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1.2.18

Las tetas están prohibidas. ¿Eso es positivo?

Tenemos amor con sexo, sexo sin amor, amor sin sexo, sexo con amor y sexo con amor propio. Cinco variables que cada vez empleamos menos. Estamos en la época de la mojigatería y el orden casi institucional. Tocarse está prohibido, mirarse con deseo ni te cuento. El sexo es pecado y lo que es peor, incluso el sexo mental está muy mal visto, excepto si lo haces con una piedra o con un cuadro de Velázquez.

Si los hombres decimos todo esto, estamos muy mal vistos. Pero a mi me da igual. Creo en la igualdad de derechos de las mujeres, entre otras cosas porque siempre he querido mucho a mi madre, a mi esposa y a mi hija. ¿Se puede decir “mi” como si fuera posesivo o eso está muy mal visto?

Pero esa igualdad de derecho y obligaciones no debería impedir que nos sintiéramos atraídos, atractivos, sexualmente deseables, amantes de amor, y capaces de tocarnos más. Eso sí, cada uno y una con quien quiera. Faltaría más.

Y aunque parece algo obvio, la prohibición de sacar tetas en la tele o en las revistas o en las redes sociales está condenando a las tetas al pecado, a lo sucio, a lo prohibido. Las tetas, los culos o las partes más fabricadoras de vida. Que a mi me da igual y sé que decir esto es mal visto. Pero puñetas, ¿de verdad no se esconde detrás de toda esta forma de entendernos cada uno de nosotros como un error de subsistencia y de calidad de vida? ¿No estaremos mezclando en el mismo caldo lo peor de cada uno con lo mejor de todos como sociedad animal, pero racional?