La jodida España necesita una Terapia de Grupo. Pero no hay terapeutas libres


Hablar hoy del 2020 es admitir que ya estamos de lleno en el siglo XXI, que casi todo lo que conocíamos del siglo XX es como dice Juliana simplemente historia y puede que nos sirva para reflexionar pero no tanto para decidir y muy poco para entender el presente.

En España, tierra de urgencias por no sabe detectar los problemas a tiempo y ponerles soluciones, estamos viviendo una década (2010/2020) tremendamente interesante desde el plano del análisis, pero muy preocupante desde el espacio de nuestra capacidad para afrontar el futuro.

Es cierto que el COVID ha amplificado nuestras dudas y desdichas como sociedad, pero por ejemplo Cataluña venía de lejos, nuestra incapacidad económica para crear empleo es endémica, las dudas sobre la Monarquía son históricas, la desafección política es larga, nuestro barullo político de enemistades y dudas tiene dos décadas.

España no entiende del todo al Mediterráneo, no es capaz de copiar a Europa, sabe que su vecino Marruecos es cada vez más listo, y que su troceamiento social va en aumento y son contagiosos sus percances territoriales. 

A eso hay que añadir los tontos de poca lectura que abogan por una vuelta a la mano dura, al palo sin zanahoria, como demostrando que además tienen razón pero al revés. España sin dictadores parece menos… simplemente porque nuestro carácter es jodido para gobernar y nos falta pedagogía social.

Ayer ví a Quim Torra mitad dolido y jodido, pero mitad relajado y sosegado. Es como si por dentro admitiera que por fin se ha podido liberar de lo que le aprisionaba. Es muy jodido ser político en España. Y cuando vuelves a respirar lo agradeces. 

Esto tiene una doble lectura. La política es una escuela inmensa. Desde dentro se aprende lo que es imposible aprender desde fuera. Y lo curioso es que cuando ya estamos aprendidos de nuestras obligaciones, devociones y trabajos políticos…, o nos echan o nos vamos alegres y contentos por dejarlo todo. 

La experiencia en política es diez o doce grados que solo se pueden aprender desde dentro. Y es necesario saberlos pues moldean las posibilidades, las opciones de gestión y modifican el carácter. Todos los que quieren entrar lo negarán, los que acaban de llegar se pondrán en modo silencio y los que salen asistirán con el corazón.

Pero como ahora no hay políticos con experiencia, siempre están aprendiendo y equivocándose. Esto no se aprende en un año, y ahora te guardan todas las tonterías que vas diciendo para refrotarlas cuando quieran los demás. 

Aprender rápido es imposible, os lo aseguro, pues las mayores lecciones se logran a base de equivocaciones. Y cuando ya te has equivocado varias veces, tantas como para tener experiencia, dejas demostrado que ya no vales y que debe entrar el nuevo, el que todavía no se ha equivocado nunca.