Estado de Bienestar 3.0 ¿Qué es? ¿Somos capaces de quererlo?

Volvemos hablar de lo que se podría llamar “Estado de Bienestar 3.0” como alternativa a los cambios necesarios tras la Pandemia. Y se podría sujetar en unas vertientes básicas y eficaces pero que se duda mucho que la sociedad tenga fuerzas para pelearlas y exigirlas.

Seguridad Social (no solo sanitaria) más fuerte y universal

Regulación de la economía y del trabajo más inteligente

Gobierno más efectivo


Si damos la vuelta a las tres ideas anteriores nos sale el concepto: Un Gobierno más efectivo que sepa y quiera regular la economía y el trabajo para tener unos servicios hacia las personas más fuertes y universales.

Pero estamos en tiempos de cambios y por ello también de intentar que nada cambie. Acción y reacción. Parece lógico aspirar a unos cambios radicales en la atención hacia las Personas Mayores, no tanto pivotando sobre las Residencias —que sin duda también— como pivotando sobre el concepto social de nuestro progenitores.

A su vez hay que admitir el fracaso estrepitoso de algunos Servicios Sociales que pensábamos asentados y que han demostrado un fracaso organizativo en asuntos claves como la Sanidad, la Educación, el empleo —salvando el acierto de los ERTE— o la capacidad para mantener la economía productiva en España. La Globalización ha jugado MUY en contra de los países que permitieron la deslocalización táctica e industrial.

La economía ha vuelto a jugar como en el año 2008 con los números y con SU beneficio, olvidándose que está o debe estar al servicio de las personas. Y los miedo han paralizado a sectores fundamentales de la sociedad española que no debemos consentir que se repitan. 

España no puede tener las escuelas y las universidades 100 días paradas, no puede a principios de marzo dejar de dar clases presenciales y retomarlas en septiembre. El precio vendrá con el tiempo y lo desconocemos.

¿Para qué queremos una sociedad, un país un Sistema, si se olvida que debajo, dentro, a su lado hay personas. Todo esto nos tiene que llevar a replantearnos muchas cosas, y a tener que soportar que los más poderosos no quieran los cambios. ¿Estamos dispuestos a defender la calidad de la sociedad, de la humanidad?

No debemos olvidarnos que esta pandemia no ha hecho más que empezar, que ahora está atacando a los países más pobres, y que sus consecuencias no son predecibles.