La Sentencia contra Quim Torra no ayuda a la calma en Cataluña


Si se hubiera judicializado la Transición tras la muerte del Dictador seguiríamos con el Fuero de los Españoles, pues cuando se le pide a la Justicia que opine con las Leyes de cada momento, no puede imaginarse sentencias con arreglo a Leyes que podrían venir en el futuro. Si algunos de los Diputados de aquellas famosas Cortes que se hicieron el corte de venas para iniciar una Transición hubieran llevado a la Justicia aquellas votaciones y decisiones, muy posiblemente los Tribunales de entonces hubieran tenido que dictar Sentencia con arreglo a las Leyes de aquellos momentos.

No pretendo ni tan siquiera opinar sobre la Justicia, pero sí sobre el uso de la Justicia por algunos políticos, para vencer lo que no logran con el poder democrático que les corresponde. Hemos entrado en las fases peligrosísimas de que si no tengo fuerza suficiente para ganar unas votaciones en Parlamentos, siempre me queda intentarlo ante la Justicia. Y eso como es algo que pueden hacer todos, los del Gobierno de un color o del siguiente, es convertir la política en algo al uso (y no al amparo) de la Justicia según convienen en cada momento.

Cataluña necesita soluciones, y lo que no precisa es más barro, más líos, menos política. Así que todo lo que sea entrar en espacios sociales de confrontación, de desgobierno, de caos incluso, es muy negativo. Y lo que es negativo para Cataluña es negativo para toda España aunque esto no lo comparte casa nadie. 

No quiero justificar decisiones de Quim Torra, aunque podría, pero tampoco quiero justificar la poca inteligencia política de los que nos gobiernan, que nos están llevando hacia una situación complicada con un precio social muy alto pero también con un precio en empobrecimiento que puede ser cruel a poco que sigamos equivocándonos. 

Podemos seguir mirando al suelo, o confiar en las Instituciones como algo capaz de soportar todas las zancadillas posibles. Pero igual es más inteligente mirarles a la cara a los ciudadanos, a los españoles, a los que están ya muy cansados de excesivas cosas.