2.1.19

Las empresas ante el futuro más cercano

Las empresas del presente que quieran seguir en el futuro o se han adaptado a nuevos paradigmas (modelos de funcionamiento) o lo tendrán que hacer con urgencia. Incluso diría que los cambios leves y lentos en España en relación a otros países vecinos de Europa, no son suficientes en aquellas empresas que en verdad quieran estar en la cabeza de sus sectores. Y no estoy hablando de grandes empresas, que son las que más avanzados tienes estos cambios, sino precisamente de PYMES que son las que resultan más reticentes a la hora de querer (y poder) cambiar.

Hoy las empresas tiene que ser más horizontales en sus organigramas. Es imposible para la propia productividad y rentabilidad tener organizaciones verticales con muchas escaleras y que además estas forman bloques estancos de comunicación entre ellas y con toda la base. 

Ser vertical es además de muy antiguo y en nada válido, un gran error para la rentabilidad de la organización.

Siempre el cliente ha sido lo más importante en una empresa, hoy hemos cambiado el concepto “cliente” por el de “demanda”

Y tenemos que adaptar toda la organización a esa demanda, que efectivamente la hacen los clientes. Pero en demanda hemos sumado también conceptos como producción a tiempo, almacenaje, proveedores, subcontrataciones, para que el cliente además de contento por su producto y atención, lo sea por su precio final, lo que a veces no tiene que ver con los beneficios logrados.

El cliente siempre tiene la razón, excepto cuando sus razones afectan a otros clientes.

Y por eso mismo, nuestras actuaciones deben ir dirigidas a “los clientes” y no “al cliente”

Hay que tener un trato personal, sin duda, pero por debajo tenemos que tener una visión de conjunto. El resultado que entreguemos debe ser personal para cada cliente, pero los procesos deben ser globalizados para garantizar una calidad y un precio. Es decir, un futuro.

La calidad es fundamental, es la cimentación de todo proyecto. 

La Calidad Total, entendida como un proceso de análisis y de rectificación constante para evitar errores. Y los errores no solo son en el producto que se entrega, sino en la organización, en los costes, en las pérdidas de clientes o de trabajadores importantes, en la no formación, en no estar constantemente innovando para ofrecer lo mejor.

Quien trata al cliente es quien mejor lo conoce y quien debe procurar el conocerlo todavía mejor

Hay que saber qué necesita el cliente, que le ofrecen desde la competencia, que está dispuesto a pagar por los productos que le ofrecemos, y con toda esta información hay que pensar y aprender, para tomar decisiones globales que le afecten a él y al funcionamiento de nuestra propia empresa.

El cliente se debe de ir de nuestra empresa con nuestro producto, y con la satisfacción y un valor añadido para su propia empresa o servicio recibido, que le haga entender que el precio pagado es justo e interesante. De esta forma volverá. 

Si el cliente no sabe que se lleva un valor añadido al precio que paga, le costará más volver. No se trata solo de que él crea que ha pagado un precio “justo” sino de que se lleva algo interesante para sus beneficios, añadido al producto por el que ha pagado. 

Ese valor añadido es gratis, debe percibir que es un añadido gratis por su decisión de elegirnos a nosotros como sus proveedores.

Toda empresa de este inicio de siglo XXI debe estar constantemente aprendiendo en todas sus esquinas. Los trabajadores, sus herramientas, los directivos, sus vendedores, y sin duda sus relaciones con clientes, proveedores, bancos o competencia. 

Siempre hay que estar actualizado y en constante aprendizaje. Todas las partes de la organización deben estar en una constante formación, información y actualización.

Hay que cambiar varias veces al cabo de un año, y no hay que equivocarse nunca. Por eso hay que detectar qué está funcionando muy bien, qué representan zonas de mejora dentro de la globalidad de la producción, qué son claros errores que debemos modificar con urgencia.

No es simplemente que nosotros nos tengamos que mover…, es que sabemos que se mueven los clientes, la competencia, los proveedores, las nuevas tecnologías. Y si nos quedamos quietos nos separamos de todos ellos.