Mi colega popular se asombró de lo conservador que soy

Ayer un conocido de mis colaboraciones políticas de barrio, otro pringado como yo pero del Partido Popular, me decía que en mis blog no siempre hablaba de política y que además se me podía leer, que no insultaba, que no era como otros, que no era destrozador del momento. Beuno, como yo hay muchos pero se nos nota menos pues no gritamos, le dije.

Efectivamente mi primer impulso fue darme cuenta de lo mal que estaba haciendo mi trabajo de bloguero tonto, de que no estaba cumpliendo con las expectativas, que me estaba convirtiendo en un viejo conformista. 

Pero después me di cuenta que igual era que no, que tal vez lo que se debe hacer es ser menos duro con la suma de todas las ideas, más dialogante, más posibilista, más empatizador. Jodo con las palabricas y con sus significados. 

No todas las personas —y esto hay que dejarlo muy claro—, son como la organizaciones que las arropan. Esto es complicado de hacerlo entender, pero es así. Yo no pasaría una selección de personal rigurosa en mi partido ni tampoco la pasaría el colega del PP. A mi me echarían por conservador y al del PP por socialdemócrata. Es lo que tiene la política, que su lujo es la pluralidad aunque no sepamos nunca explicarla, pero esa es nuestra culpa. O la de nuestros dirigentes. Y no, ni yo me iría nunca al PP ni mi colega se pasaría nunca a mi partido, creemos por encima de todo en las ideas globales, aunque haya matices discrepantes. 

Darse cuenta de las particularidades de cada uno, defenderlas pero a la vez tener disciplina de partido, no cejar en plantear tus propias ideas aunque parezcan desentonar en la organización, insistir hasta caer derrotado es lo que más riqueza puede plantear ahora. Vamos a tener que cambiar la política, nos lo están pidiendo a gritos la gente de la calle que nos odia. Así que o aprendemos a cambiar todos nuestra manera de entender la política y el servicio a la sociedad, a nos encorrerán a gorrazos y uno a ciertas edades ya no está para correr mucho.