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20.2.18

Somos impuntuales. Asquerosamente irrespetuosos

La otra mañana quedé con un compañero político. A las 12 de la mañana era una buena hora. Llegó puntual con 6 minutos de retraso. Tuve suerte. Cuando se llega con 15 minutos de retraso lo normal seria pedir perdón, pero no sonreír  Si se llega media hora tarde lo normal sería no entrar y pedir disculpas al finalizar las reuniones. ¿Para qué sirve entrar 30 minutos después de empezada una reunión? ¿Y lo que se ha hablado antes?

La impuntualidad es algo muy habitual entre algunos españoles. Digo algunos, como pidiendo perdón. Esto es algo que me repatea las tripas e incluso una costumbre que algunas organizaciones tienen como norma y entre los integrantes se la pasan como quien se pasa el marchamo de la personalidad. No es que se pierdan minutos, horas si las multiplicamos por los integrantes. Es que se pierde continuidad, talento. Mientras unos escuchan unas cosas los otros escuchan otras.

Porque además si la reunión es más de una hora, se parte a trozos inconstantes para salir a fumar aleatoriamente. Un caos. ¿No es posible aguantar una hora sin fumar? Pues no participes en nada, por favor. ¿O acaso te importa un huevo lo que dicen durante esos minutos que te vas, junto a esos minutos que estás esperando impaciente para irte, más los minutos que tardas en volver a coger el tema y centrarte?

Cuando hablamos de productividad y de comparaciones con otras sociedades, cuando hablamos que hay que estar menos tiempo para más efectivo, nos estamos refiriendo a temas como este.