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25.2.18

Un texto en masculino para un problema neutro

No hay duda de que la actual sociedad española no está contenta con su actual sociedad española. Unos contra los otros o contra sí mismo. Todos decimos que así…, a ninguna parte, pero nadie sabemos qué hacer. O lo que parece igual, todos queremos que alguna mente privilegiada nos resuelva el entuerto.

Nuestro descreimiento está repartido por igual entre todas las capas sociales, entre las diferentes ideologías, territorios o culturas. Con lo cual es sencillo diagnosticar, que efectivamente estamos hasta los bebos. Que incluso no nos importaría males mayores, si así se pudieran explorar futuros nuevos. Y esto que digo es una barbaridad detectable.

Los neoliberales han hecho su agosto haciéndose amigos de ellos mismos. Supieron transformarse y se añadieron el pronombre de “neo” para aparentar novedad y modernismo. Y sin duda lo consiguieron con gran éxito.

La izquierda temió que si se añadía el “neo” perdía sus esencias. Y efectivamente, las ha perdido del todo sin añadir nada de nada. Se ha quedado sin olor. Y lo que es peor, sin destino ni en lo local ni en lo universal.

Reconstruir todo este desierto no es cuestión de unos pocos años. Incluso es mejor que sea así, pues se necesita un cambio de tal transcendencia, que si se hiciera por la “transición” nos volveríamos a quedar en el mismo sitio, pero con la cara cambiada.

La izquierda debe irse a casa, y dejar que nazca otra nueva izquierda. La de Podemos con Iglesias tampoco ha funcionado. Y si hay dudas preguntárselo a ellos mismos y su decaimiento o su falta de asistencia vital. Se murió antes de nacer del todo, por errores tácticos brutales y de preescolar.

Cuando decimos que a alguien le tocará reconstruir el progresismo nos estamos equivocando. Primero porque eso nos toca a todos nosotros. Y segundo porque tal vez no haya que reconstruir nada, sino lograr que nazca algo nuevo.

Son tantos los problemas que tenemos, tantos y tan graves sobre todo en los asuntos laborales y económicos a medio plazo, que o somos capaces de edificar una nueva teoría de la relación social, o volvemos al esclavismo. Y eso sí, mientras tanto podemos reírnos de esta apreciación. He dicho esclavismo con todas las de la Ley, Es decir, legal, más legal. Mucho legal. Todo legal.

Ya no importa el dinero pues la tendencia es a que no exista. Y a cambio a que se asiente el poder de unas personas sobre otras, a costa de poder comer, de tener cueva con aire acondicionado, de disfrutar de internet aunque esté controlado. Quien pueda repartir trabajo en realidad ya no repartirá sueldos o dinero, sino comida y cuevas. Seguridad para hoy y hambre para mañana cuando ya no seamos útiles para ser esclavos.

Podemos ver esto de otra forma. Que es como quieren que lo veamos “los otros”. Es mucho más simple y feliz pensar que estoy equivocado. Incluso a mi me daría igual cómo queréis pensar. Yo ya no estaré para veros. Pero es que no puedo callarme, no debo guardar mis miedos, aunque no me afecten directamente a mi. Vosotros mismos.

Eso sí, podéis ir pensando que todo el texto está redactado en masculino o no en neutro, y así os tienen entretenidos y entretenidas, y no os desviéis de sus objetivos. De los de ellos.