La crispación social más que política, es tremenda y absurda

La crispación social más que política es tremenda y en aumento. Social por la política, pero no política pues está alimentada por mentiras y manipulaciones populistas que alientan la violencia de momento verbal, y un caldo de cultivo que si no frenamos, va a resultar muy complicado a medio plazo. Se rompen familias, amigos, relaciones, simplemente por querer defender de forma acalorada e histérica las opiniones de un populismo que con un discurso mentiroso y mezclado en una sopa imposible de asumir, se ha polarizado brutalmente.

Los medios de comunicación visual la alimentan además, sin darse cuenta del papel tan negativo que supone ver a cada contertulio o a cada representante político al que se le otorga voz, insultando con razones. Por que eso es lo peor. Con las razones ya perfectamente masticadas y a medio digerir, se da material inflamable a todos los que escuchan para seguir multiplicando sus razones. Y da igual de qué lado hablo. Lo grave es que esto se multiplica y admitiendo que el populismo sale siempre con más fervor y velocidad desde la zona que NO gobierna, hay que asumir que según quién gobierna, los contrarios son los más voraces.

¿Solución? Templar los nervios, poner calma, ser inteligentes desde todos los espacios de responsabilidad social, no engañar a la sociedad o al menos mucho menos de lo que se hace, y empezar a asumir que el criticar ferozmente a los políticos es un drama para la democracia y que sin democracia siempre hay un sistema política que se llama dictadura. Y sabemos perfectamente qué es eso. Aunque algunos piensen que son tan infantiles que la prefieren. ¿No quieres ser libre y deseas que Papá Estado te de la propina todos los viernes?