Y pensé que pensaba soñar y en cambio no soñé.

Y soñé que pensaba y pensé entonces en recapacitar. Y me di cuenta de que la locura es una forma real de vida, diferente pero práctica para que los demás no te fijen en su mente con los estereotipos comunes, para que te doten de más libertad, para que te dejen volar y soñar mientras sueñas, que tu vida es tuya y que con ella podrás alcanzar lo que te propongas porque en realidad todos se creen que estás loco. Que tu imbecilidad te disculpa de tu acaso no normal forma de ver, de tus decisiones libres, de tus gritos rebeldes que nadie entiende.
Vuelas entre sueños que vuelas y en el aire ves que eres libre, que puedes mover los brazos y mantenerte, que saltas y subes, que bajas y planeas por encima de todos, que te estrellas si quieres contra la nube o contra el viento de cara que te frena. Vuelas y sientes frío, y encojes los brazos para tomar velocidad en la caída y los abres y frenas, y remontas y sin dejar de mirar al suelo, giras la cabeza un poco para notar rompiendo el aire en tu cara y ¡puñetas!, ¡no estoy sólo!, ¿y vuela la picaraza negra tan rápido como yo?, no, ella va más rápido.
Y dejo de mirar porque me da miedo el grajo oscuro, es muy grande, es tremendo, es… ¿tan pequeño soy yo ahora?, y no dejo de aletear los brazos y al mirarlos no encuentro las plumas, y me entra miedo, soy pequeño y no veo plumas, estoy perdido, no puedo remontar porque el miedo me atrapa, me estoy cayendo en picado, agito histéricamente los brazos, no me frenan, no puedo ya con el aire, no remonto ¡dios!, intento girar y no lo consigo, será el aire, seré yo, ¡será que se me ha olvidado el volar!
Y soñé que volaba, pero reí cuando me encontré en la hierba tumbado, entero y muy cansado del sueño que pensé que soñaba.
Levanté el brazo porque una mano me dolía y observé una pluma de la punta, algo doblada. Con el pico la atusé para dejarla en orden.