Yo amo a Madrid y a los madrileños. No me lo tienen que explicar

Me preguntaba a mitad del año 1995 —hace 25 años de eso— que por qué odiamos tanto a los vascos, a los catalanes y a los socialistas que salen por la televisión. Y dentro del fastidio que me producía ese intento en destruir y la incapacidad para construir, no encontraba razones de cabeza y muchas de ese corazón azul que llevan algunos desde hace décadas. Tampoco sabemos bien por qué.


Es como si supiéramos la enfermedad, sin duda ninguna los síntomas, pero no fuéramos capaces de poner ningún tratamiento, ni de convivir con el trastorno, de entenderlo para admitirlo, de buscar médicos sabios que supieran poner al menos paños calientes. España es diferente, lo sabemos y admitimos y estamos dispuesto a llevarlo hasta sus últimas consecuencias.


Nuestra sangre y por ello nuestra personalidad es plural y muy mezclada. No somos un solo pueblo de origen sino varios, y además con muchos siglos de convivencia dentro de los mismos espacios geográficos. No es una explicación válida, pero me cuesta encontrar otra.


Ahora nos da por odiar a Madrid a la que adoro desde Aragón aun sabiendo que algunos desde ella me jode vivo. Pero Madrid no es “los madrileños” ni todo Madrid desea seguir siendo el Madrid madrastra. Ahora veo incluso anuncios en televisión para dar moral a los madrileños, para convencernos a todos de que Madrid es buena gente. De que los madrileños no han nacido en Madrid. Como los catalanes. Como los aragoneses de Soria.


Crear odio es muy sencillo. Es otro virus que se contagia con rapidez. Y algunos tontos de baba no lo deben saber. Es mucho más rápido odiar que amar. Y más fácil de mantener el odio que el amor. Así que es lo que tenemos, nos joda mucho o poco, y o nos ponemos a trabajar muy en serio en la reconstrucción de las relaciones rotas, o todos nos divorciaremos de todos. ¿Y eso es bueno? ¿Quién sale ganando en un divorcio? Pues sobre todo los abogados.