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27.2.18

Reflexión sobre España y Europa, febrero 2018

Los tiempos raros que estamos viviendo en el mundo occidental nos afectan más a España por nuestra propia debilidad social. Nuestra estructura laboral y económica, industrial mejor dicho, es muy débil, obsoleta, mal distribuida y sobre todo muy mal repartida entre clases sociales y entre territorios. Unido a las malas decisiones que hemos tomado con respecto a la crisis, donde Europa nos ha llevado contra la pared y hemos tenido que claudicar, hacen que ahora, en 2018, estemos en peores condiciones de respeto que hace una década.
Europa es imprescindible. En un mundo ya globalizado en sus ejes más importantes, no podemos vivir sin Europa. En la misma medida que Europa no puede vivir sin España. Sobre todo porque España fuera de europa no desaparece, está y por ello formaría parte de “otro” lugar social, económico, comercial y político.

La globalización —ésta como todas las anteriores en la historia de la humanidad— ha llegado para quedarse. Al menos sus efectos presentes. Luego ya iremos viendo hacia donde queremos que se mueva la economía y las soluciones. Pero los efectos dejan heridas inevitables y una sociedad nueva.

En España hemos perdido la calidad intelectual de los líderes que gestionan el país. No hay de momento, grupos de personas que sepan tomar el timón. Tampoco en Europa. Lo que hace que la actual crisis esté durando mucho más de lo previsto. El empobrecimiento social es un reflejo del empobrecimiento de los gestores, asqueados por unas críticas feroces al trabajo político y social. No es posible que surjan brotes verdes de limpios gestores, mientras sean criticadas (arrasadas) todas las posibilidades naturales a su nacimiento. El gestor público no nace ni por inseminación artificial ni por generación espontánea. Hay que crear un caldo de cultivo válido, un respeto a su figura anterior a su nacimiento…, o al final surgirán los salvadores de patria.

Si observamos los últimos meses en España, los líderes políticos y sociales están escondidos, fuera de su trabajo de dar y repartir reflexión o/y marcando caminos nuevos. O viejos. Simplemente desde hace unos años en España, parecemos estar huérfanos de conductores. Funcionamos por la inercia del enorme camión que no sabemos ni siquiera parar. ¿Cuándo pagaremos entre todos la factura?