No tenemos gusto o deseo vital por el trabajo, no es que lo veamos como un castigo —que también— sino casi como una obligación para que existan parados y jubilados. Jope en qué nos estamos convirtiendo. Se está dando la curiosa fantasmada de que algunos de los que tienen trabajo desearían disponer del desempleo como complemento a su felicidad. O se jubilan antes de tiempos por "si acaso".
Cada día hay menos personas que son felices con su trabajo, y menos todavías… que además reconozcan al trabajo como parte importante de su felicidad.
Hoy nos produce placer el consumo, la contemplación, incluso el sufrimiento de "otros", la queja y la crítica, pero el duro trabajo ni se contempla como fábrica de placer.
No es bueno generalizar, es cierto, y debo reconocer que hay personas amantes de sus labores, pero van en una disminución preocupante.
Mientras como sociedad no volvamos a valorar al trabajo no levantaremos cabeza. Y vendrán otros y nos empujarán al agujero.