15.4.21

Quimeras de mezcla de monos y humanos al 7%. Dicen que es real

Podría parecer mentira pero si lo publican diarios serios aunque lo parezca debe ser verdad. El sueño de los locos del Universo. Estamos intentando crear bichos medio humanos medio monos con la excusa de que esto es solo para investigar y que nunca se llevará hasta el final. Excepto que salga algún loco más loco de lo medibles. Esto de abajo es lo que dice El País, es decir, la noticia.

Los investigadores han utilizado óvulos de una decena de hembras de macaco cangrejero (un tipo de mono), los han fecundado con espermatozoides de la misma especie y, tras seis días de cultivo en el laboratorio, han obtenido 132 diminutos embriones, con 110 células animales cada uno. El equipo ha añadido a esas estructuras 25 células humanas, previamente reprogramadas con un cóctel químico para ser capaces de convertirse en cualquier tipo celular: piel, músculo, hígado, corazón. El resultado, 19 días después de la fecundación, es una bolita mixta de 10.000 células, con un porcentaje humano del 7% como máximo.

Queda como poco muy de película de miedo. Se hace en China por españoles casi seguro porque en otros países eso sería imposible, éticamente inabordable. ¿Tiene sentido esto, más con la pandemia que nos está cayendo encima? ¿Dónde están los límites de la experimentación? ¿Les han preguntado a los macacos? ¿Y todo esto para qué, aun suponiendo que sin duda resolvería algunos problemas, pero a costa de abrir la puerta a otros muchos?

¿Por qué un 7% de humanos y  no un 23% o un 49%? ¿Y macacos con escarabajos peloteros? ¿Y macacos con ballenas para lograr monos de 15 metros de altura? ¿Y si a unos embriones humanos les ponemos ese 7% de macacos… qué sale? Son preguntas que pueden surgir a través de este experimento. ¡¡Uff!!

Pandemia (24) La ciudad ante el reto de la pandemia


La ciudad ante el reto de la pandemia de COVID y pensando en un futuro incierto
que no traiga futuras recaídas con el mismo o similar problema, necesita recuperar espacios y restárselo al coche urbano. Pero no tanto con grandes parques urbanos, que también, sino con pequeñas islas públicas bien diseñadas y repartidas por todos los barrios de las ciudades grandes.
  


Cada zona de unos 20.000 a 30.000 habitantes debe disponer de un mediano parque o zona verde, pero también y cada vez más, al menos de otros 2 a 3 espacios de uso urbano de unos 2.000 a 4.000 metros cuadrados a modo de plaza incluso cerradas para dotarlas de más seguridad, que no sean de cemento sino con mezcla de espacio “para estar” con zonas verdes y tierra a ser posible no lisas y planas, y que configuren zonas pequeñas para sentirse en un ambiente menos urbano. 

Esa mezcla de parques de barrio y de zonas naturales creadas artificialmente ya existen an algunas ciudad europeas. Y funcionan muy bien, sobre todo las que tienen una seguridad, limpieza y cuidados, altos y realizados por personas de la propia zona.  

La gran duda sería saber el comportamiento de algunas zonas rurales, pequeñas y a veces muy encerradas en si mismas, que pueden empezar a ver nuevos habitantes no siempre bien recibidos, que llegan buscando —una vez que el tele trabajo les permiten vivir fuera de sus núcleos laborales la mayor parte de la semana— una tranquilidad más natural. 

No sabemos hoy qué tipo de actividad llevarán a sus nuevos núcleos de residencia, y no me refiero solo a la actividad económica o laboral, sino también política, social o de implicación con su nuevo entorno. No sabemos todavía en qué medida su hueco en las grandes ciudades se cubrirá o no con otro tipo de actividades y personas.  

Pero serán movimientos que irán en aumento en Europa, acostumbrados a ciudades de más de un millón de habitantes que crecen sin parar y a núcleos de menos 5.000 habitantes que van perdiendo vida social y urbana. Es muy posible que las ciudades grandes dejen de crecer y que se revierta el éxodo de las zonas rurales y empiecen a recibir nuevos pobladores que buscan algunos servicio básicos imprescindibles para poderse mudar. 

Pero en estas nuevas zonas de potencial crecimiento hay que edificar una serie de servicio que no siempre estamos entendiendo. No es necesario crear granjas de pollos, ni incluso fábricas de tablas de madera para asentar población. Ahora es fundamental unos buenos servicios públicos básicos en Sanidad y Educación, una buenas comunicaciones, unas excelentes redes de Fibra Óptica y telefonía, y un inmejorable servicio de reparto a domicilio con el mismo coste que en la gran ciudad.  

Algunos de estos servicios no son baratos, pero la discriminación positiva ya hace décadas que se inventó. 

Es imposible entender hoy el poder revertir la despoblación si no se atienden con calidad los servicios de comunicación de todo tipo, con un servicio comparable a la gran ciudad. Cada vez menos será necesario un comercio local comparable, unos grandes Centros Comerciales en localidades o ciudades pequeñas. Pero será imprescindible un servicio de Correos o similares que estén a la altura de las nuevas necesidades. En precio y en urgencia en la entrega.  

El ocio en las grandes ciudades ha cambiado y lo notaremos en los próximos años. Y ese ocio es ya capaz de impregnar a cualquier ciudadano con independencia del tamaño de la urbe en la que vive. Pero siempre que estas localidades tenga los servicios de fibra óptica a la misma velocidad que sus vecinas ciudades grandes. Se tiene que acabar el estar buscando cobertura y velocidad con el brazo extendido y decirnos a nosotros mismos que así es mucho mejor, más tranquilos, menos estrés. Es mentirnos, y sobre todo es no presionar para encontrar soluciones. Es cuestión de tiempo y lo sabemos.  

Yo conocí los tiempos de las localidades pequeñas sin agua corriente ni electricidad en todas las casas. Sin servicios de water o ducha. Esto hoy es impensable, pero así será muy pronto en todas las localidades con los servicios de telefonía y de Redes. 

El trabajo semi presencial, unido a los muchos trabajos que irán girando hacia labores online sin nada de presencialidad semanal, incluso los nuevos servicios que se irán realizando en las localidades que vayan aumentado de tamaño, harán que el trabajo no industrial se mueva de los espacios urbanos a los de menos población, aunque poco a poco.  

Y que estas nuevas personas vayan tomando conciencia de que deben implicarse en sus nuevas sociedades de recogida para transformarlas a sus propias necesidades. 

Tendrán que liderar los cambios en las zonas rurales, como ya en parte lo están haciendo, para precisamente lograr con urgencia servicios hoy poco demandados en estas zonas rurales. Cambiará el marco de las necesidades y sobre todo el marco de las peticiones. 

Si nos fijamos en el actual momento de confinamiento, vivir en una gran ciudad no tiene casi ninguna ventaja. Los servicios públicos son atendidos por teléfono y no son presenciales, los bares, restaurante e incluso comercios están cerrados o a medio gas, no podemos salir de nuestra ciudad o de nuestra provincia según modelos de confinamiento. 

Y tenemos que permanecer en casas pequeñas y a veces incómodas para estar encerrados cuando lo ordenan. La relación personal con los vecinos es mucho menor que en una zona pequeña, y a veces se salvan algunos barrios con personalidad propia, que no han crecido desmesuradamente y tienen opciones de ser pequeñas localidades dentro de una gran ciudad.  

Es decir, el único modelo que sirve para la comunicación personal son las zonas de Gran Ciudad que se asemejan a pueblos. Zonas que incluso viven cercanas a los confines de la ciudad y eso les permite salir a respirar a las orillas de los ríos o a zonas verdes naturales (o casi) sin tener que depender de grandes transportes urbanos.  

Pero en cambio las personas que viven en localidades pequeñas, además de odiar a las Grandes Urbes, quieren huir hacia ellas. Es una curiosidad complicada de explicar. Desean lo que odian, y no quieren valorar lo que tienen tal vez para no verse sujetados a su pasado que deseaban cambiar. Es imposible pensar en pequeños pueblos sin servicio, eso no es vertebrar un territorio.  

Hay que diseñar un tamaño óptimo de localidad (y apostar por ellas) que puede variar entre los 5.000 y los 25.000 habitantes y trabajar en su viabilidad y diseño de futuro. Y un tamaño óptimo de ciudades entre los 50.000 y los 200.000 habitantes como núcleos óptimos donde debe entrar todo y de todo.  

A partir de los 500.000 habitantes la vida en ciudad se complica, a partir del millón se complica algo más y es difícil revertir los problemas de su diseño histórico. A partir de dos millones la ciudad vive ya con las enfermedades del pasado y se le van añadiendo algunas nuevas. 

¿En qué tamaño de localidad, de ciudad…, las familias con menos recursos tienen más posibilidades para ser excluidos y no poder encontrar soluciones a sus problemas? 

Una persona o familia con grandes posibilidades económicas puede vivir encerrado en un castillo y creer que vive feliz. Eso no marca la calidad del entorno ni de la ciudad que lo cobija. hay muchas urbanizaciones cerradas en las grandes ciudades que no garantiza nada. 

Las Prestige Communities no indican calidad de vida ni son algo sobre los que tenemos que edificar nuestros deseos de futuro. En cambio las comunidades de pobreza sí indican la salud de una ciudad. Y aunque no estemos inmersos en esas comunidades de pobreza, aunque vivamos en viviendas y barrios de calidad y con servicios, al futuro de nuestra ciudad —sea del tamaño que sea— le marcan mucho más las Comunidades o Barrios de Exclusión y Pobreza, que las Comunidades de Prestigio y Cerradas.  

Ante cualquier crisis, si no se curan las heridas sociales antes de que se contagien y se multipliquen, se pierde calidad como sociedad. Aunque en su seno haya grandes Prestige Communities. 

Ejemplos como algunas grandes ciudades Iberoamericanas nos enseñan estos dramas sociales por no saben diseñar las soluciones a la hora de las crisis económicas. Crecen los barrios marginales, muy pobres y crecen con ellos los problemas que siempre van a su vera. Y aunque sea una ciudad reconocida por su calidad o sus grandes zonas de Alto Nivel, la realidad es que será una sociedad insegura, complicada, poco libre y en donde será y muy difícil poder enderezar urbanamente hablando. 

Se convertirá no en una ciudad sino en la suma de varias ciudades en donde unas siempre estarán en pelea con las otras. Es decir, las personas de unas zonas odiarán a las de las otras zonas con lo que eso supone para la seguridad, uno de los pilares de la calidad de vida. 

La pandemia actual trae consigo, sin ninguna duda, un duro revés para multitud de economías familiares, pequeños negocios, empresas sin gran capital, actividades que irán desapareciendo. Si no somos capaces de diseñar la salida de la Crisis de la Pandemia, se nos convertirá en una crisis social. Y lo sabemos, y al saberlo nos obliga a remediarlo. O a admitir que no queremos buscar soluciones antes de que sea tarde. 

Una de las derivas de estos cambios será el mercado inmobiliario, que parece siempre estable pero que sin duda con cada Crisis se mueve y mucho, aunque luego lentamente quiera volver a su posición inicial. Al no haber rentabilidad en los ahorros que se guardan en los bancos, muchas personas han optado por adquirir bienes inmuebles.  

Que durante los primeros años de esa inflación a casi Cero dedicaban al mercado del alquiler. Hasta que los oKupas han empezado a destrozar ese mercado, hasta que las crisis hayan logrado que los impagos de alquileres crezcan excesivamente y a que se tengan que crear Leyes Anti Desahucios para evitar que familias se queden en la calle por culpa de las crisis laborales sin solución fácil.  

Hoy muchas familias con sus ahorros metidos en ladrillos se lo piensan mucho antes de sacarlos al alquiler. Pero además son tiempos malos para la compraventa pues no hay seguridad en los trabajos y los bancos no dan créditos de forma sencilla a los que más lo necesitarían. 

Y si a eso le unimos que las nuevas familias que sí pueden comprar desean viviendas de un tipo muy determinado y que huyen de los interiores, de los pisos pequeños, de las primeras plantas, de barrios conflictivos o de zonas donde no esté asegurado una zona verde cercana, la cosas se complica para los propietarios que compraron sin analizar bien la inversión, por precio barato lo que parecía que servía para ganar en la venta, antes de pensar si tendría buena venta si las cosas venían malas. 

Toda esa mezcla y movilidad entre lo que se busca, lo que se puede tener y lo que sale al mercado del alquiler o de la venta, hace que otra vez más, algunos barrios sufran mucho más que otros los problemas de habitabilidad en el futuro. El crecimiento de algunas zonas de las grandes ciudades que tuvieron una construcción casi a la vez de toda su superficie en los años 60 y 70 han envejecido también a la vez. ya no es unos edificios de un barrios los que necesitan reconversión o nuevas edificaciones.  

Es que a veces hay barrios casi enteros los que necesitan replantearse su futuro. Esponjarse, ensanchar viales, remodelar calles enteras con decenas de edificios que deben (casi) ponerse de acuerdo para ser derruidos y reconstruidos. Y en esos cambios hay que perder espacios privados para convertirlos en públicos, por la necesidad de dotar a esos barrios ahora reconstruidos en zonas más modernas, con los servicios que se necesitan hoy.

Julio M. Puente Mateo

Pandemia (23) ¿Cómo cambiarán nuestras ciudades?


Una de las actuales situaciones que veremos cambiar poco a poco tras la pandemia por el COVID es el concepto urbano de calidad, el diseño en arquitectura de viviendas, el uso de los espacios verdes urbanos y la distribución de la población entre zonas rurales o urbanas, más en esas ciudades de tamaño intermedio que no llegan a ser ciudades monstruo y que son las que más sencillo tienen para transformarse y adaptarse.

La pandemia nos ha enseñado que una vivienda de 50 metros cuadrados, de menos de 20 metros por personas que la habite, que sea interior y sin suficiente ventilación externa es una cueva inadmisible en estos tiempos. 

Y nos ha enseñado la pandemia del COVID que el uso de las ciudades, de sus espacios urbanos públicos, de sus zonas verdes o de paseo, deben complementarse y rediseñarse para adaptarlas a posibles problemas similares a los vividos en estos 2020 y 2021.

Hemos estado meses encerrados en nuestras viviendas y sabemos que en aquellas en donde las personas han convivido en menos espacio se han contagiado mucho más. Viviendas pequeñas pero también viviendas medianas usadas como simples y necesarios dormitorios por muchas personas. Tardamos muchos meses en detectar el peligro del aire, de los aerosoles de los enfermos que se mantienen en el ambiente contagioso excesivo tiempo, acumulándose poco a poco.

El contagio en esos espacios ha sido tremendo, más si eran personas con defensas bajas como los ancianos en sus Residencias internas de Personas Mayores, con zonas comunes no bien ventiladas. 

Hemos estado durante seis meses al menos sin valorar la enorme diferencia de seguridad pasiva que ofrece la calle, las zonas verdes, el aire libre frente al aire del hogar, y cuando nos hemos dado cuenta ya era finales de otoño del 2020 que es cuando con el frío menos posibilidades de defensa tenemos.

Aun así y admitido a regañadientes que los aerosoles que expiramos por la boca y nariz tienen mucho fundamento en los contagios —para los que no sirven de forma eficaz las mascarillas— y no solo las gotículas más gruesas y expulsadas con mas fuerza y que se defienden bien con mascarilla; cuanto más aire libre respiremos, más aire que no haya sido antes respirado por otras personas, menos posibilidades de contagio tenemos.

Con una mascarilla evitamos que nos entren gotículas de otra personas y evitamos también que las nuestras salgan de forma violenta al aire en esa distancia de seguridad que hemos declaramos en 2 metros. A partir de esa distancia las gotículas se caen al suelo por su peso. 

Pero con mascarilla seguimos respirando parte del aire que hay en el ambiente. Todos sabemos que con mascarilla somos capaces de oler la colonia de una persona que pasa a nuestro lado. O el tabaco. Es decir, nos están entrando a nuestra nariz aerosoles con partículas de la colonia y del tabaco. Y con ellas y de la misma manera nos puede entrar el virus.

Cuando más limpio esté el aire, menos opciones de contagio. Y eso solo se logra al aire libre, ventilando muy bien y de forma casi constante, en habitaciones o espacios amplios, con techos muy altos, etc. La capacidad de contagio no es la misma en un teatro con altísimo techos y donde la gente está pasiva, que en una discoteca con techos bajos y donde la gente grita y canta expulsando más respiraciones de forma violenta.

Esta misma natural aseveración nos lleva a tener que saber utilizar mucho mejor los espacios públicos para defendernos y para dotarlos de una vida activa y de uso que no sea el fácil y simple “cerrar sus actividades”. 

No tiene lógica de defensa contra el virus que se mantengan abiertos los grandes Centros Comerciales con miles de visitantes compradores durante cada día, y los deportes de masas como el fútbol se tengan que celebrar sin público aunque se practican en espacios amplios y abiertos al ambiente y normalmente con enorme ventilación.

En estos meses hemos sido capaces de cerrar todos los bares y restaurantes de grandes ciudades, pero solo tímidamente y por algunas horas de días festivos hemos decidido cerrar avenidas al tráfico para convertirlas en peatonales lo que facilita las distancias de paseo entre personas. Se quería tener a la sociedad en sus casas y no se quiso dotarles de elementos de paseo añadido y cercano a sus viviendas para que disfrutaran de aire limpio. 

Es una decisión como otras que resultan curiosas, pues se olvidan de algo fundamental: las personas necesitan salir, cambiar sus paredes por otros puntos de vista, respirar aire nuevo sobre todo si viven en espacios pequeños.

Las actividades complementarios en los espacios verdes durante la primavera y verano de ese 2020 fueron nulas en casi todos los casos. Todas las ciudades tienen zonas verdes poco visitadas y sobre las que se debería haber incidido provocando paseos que dividiera a las personas entre más opciones. 

Paseos de pocos kilómetros repartidos por los diversos barrios de las ciudades y que además contaran con añadidos culturales o de arte en la calle que provocaran el uso alternativo al bar, a estar en casa encerrados respirando el mismo aire y sobre todo el ir a Centros Comerciales como único entretenimiento social barato.

El hecho de que todo el trabajo de defensa contra la pandemia haya recaído casi en su totalidad —en España al menos— sobre la Sanidad y sus técnicos, ha evitado que se crearan mesas de trabajo urbano, sociológico, incluso estadístico o económico que fueran capaz de encontrar nuevas opciones de defensa y de reforma de nuestras vidas censuradas, confinadas, coartadas por la pandemia. En todos los barrios existen anchas calles que se deberían haber rediseñado como zonas de paseo para añadir a las que ya tenemos.

Crear actividades de calle pensando en que nunca deben juntarse personas por cercanía y manteniendo una distancia de seguridad era un nuevo reto para quien sabe de eso, hay muchas maneras de recrear en tiempos de crisis usos alternativos a los espacios urbanos. No se trataría de crear una gran escultura en cada plaza, sino de desperdigar por las avenidas distintos conceptos artísticos, poesía, frases de ánimo, globos de colores, luces, etc.

Pero lo que sí ha quedado claro, ante la falta de iniciativa pública para dotar de más aire fresco a las personas, a los habitantes, es que cada uno de nosotros hemos puesto en valor esa necesidad de espacio añadido en nuestros hogares.

Tener en tu propio piso una terraza a la calle, al aire, tener un pequeño espacio verde, tener un terreno alrededor de tu vivienda, que esta sea exterior y nunca interior, que tenga al menos 25 metros por habitante del hogar o que disponga de una habitación multiusos que se puede convertir en oficina de teletrabajo o gimnasio o espacio de juegos o de cine en casa, es ya parte de las necesidades de futuro. 

Esto encarecerá la vivienda, o no, pero sin duda se valorará de otra manera las opciones de compra venta futura, y el mercado dirá el resto.

Y por eso es posible que a corto y medio plazo una parte de los ciudadanos que en los últimos años estaban volviendo a la ciudad desde sus adosados en zonas rurales cercanas, se lo estén volviendo a pensar. Y por eso quien se quiera volver a la gran ciudad buscará alternativas lo más similares a esos espacios amplios del adosado como pueden ser los áticos o las viviendas con nuevos diseños. Incluso las urbes con más opciones horizontales o con más zonas verdes en su interior.

En ciudades enormes como New York se ha optado por permitir que los bares, restaurante o incluso tiendas, puedan invadir las aceras y parte de las calzadas para ofrecer lo que ya no es aconsejable tomar dentro de un local. Es un primer paso. Pero desde antes de la pandemia ya era normal ver en Manhattan grandes calles recuperadas para los peatones donde a modo de Islas Urbanas se les había añadido mobiliario urbano en medio de las calzadas por donde habían circulado miles de coches antes, para dejar muy claro cuál era el uso a partir de ese momento.

Julio M. Puente Mateo


14.4.21

Pandemia (22) ¿El futuro dependerá de las máquinas o del contacto táctil?

La tecnología todavía está siendo dominada por los seres humanos
, pero cada vez menos y en peores condiciones. Diríamos que muy pocos humanos dominan la mucha tecnología que domina a todos los humanos. Y que lo único que nos falta como humanos para perder todo el control, es que las máquinas o la tecnología sepa dominar a esos pocos humanos que diseñan y toman las decisiones de seguir diseñando y creando opciones cada vez más tecnológicas. 

La inteligencia artificial es una palabra muy ambigua y que de momento nos sirve para entender todos estos cambios de forma fácil. Esa inteligencia artificial nos puede dominar, toma decisiones ella sola porque la hemos creado para eso. ¿Cuándo podrá tomar decisiones contra los que la diseñan?

De momento no tiene sentimientos y eso es un fallo corregible, y tampoco tiene toda la libertad del mundo para controlarse así misma. No puede (casi) conectarse ella misma si los humanos la desconectamos. Son pequeños pasos que nops hemos ido poniendo nosotros mismos para que no se nos apodere del todo, pues casi todo lo demás ya es capaz de hacerlo.

Tenemos todos en nuestro bolsillo las cadenas de la esclavitud y no lo queremos ver así. Lo sabemos, eso sí, pero nos hacemos los locos. 

Si alguien quiere y sin preguntarnos a nosotros, pueden saber dónde estamos, con quien nos hemos reunido y cuanto tiempo hemos hablado, qué hemos comprado, con quien hacemos sexo o solo cervezas, a qué dedicamos el tiempo libre y cuando tiempo permanecemos agachados o de pie. Saben cuántas horas dormimos y si es sueño de calidad o no, y además a qué horas dormimos más profundamente. 

Si todo eso lo convertimos en estadísticas y lo repartimos gratuitamente a cualquier que quiera leer esos datos, saben cuantas personas hay despiertas en una calle, cuanta carne de cerdo se ha vendido el lunes en relación a otro lunes y qué tipo de coche circula más o menos por una hora determinada en una ciudad elegida o en todas.

Saben de nuestros ahorros y a qué los dedicamos, pueden detectar cuánto dinero negro manejamos y para qué lo empleamos aunque sea negro, y de qué amigo nos debemos fiar más o menos aunque nosotros no lo sepamos pero las máquinas si quieren sí lo saben. 

E incluso sabemos ya que nos pueden reconocer de forma artificial con su propia inteligencia de máquinas, para saber cuando paseamos y que en media docena de años si no es antes la base de datos con nuestras caras será accesible a toda las policías que sean “amigas” entre ellas, para detectar si nos comportamos bien o mal.

Y la inteligencia artificial sabrá decir en cada momento quién es el que sale en el vídeo y junto a qué otras personas se encuentra. Y si lo quieren hacer, nos podrán marcar en sus fichar de cada uno de nosotros a qué manifestaciones vamos, qué tipo de relaciones personales tenemos y añadirnos ceros o unos sin que podamos controlar qué quiere decir eso que ponen de nosotros. 

¿Cuántas casillas de nuestras fichas personales son tan personales que no las conocemos ni nosotros mismos?

Todos estos procesos están ya entre nosotros. En las ciudades importantes del Reino Unido ya hace muchos años que hay decenas de cámaras de vídeo grabando todo, incluido en los interiores de los autobuses urbanos. A veces en algunas esquinas te puedes encontrar con media docena de cámaras de vídeo diferentes de distintos organismos o particulares. ¿Qué se hace con esas imágenes? 

Pues nos imaginamos que procesarlas, y luego borrarlas, pero en ese procesamiento se obtienen datos, y es eso lo que se busca. Los datos se puede interrelacionar con otros muchos más datos. Las imágenes de vídeo en realidad no pues requieren tiempo para revisarlas y cuando hay millones de horas ya no sirve tenerlas guardadas.

Lo importante no es tener muchos datos, sino saber buscarlos, ordenarlos e interpretarlos. 

Si tenemos 200 sellos en nuestra colección la podemos disfrutar contemplándola. Pero si tenemos dos millones de sellos ya no nos sirve de nada pues la inmensa mayoría no nos trasmiten nada, no tienen valor para nosotros al estar dentro de tantos sellos. La información es exactamente igual. 

Pero el “sistema” quiere tener mucha información de todos pues que tan importante es reunirla como procesarla y convertirla en información legible y manipulable por las máquinas.

¿Nos dominarán las máquinas? Digamos que las máquinas tendrán una función cada vez más amplia y potente. Es lógico si pensamos en que hay poco trabajo, debe ser repartido, y los trabajos más penosos no tiene sentido que lo hagan personas. Pero en esa división hay mucho de lo que hablar. 

¿Limpiarle el culo a un enfermo es un trabajo penoso? Si admitimos que sí… estamos admitiendo que deberíamos programar a una máquina para que limpiara el culo de los ancianos. Y entonces admitimos también que esos trabajos relacionales y de contacto no siempre deseado entre personas… también habría que ir pensando en programarlos para que los hicieran máquinas.

¿La prostitución la podrían ejercer máquinas? ¿Tendríamos que saber programar máquinas para que nos dijeran que tenemos una enfermedad grave y así evitar el sufrimiento del médico? ¿Los fontaneros que limpian nuestros desagües son trabajos a recomendar de forma personal en el futuro? ¿Y los camareros a los que les gritamos con chasquidos de dedos para que vengan a servirnos con urgencia?

Todo esto es posible acelerarlo o no, depende de muchos factores y una pandemia mundial que dure más de un año al menos, es un momento crucial para que algunas decisiones se tomen. Hoy ya no podemos acudir al médico público, sino llamar por teléfono y esperar a que él te llame. Pero eso mismo lo hemos copiado en las peluquerías, en la óptica, en las tiendas de calzado, en los restaurantes, en el mecánico de coches.

Ya no existe la presencialidad como hace menos de un año. ¿Volveremos a recuperarla? ¿En qué grado se perderá y sobre todo en qué medida será sustituida por una atención de máquinas? 

Hoy (antes de la pandemia también) acudes a una empresa de comida rápida, digamos de hamburguesas, y ya no pides comida a una persona, lo haces a una máquina que con una pantalla te va ofreciendo opciones. Y te cobra y te pide propina y te sugiere que hagas un donativo a una ONG. Y te da un papelito que guardas hasta que aparece en otra pantalla como comida servida y te la entregan, de momento eso sí, una persona. 

Pero es cuestión de muy poco tiempo que con el código QR te  entreguen la comida en un cajetín que abres con dicho código.

Las máquinas no son capaces de programarse y sobre todo no son capaces de pensar, de reflexionar sobre su propio futuro. Saben hacer muy bien lo que se les programa que hagan, incluso parecen que piensan ellas solas como en el ajedrez, pero todavía no son capaces de reaccionar si el otro jugador da un manotazo a la mesa y se caen las piezas al suelo.

Las auténticas máquinas con poder relativo son seres humanos que son capaces de ordenar a las máquinas que se comporten como seres humanos. 

Ese es el peligro. Donald Trump decidió nada más entrar al poder de los EEUU que él era el Poder, que él era los EEUU y que lo básico era estar todos los días en los sueños de los americanos. Le importó tres pelotas si era para amarlo o para odiarlo. Es caso era que todos soñaran con él. Creo que lo logró muy bien, casi como si él fuera una máquina del poder. 

Con ejemplos como Trump no se necesitan máquinas que nos manipulen, él y sus colegas que los va despidiendo con furor incluso cuando no obedecen, son suficientes para dominar las máquinas. Luego estas dominan a las personas. La guerra de los datos, de la información es la capaz de dominar al mundo. O de hundirlo.

En algunas ocasiones se cae Google en medio mundo, deja de funcionar como programa buscador, pero también dejaron de hacerlo todos los programas de su compañía. El mundo pareció pararse. Dejó de funcionar el correo electrónico con más clientes, los blog, alguna red social, YouTube y sobre todo parte de esa “nube” en donde guardamos los datos y que nos permite trabajar conjuntamente sobre un documento desde distancias diversas. 

Un trabajador no podía continuar con su documento alojado en la nube y lo peor de todo. NO SABÍA EL MOTIVO. La incertidumbre se apoderaba de su trabajo presente y pasado. ¿Dónde ha quedado lo que he ido haciendo hasta ahora? Debemos replantearnos que es peligroso depender de la tecnología de “otros”. Pero enseguida se nos olvida todo.

¿Quién controla estos servicios ya imprescindibles? ¿Quién tiene el botón de apagarlos? ¿Qué contienen sus tripas que no vemos, dispuestas a defenderse si ellas mismas quieren? ¿Qué nos han podido meter en nuestras tripas del bolsillo sin preguntar, para podernos atacar si en un momento dado ellas necesitan defenderse? Estamos todo el día conectados con los EEUU, este mismo documento se crea a la vez en mi ordenador y en esa nube curiosa que controla Apple. Es comodísimo.

Puedo estar escribiendo en mi ordenador de casa, continuar en el iPad en el tren, y terminar de rehacer los cambios en el ordenador de mi hijo. Maravilloso. El documento parece que lo tengo yo, pero lo tiene Apple. 

Yo solo accedo a él y si acaso me hago copias para tenerlas guardadas. ¿Pero si un día Apple decide que ya no me deja entrar en “SU nube”? ¿Y si las copias de esos documentos, guardadas en mi ordenador llevan un código que si no puedo entrar a Apple no se dejan abrir? 

De hecho estos documentos se escriben con un programa gratuito de Apple: el Pages. Fabuloso y gratis. ¿Y si un día deja de existir o de funcionar? ¿Quién podría abrir esos documentos míos? Mientras seamos amigos de Apple o de los EEUU esto nunca sucederá. Lo sé. ¿Y si me vuelvo como país, un enemigo de quien domina esto?

El poder no es simplemente aparentar que se tiene poder, sino prepararse por si fuera necesario demostrar que se tiene poder y se quiere defender ese poder. Y en la medida en que no somos capaces de controlar o simplemente conocer el poder de los otros, no somos capaces de entender las defensas que podemos hacer.

En realidad la tecnología somos nosotros pero convertidos en cachibaches dispuestos a trabajar por nosotros. 
Son nuestros deseos convertidos en máquinas, para poder controlar más con menos trabajo y nulo sueldo. 

Tener esclavos gratuitos es el lujo de estos tiempos. Máquinas que cocinas por nosotros en nuestras casas, máquinas que nos barren los suelos y que controlamos desde el teléfono, cámaras que nos dicen quien ha entrada en nuestro portal, aparatos para hacernos un café espumoso a las 11 de la mañana sin hacer nada que no sea ir a buscar la taza pues todo lo demás ya lo hemos programado antes, consultar telefónicas para que nos digan si nuestra forma de mear es la correcta, plátanos comprados en Bali sin movernos de casa y que nos llegan perfectamente envueltos 48 horas después de pagar con unos números. 

Tenemos lo que nos proponemos. ¿Sexo? Pues tenemos chupadores, o sopladores, absorbentes y desorbentes, sexo virtual con sonido o con imagen. pero en cambio está prohibido darnos la mano y un abrazo ya es pecado mortal.

Eso parece ser el futuro, pero es mentira. El futuro será volverse a tocar, abrazarnos o abrazarse casi con gula, tocarle y sentir el calor de una mano amiga. Y si eso no es el futuro, seremos tan imbéciles que no nos lo merecemos y lo mejor sería apagar el tinglado y dejar que sean las cucarachas las que dominen todo esto.

Julio M. Puente Mateo

10.4.21

Pandemia (21) ¿Hasta cuándo durará la pandemia? ¿A quién afectará más?


Esta pandemia del COVID19 será mucho mas larga de lo que nos imaginamos y durará años escondida por el mundo. No sabemos bien cuándo comenzó, se dijo en un principio que en diciembre del 2019, se sabe ahora que en aquel otoño ya estaba circulando por China, Italia y España al menos. No será fácil ir más atrás en el tiempo, pero sería necesario saber en dónde se produjo el contagiado 0 y en qué lugar sucedió esto para intentar adivinar los motivos de esta desviación de un virus desde posiblemente animales salvajes (o no) hacia los humanos. 

Estas incógnitas, muchas y muy importantes, nos serviría para intentar prevenir futuras secuelas de contagios similares, de los que hoy desconocemos todo. Esta no será la última pandemia de la humanidad y por eso hay que estar prevenidos y conocedores de los motivos. 

Sin saber cuándo, dónde y porqué comenzó todo, es más complicado saber en qué punto lograremos hacer desaparecer esta enfermedad. Algo que hoy se nos antoja todavía casi imposible. O incluso en qué momento seremos capaces de convertirla en crónica y en no tremendamente peligrosa, ni para las personas ni para todas las economías de funcionamiento social.

Las vacunas son el principio del fin si funcionan bien, pero las dudas de estos primeros meses del 2021 nos complican las verdades. ¿De verdad se puede ser tan torpe informando tanto y tan mal de los efectos secundarios de las vacunas? ¿Alguien se lee los prospectos de las medicaciones que toma y con ellos en la mano decide si sigue el tratamiento no lo suspende?

No sabemos si la inmunidad de las actuales vacunas será similar en todas las edades, cuánto tiempo durará esa defensa adquirida, si mientras estés vacunado puedes seguir cogiendo la enfermedad aunque no te produzca problemas —pues estés preparado para defenderte y vencerla— y si en esos periodos de lucha interna pudieras ser o no contagioso hacia otras personas que no estén vacunados. 

Excesivas dudas importantes que nos irán descifrando según vaya pasando el tiempo. Es imposible saber —sin ese tiempo ya consumido desde la vacunación— durante cuántos meses resultas inmune a desarrollar internamente y de forma grave la enfermedad.

Todavía no existe un tratamiento para la enfermedad, tampoco un sistema profiláctico que evite los contagios —excepto el confinamiento— o incluso que estos se pudieran retrasar hasta que el enfermo contagioso tuviera síntomas y no como ahora que empieza a contagiar unos 4 días antes de que él mismo sepa que está enfermo. 

Queda tanto trabajo por delante para doblegar la enfermedad, para dominar sus efectos sociales sobre todo, que nos espera un 2021 complejo, nada fácil, y donde todavía veremos sustos repartidos por diversas zonas del Planeta. Mientras la inmunidad de rebaño no se logre en casi todo el mundo, no será posible hablar de una dominación clara de la pandemia del COVID19. Y eso tardará años en globalizarse, cuando en cambio el contagio globalizado se produjo en semanas.

Algo hemos tenido que hacer de forma equivocada para que haya países con datos tan dispares de contagios y fallecimientos. Uruguay con tres millones de habitantes tiene 1.300 muertos por COVID pero la inmensa mayoría en los últimos meses y no puede ser considera un país sin libertad de control e información. ¿Su sistema? Pues parece simple según cuentan ellos mismos, y dicen que ha consistido en hacer test masivos a sus habitantes con su propio sistema de PCR que no dependía de ningún otro país. Su frontera con Brasil fue un punto crítico donde pusieron laboratorios en el lugar para evitar la llegada de contagios de fuera, hasta que en Brasil se desbordaron los contagios.

El número de personas en Uruguay que han pasado por los test es alto pero tampoco parece ser solo ese motivo. Mucho test y sobre todo muy rápidos, antes de que los contagios se convirtieran en imposibles de controlar. Aun así en este Otoño español ellos en su primavera han subido los datos de contagios. ¿Cómo se moverán en el futuro? Las cifras no están todas escritas.


Cambios muy altos en el número de contagios están teniendo en esta inicio de 2021 en países que se habían comportado aceptablemente antes. La India, Turquía, Argentina, Irán, Filipinas, Paraguay, el propio Uruguay o Cuba están sufriendo unos contagios muy superiores en porcentaje a los sufridos en el año 2020.

Dudamos de en qué punto de la pandemia estamos, pero ayer mismo 9 de abril 2021 tuvimos en todo el mundo 786.000 contagios, dentro de las cifras más altas de los peores día de 2020. Y tenemos ya a muchos millones de ciudadanos vacunados aunque mal repartidos entre países. Anteayer tuvimos 746.000 contagios. Comparados con los menos de 400.000 contagios a principios de febrero de 2021 vemos que las cifras han subido mucho incluso en los mismos tiempos en que subían las vacunaciones. Incluso el 22 de febrero de 2021 se contabilizaron 287.920 contagios en todo el mundo, muy alejados de los actuales. 

Pero hay que insistir que los contagios en sí mismos no son la mayor gravedad de la pandemia. El terremoto de este proceso se esconde debajo de todos estos datos. El Mundo Nuevo será eso, nuevo y en donde unos países saldrán fortalecidos y otros muy debilitados. Debajo de toda pandemia histórica hay un trabajo soterrado de estrategia histórica. 

7.4.21

Un Día Mundial de la Salud, muy pendientes de Sanidad. La Jota de Zaragoza con sus vecinos


Este es el segundo Día Mundial de la Salud —no de la sanidad— que nos pilla en pandemia, sin poder realizar actos, conferencias, sin poder poner en valor la Salud diferenciada de la Sanidad. El año pasado hubo que suspender los actos que se habían preparado, y este año, ni se han organizado en mi ciudad. ¿Nos estaremos olvidando de la Salud aunque le estemos dedicando miedos, informaciones a través de la Sanidad?

Este día internacional se creó en 1948 para por un lado denunciar y concienciar a la sociedad de las diferencias en temas de salud que existen en el mundo y su influencia en la calidad y esperanza de vida, por otro lado en crear estrategias y programas internacionales para equilibrar la balanza entre el Norte y el Sur. 

En la Salud se trata de intentar evitar las enfermedades con procesos de prevención. En la Sanidad se trata de curar las enfermedades que ya tiene la sociedad.

¿Por qué es necesario globalizar el acceso a la Salud y si es posible también a la Sanidad os preguntareis…? pues ahora con el COVID y sus procesos irregulares de vacunación tenéis la respuesta.

Vivimos en un mundo global en el que las enfermedades, virus, insectos y animales se pueden trasladar de un continente a otro en cuestión de horas. Y por muy diversos motivos, no siempre controlados por las humanos. 

Eso implica, que cuando se produce una pandemia mundial, no basta que en los países desarrollados nos curemos, pues la enfermedad estará al otro lado de nuestras fronteras, creando cepas nuevas que nos pueden volver a infectar en cualquier momento.

También ha dejado a la luz las vergüenzas de los países desarrollados. Mientras en Israel ya está el 57% de la población totalmente vacunadas en India están el 0,79% o en Sudáfrica el 0,45%.

Por un lado tenemos en España una Sanidad Pública en crisis, sin recursos, con estructuras obsoletas y poco flexibles, falta de personal y de financiación, tras 10 años de recortes y privatizaciones.

Por otro una dependencia total de la producción extranjera, provocada por el cierre de empresas y laboratorios en España y Europa, para llevar la fabricación a países con gastos de producción más baratos y sin control. Incluso una pérdida contundente de profesionales españoles de la Sanidad por contratos mucho mejores en otros países europeos o americanos. 

¿Cuántos investigadores de la Salud y que son entrevistados en la televisión de España trabajan en universidades alejadas de nuestro país?

La realidad de la sanidad privada, alentada y apoyada económicamente por los mismos políticos que deberían velar por la Sanidad Pública, proporciona una suficiente financiación a la privada por diversos métodos mientras consiente que el personal de la pública cuadre sus bajos sueldos con la atención privada. 

Hay que velar más por la eficacia de la Atención Primaria y Especialista en la Sanidad Pública, por su nivel de atención y por bajar las tremendas listas de espera.

Y finalmente hay que reseñar la falta de personal sanitario suficiente en todos los peldaños de la Sanidad Pública, debido a unas políticas educativas universitarias que titulan a pocos profesionales que escasamente pueden cubrir las vacantes de la Sanidad Pública, sin exigirles además la dedicación exclusiva en la Sanidad Pública.

Pues eso, este Día Mundial de la Salud se creó —qué ironía— en 1948 para concienciar sobre las enfermedades mortales mundiales y potenciar hábitos saludables en las personas. Y aquí estamos en 2021, sin habernos concienciado ni aprendido nada.


Asociación de Vecinos del barrio La Jota (Zaragoza)

Pandemia (20) ¿Cómo quedarán los supermercados y el comercio tras la pandemia?

Si algo va a cambiar tras la pandemia será las formas del comercio urbano por efecto de la globalización, empujado por el tipo de consumo al que nos hemos tenido que ir acostumbrado en estos muchos meses de confinamiento en mayor o menos grado. Durante marzo y abril de 2020 no podíamos salir más que a una distancia máxima de 1 kilometro de tu hogar y solo una persona. En el inicio del otoño 2020 con la Segunda Ola se frenaron totalmente los viajes y se tuvo que consumir huyendo de aglomeraciones en la medida de lo posible.

Esto hizo que nuestras formas de consumir se transformaran en otros procesos qua ya estaban entre nosotros pero que iban penetrando poco a poco y la pandemia aceleró. La venta online por internet, tuvo el empuje que todavía no sabemos bien medir. Algunos fabricantes supieron defenderse a costa de saltarse las redes comerciales.

Millones de españoles aprendieron/aprendimos a comprar por internet, a notar la comodidad de que te traigan a tu casa lo comprado, sea lo que sea, aunque fueran productos que nunca habías visto en tu ciudad. Y a unos precios similares cuando no más bajos, con una rapidez alta y con la posibilidad de poder cambiar o devolver si aquello no te gustaba. Además de anotar que eran pocas las veces que los comerciantes fallaban con sus productos. 



Pero además descubrimos que se podía comprar un producto cárnico de Extremadura, unos zapatos de Elche o un producto electrónico de gran tamaño fabricado en Japón o en Corea. Y que además lo comprabas a los mismos productores, fueran marcas muy conocidas o no, o lo comprabas a grandes marcas de distribución de productos que te permitían elegir sin moverte de tu silla y leyendo las opiniones más o menos libres de otros consumidores.

Si en 2018 yo ya había comprobado en New York el futuro de las ventas por internet a base de utilizar centro de recogida de paquetes en cada barrio, aquí en España además de las agencias de reparto ya conocidos el propio Correos ha realizado un cambio tremendo que facilita incluso no tener que estar en casa esperando la llegada del repartidor.

Sin duda el futuro es la compra online aunque esto suponga a medio o largo plazo el cambio total del tejido comercial del pequeño comercio de barrio, que se tendrá que transformar. 

Hay que advertir que ese mismo pequeño comercio de barrio también ha salido beneficiado de la pandemia de una manera distinta, pues hemos tenido que entrar a comprar cerca de casa ante los confinamientos, hemos descubierto su servicio y su calidad, su amabilidad y lo hemos puesto en valor. 

Un barrio sin comercios es un barrio en vías de morir y sin duda de ser más inseguro. ¿Quién pues va a fallar en cuanto salgamos de la pandemia?

Sufrirán las tiendas de barrio que no estén preparadas para los cambios que se avecinan. Calidad, servicio, horarios extensos, precios competitivos. Pero también las tiendas medianas que no sepan especializarse. 

El mundo del pequeño comercio que sobreviva lo será si sabe encontrar su nicho de mercado especial, distinto, adaptado a sus clientes de zona, sin una excesiva competencia y un buen servicio. Un Supermercado mediano excepto en alimentación lo tiene muy complicado excepto que sepa mover su nicho de productos de forma que se ofrezca diferenciación.

El caso del Supermercado LIDL es tremendamente ejemplar. Productos cada vez de más calidad, muy diferentes a los que te ofrecen en otros espacios comerciales, uniendo productos más baratos que nadie con precios normales cuando su producto no tiene competencia clara. 

Todo el mundo tiene claro a qué precio está el kilo de pollo, pero no tanto el precio del queso holandés con trufa. Debes vender el pollo al precio más competitivo y ofrecer un servicio de productos únicos que sean la firma comercial de tu local. 

Si quieres comprar un bloque de foie de pato debes ir a donde sabes que está reconocido como bueno y a un precio competitivo, aunque no sea tan bajo de precio como para ser comprado todos los días. Unos productos son el gancho por el precio, y otros productos son el gancho de la especialización y calidad.

Los nuevos grandes supermercados saben que deben convertir sus espacios en lugares para asombrar además de para ir a comprar en competencia con internet. 

Hay que ofrecer productos nuevos y exclusivos que vayan rotando cada poco tiempo, ocio junto a los servicios clásicos de venta, servicios múltiples que ofrezcan al cliente algo más que la simple compra semanal. 

Quien lo sepa realizar tendrá más clientes y los tendrá retenidos durante más tiempo en sus instalaciones. Como siempre, se trata de lograr que el cliente entre por la puerta, se comporte de forma organizada según un diseño comercial, y que esté un tiempo suficiente para ver “todo” lo que se le ofrece.

El consumidor en la medida en que se encuentre en barrios que no sean los clásicos dormitorios, acudirá en mayor medida a comprar los productos de primera necesidad a su zona de influencia. Pero no así en el resto que dudará si comprarlos en grandes tiendas donde pueda “tocar” y asesorarse, o en internet donde podrá observar todos y decidir junto a las opiniones de otros consumidores. 

Amazón en sus librerías de los EEUU pone desde hace muchos años y junto a los libros que vende, notas con textos de lectores sacadas de las opiniones colgadas en la Red. Opiniones anónimas que ayudan a entender qué libro queremos comprar. Pero opiniones filtradas por el propio vendedor para impulsar la venta de unos u otros libros según al nicho de mercado que deseen potenciar.

Vamos a observar en los próximos años (puede que meses) a sectores comerciales que lo van a pasar realmente muy mal. La incógnita es la restauración pero sabemos que algunos comercios relacionados con la cultura como las librerías pueden tener que replantearse sus servicios. También algunos de alimentación básica, de servicios que se verán saturados como peluquerías, incluso el crecimiento de los Seguros Médicos familiares y privados hará que los odontólogos que vayan por libre lo tengan realmente complicado.

Los cines tras la avalancha de venta en televisores grandes y de calidad verán complicado poder continuar con las mismas funciones que antes. Los periódicos en papel y las revistas lo tendrán muy complicado para sobrevivir diariamente, incluso la publicidad en televisión ya en claro decrecimiento se estará planteando cambios hacia donde está el telespectador que sabe y puede gastar sus ahorros. 

Las Agencias de Viaje tendrán que inventarse servicios añadidos y viajes muy personales, pues no será fácil (simplemente mandar) a destinos habituales sino a lugares con valores de turismo que sean añadidos a los clásicos. Aunque a veces seamos capaces de descubrir lugares cercanos realmente interesantes, distintos y preparados para ofrecer algo novedoso.

El coche eléctrico se irá imponiendo poco a poco y es el momento del cambio de los fabricantes, pero los transportes públicos lo tendrán peor que antes, tras el declive que están teniendo en este 2020. El usuario vuelve a su coche o cambia hacia bicicletas o métodos personales de transporte que realmente funcionen y sean cómodos. 

La pobreza aumentará y eso supone un movimiento en el consumo que se notará en el tejido comercial más débil, mientras que el de mayor poder adquisitivo sabe encontrar métodos de compra que son muy plurales y globalizados.

Julio M. Puente Mateo