimos a costa de inventario. Han logrado convencernos de que lo importante es lo que no les afecta a ellos. A los de la cena.