En España se emprende poco, se tienen pocas iniciativas empresariales

Seguimos los españoles de vacaciones, que maldita la forma que hemos tenido de inventarnos en nuestra particular manera de descansar laboralmente. Menos mal que vamos cambiando los hábitos y ya cada vez menos se pillan el mes completo de seguido. Cuatro semanas repartidas durante el año, creo que sirven para relajarse mejor. Incluso el descanso escolar está mal diseñado, serviría con copiar y no hacer tanto caso al calor del mes de julio, con horarios más lógicos. 

Yo creo en los años sabáticos, pero ahora no toca, es cierto. Las personas deben lograr desenchufarse de su rutinaria vida, para valorarla más o para atreverse a cambiarla. Creo que nos hemos convertido en excesivamente apocados con nuestra propia vida, que asumiendo nuestras dificultades para tomar decisiones atrevidas, la vida es larga y muchos pasamos o pasan sin atreverse a los cambios, a las osadías en el vacío. 

Tal vez nuestra forma de ser nos impide muchas veces romper la baraja, y eso es un lastre en España. Ahora por ejemplo, con la que está cayendo, seguimos siendo un país muy poco emprendedor. ¿A qué esperamos?, si en crisis no somos capaces de romper la baraja, de atarnos el pañuelo a la cabeza e intentar cambios serios, no lo haremos nunca. Seguimos en unos números bajísimos a la hora de emprender cambios, acciones laborales que nos permitan un autoempleo. Y no siempre son decisiones muy caras, que deban pedirse ayuda financiera. 

También es cierto —y aquí si que reclamaría más acción en la inspección—, que gran parte de las ideas de emprendedores se trasladan a los mercados negros, lo que nos convierte en un país de pandereta que no saldrá de esta ni a empujones. Entre unos jetas de laboratorio empresarial y financiero y otros jetas liberales que cobran en negro más otros jetas que se esconden para así no cotizar, estamos con la zancadilla de manera eterna; debemos cambiar tantas cosas como la que criticamos a los políticos. Incluso debemos cambiar a los políticos.